L’iceberg (2005)

L'iceberg Dir. Dominique Abel, Fiona Gordon y Bruno Romy | 84 min. | Bélgica.

Intérpretes: Lucy Tulugarjuk (Nattikuttuk), Fiona Gordon (Fiona), Dominique Abel (Julien), Philippe Martz (René), Ophélie Rousseau (Hija), Robin Goupil (Hijo), Leen Derveaux (Empleado).
Guión: Dominique Abel, Fiona Gordon y Bruno Romy.
Edición: Sandrine Deegen.
Música: Jacques Luley e Isaac Azoulay.

Estreno en España: 17 de septiembre de 2005 (Festival de San Sebastián).

Una buena alternativa para escapar del convencionalismo cinematográfico que abunda en estos días es L’iceberg, película belga que cuenta con la triple dirección de Dominique Abel, Fiona Gordon y Bruno Romy, que nos remonta a un tipo de cine ya extinto, un estilo de hacer películas que a pesar de estar pensado para un público más artístico, ecléctico y amante del teatro por sobre todo, vivifica la esencia del mismo a través de una colorida propuesta, en cierto modo arriesgada, pero divertida al fin y al cabo.

L'iceberg

L’iceberg es amable y liviana, con un humor universal que aprisiona nuestra atención apenas comienzan los primeros minutos. En esta película, los multifacéticos Dominique Abel y Fiona Gordon, dirigen, escriben e interpretan esta particular historia en un género burlesco muy bien aplicado, sencillamente porque ambos provienen del mundo teatral; y era de esperarse, después de hallar semejante abundancia de guiños al universo de las tablas dentro del filme.

Casi toda una vida entregada al teatro no pudo dejar de influir en la primera incursión de este dúo al séptimo arte. Ambos son el alma del filme, en ellos recae casi todo el sabroso ingenio que desprende L’iceberg, sin desmerecer el trabajo de Bruno Romy, claro está, puesto que Romy también dirige, escribe y actúa; cuya participación es más secundaria pero no por ello menos importante. Es por esto que resulta fácil captar la sencillez que se desprende, los diálogos son simples y naturales, lo que no quiere decir que sean tontos e innecesarios, por el contrario. Los personajes lo dan todo y se lucen en la expresión visual que emiten a través de los hechos y sus actos, puesto que acá, son ellos el centro de atracción.

En esta película el lenguaje preponderante es el movimiento kinésico de los actores. Una locución física que reemplaza los cortes visuales para dar cabida a una amplia toma de planos fijos y silenciosos, tal cual si fuera una pintura de llamativos colores y dispares pinceladas. En los matices azules, rojos, celestes, blancos y cristalinos recae el potencial pintoresco del filme -tanto en los escenarios expuestos como en la vestimenta-, así como en las payasadas y las graciosas ocurrencias de los protagonistas.

L'iceberg

La elaboración de cada paso en falso es sumamente delicada, según comentan Dominique y Fiona, puesto que para dar vida a cada escena debieron crear una especie de corografía, eso sí, dejando espacio para las improvisaciones, que en lo que respecta al género burlesco, siempre son bienvenidas.

La extraña y, a primera vista majadera historia que a Bruno Romy se le ocurre casualmente, motivaría a Dominique y a Fiona a destilar todo el talento artístico para entornar la trama en un lenguaje no verbal, siguiendo la línea de sus influencias interpretativas; Charles Chaplin, Jacques Tati, Buster Keaton, etc. Expandiendo y complicando circunstancias tan sencillas, que resulta imposible no echar carcajadas en su visionado.

Todo parte de una premisa tan casual como hilarante y entretenida. Fiona se queda atrapada en un frigorífico, justo cuando estaba cerrando el local donde trabaja. Pasa la noche allí, y al día siguiente, cuando los demás trabajadores del local la encuentran casi congelada, decide volver a casa sin dejar de sentir algo extraño en su interior. Al llegar a su hogar, descubre que su familia siquiera se percató de su ausencia, lo que acrecienta más ese raro efecto que había quedado suspendido en su mente desde la fría noche anterior. Al poco tiempo, Fiona descubre, producto de aquella congelada noche, una pasión descomunal sobre los icebergs, con lo que decide marcharse al lugar más helado de la tierra para hallar este pedazo de hielo lo antes posible; al mismo tiempo que su marido le persigue para convencerla de que vuelva a casa. En el transcurso de los hechos surge un aparente triángulo amoroso, con la aparición de un gigantesco marinero sordo y silencioso (Philippe Martz) que le ayuda a Fiona a cumplir su anhelo.

L'icebergSin embargo, el aparente triángulo amoroso no es más que una artimaña de esta tripleta de cineastas para contarnos una linda historia de realización personal, enmarcando claramente la idea de que la búsqueda de los sueños también puede ser una realidad, por muy bizarra que esta sea.

En el fondo, no podríamos juzgar a L’iceberg de la convencional manera que uno utiliza para desmembrar películas cuyas tramas son tan ridículas como pedantes. Afortunadamente la cinta que nos ocupa ahora es un caso muy espacial en este sentido, considerando la eventualidad que ostenta y los indiscutibles momentos de risotadas y regocijos que concede con un profundo carisma. Por lo mismo, y tomando en cuenta la gran iniciativa que conlleva resucitar el fantasma del cine mudo y su amplio universo, que siempre regala una sonrisa a grandes y chicos, es necesario afirmar que L’iceberg es una película que vale la pena ver.

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2 comentarios

  1. Jess
    16 de enero de 2010 at 1:34 — Responder

    Excelente película, me ha dejado una sensación maravillosa.

  2. rony
    22 de agosto de 2012 at 21:38 — Responder

    impresionante y atrapante, cine simple y profundo, dificil de ver cosas así

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