La leyenda del tesoro perdido: el libro secreto (2007)

National treasure: book of secrets

Dir. Jon Turteltaub | 124 min. | EEUU

Intérpretes: Nicolas Cage (Ben Gates), Justin Bartha (Riley Poole), Diane Kruger (Abigail Chase), Jon Voight (Patrick Gates), Helen Mirren (Emily Appleton), Ed Harris (Mitch Wilkinson), Harvey Keitel (Sadusky), Bruce Greenwood (The President)

Estreno en Perú: 10 de enero de 2008

El arqueólogo Benjamin Franklin Gates (Nicholas Cage) debe aclarar un misterio sobre los conjurados en el asesinato del presidente Abraham Lincoln y, al mismo tiempo, defender los pergaminos de los Gates y el abuelo de su padre, Patrick (Jon Voight), ante los presuntos descubrimientos de otro de los presuntos involucrados en el magnicidio, Mitch Wilkinson (Ed Harris). Tratándose de una mera película de entretenimiento, quien vaya a verla no espere encontrar verosimilitud ni demasiada coherencia en su argumento. Las estrambóticas aventuras de Ben Gates, que lo llevan al despacho de la reina de Inglaterra y al famoso salón oval de la Casa Blanca para revisar un par de escritorios y seguir las huellas de un tesoro, no pueden tomarse en serio por nadie.

El arqueólogo Benjamin Franklin Gates (Nicholas Cage) debe aclarar un misterio sobre los conjurados en el asesinato del presidente Abraham Lincoln y, al mismo tiempo, defender los pergaminos de los Gates y el abuelo de su padre, Patrick (Jon Voigt), ante los presuntos descubrimientos de otro de los presuntos involucrados en el magnicidio, Mitch Wilkinson (Ed Harris). Estas honras, sin embargo, encierran un interés inmediato, el cual es el hallazgo de un tesoro que ayudaría al triunfo de los sureños en la guerra civil; y que ahora estaría disponible para alguno de los descendientes. A partir de este conflicto inicial, Ben recibe el apoyo de su ex esposa Abigail Chase (Diane Krueger) y su asistente de siempre Riley Poole (Justin Bartha), en lo que será un viaje por diversas partes del mundo “en busca del tesoro perdido”.

Tratándose de una mera película de entretenimiento, quien vaya a verla no espere encontrar verosimilitud ni demasiada coherencia en su argumento. Las estrambóticas aventuras de Ben Gates, que lo llevan al despacho de la reina de Inglaterra y al famoso salón oval de la Casa Blanca para revisar un par de escritorios y seguir las huellas de un tesoro, no pueden tomarse en serio por nadie. No obstante la película se excede y enreda en algunos detalles que estorban incluso la más sencilla de las tramas de las películas de aventura. Por ejemplo, el innecesario secuestro del presidente estadounidense o la inesperada conversión del villano principal, cuya motivación pudo haberse decidido desde el inicio. En fin, son algunos baches que entorpecen con largas justificaciones lo que podría haber sido una línea narrativa más fluida o, simplemente, un guión mejor trabajado.

Pese a esta por momentos cierta morosidad, la película puede ser seguida con las necesarias dosis de asombro, emoción y humor que caracterizan al género. El filme tiene una introducción histórica relacionada con el asesinato del presidente Abraham Lincoln. Luego de ello, la estructura de la película esta organizada en torno a tres momentos de acción externa: 1) persecución por las calles de Londres (la que se queda corta en relación a otras, como por ejemplo las de Frakenheimer), 2) El ingreso a la Casa Blanca, 3) la larga persecución final. Entre estos bloques de secuencias tenemos, gradualmente, arreglos sentimentales de los tres protagonistas masculinos. La película cuenta con la participación, en roles secundarios, de buenos actores que no necesitan exigirse para cumplir unos papeles más bien esquemáticos. Así, tenemos a Helen Mirren, como la mamá de Ben Gates, Ed Harris como el villano del relato y Harvey Keitel, como el inspector Sardusky.

Como en el caso de la anterior entrega de esta serie, se nota la deuda de sus productores con la saga de Indiana Jones, con la diferencia de que los aspectos históricos están directamente involucrados en la acción dramática; aunque mezclados con elementos ideológicos. Así, tenemos la necesidad de limpiar la honra de los ancestros en el contexto del final de la guerra civil norteamericana, el supuesto apoyo de la reina Victoria a la causa del Sur, pasando por la traducción de la presunta escritura olmeca y llegando hasta la construcción del famoso monumento a los presidentes en el Monte Rushmore. Por supuesto, que todos estos componentes están al servicio de la típica trama de seguir las pistas y descifrar los acertijos que conducirán al ansiado tesoro.

No tengo nada en contra de toda esta manipulación con fines de entretenimiento; sin embargo lamento que todo ello tenga un tufillo patriótico e ideológico al tocar la presidencia estadounidense exclusivamente en relación con Lincoln y no con las realidades actuales de los Estados Unidos; las que quedan muy bien selladas en el misterioso “Libro secreto”, un macguffin muy oportuno que da el subtítulo al filme. A diferencia, por ejemplo, de Gángster Americano que utiliza elementos de la historia reciente de los Estados Unidos dentro de un enfoque crítico y revelador, y también en el marco de un formato de entretenimiento (el thriller), esta película de Turteltaub utiliza la historia como un simple adorno cosmético para añadir interés a un producto industrial poco trascendente. No hablemos ya del uso que se le da a la historia en películas de mayor envergadura, como La Lista Negra de Paul Verhoeven. Después de este pequeño sermón, y si lo que buscan es pasar un buen rato, ya están listos para ver y disfrutar de La leyenda del tesoro perdido: el libro secreto.

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6 comentarios

  1. 15 de enero de 2008 at 1:17 — Responder

    La voy a ir a ver este jueves, esperemos que valga la pena.

  2. Dreampicker
    28 de enero de 2008 at 15:07 — Responder

    OH, Piedad.
    Una pelicula tan mala como la primera, si no fuera por Hellen Mirren. El toupé de Nicolas Cage se veía terrible, jon Voight parecía un cochocho temblecón y todo el argumento era más falso que moneda de 3 soles. Es decir, cuando Nick Cage empieza a fundamentar el porqué estaba en la busqueda del otro tesoro, sólo faltó que sonara el himno de EEUU y nos obligaran a cantarlo. Un bodrio completo. ¿Será posible que tengamos que ver adefesios como este, sólo porque Hollywood y sus distribuidores lorchos lo mandan? Vamos, creo que hay peliculas europeas (vamos, de otros continentes) más divertidas y con menos presupuesto… y que no intentan convertirse en descarado discurso ideológico-político. Para “the american way”, sufi con Supermán. En finnnn.

  3. georgi
    29 de enero de 2008 at 7:33 — Responder

    Yo la. Fui aver i nada qe ver me parecio una pelicula fascinante nole veo lo malo tendrian qe verla por la parte d’ historia y pt no pot por la parte si tiene o noaccion y esas cosas
    Esuna peli muuy interesante desd tods los angulos.

  4. Javiera
    10 de febrero de 2008 at 15:37 — Responder

    Es de las de aventura buenas, llena de acertijos y secretos muy bien confeccionados.
    con mas accion que la primera

  5. Daniel Velasquez
    16 de febrero de 2008 at 14:49 — Responder

    Otra pelicula estupida, con el argumento de siempre de los norteamericanos y manipulación tarada, de buscar héroes, del inmaculado y hombre màs bueno del planeta: el presidente de los EEUU y de los proceres del mundo, “Lincoln”. La pelicula no tiene nada de histórica, en una pobre cinta que más parece un capítulo de “Los magnificos” (A TEAM). Una pena que Nicolas Cage haga estos papeles. Para hacer una película de aventuras no necesitaban tanta idiotez. MUY MALA

  6. […] con un niño y una niña de corta edad. Mientras tanto, el joven Aram (Justin Bartha, actor de National Treasure), que también espera la separación legal de una francesa que tramposamente se casó con él sólo […]

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