Una chica cortada en dos (2007)

la fille coupee en 2La fille coupée en deux
Dir. Claude Chabrol | 115 min. | Francia / Alemania

Intérpretes:
Ludivine Sagnier (Gabrielle Aurore Deneige), Benoît Magimel (Paul André Claude Gaudens), François Berléand (Charles Saint-Denis), Mathilda May (Capucine Jamet), Caroline Sihol (Geneviève Gaudens), Marie Bunel (Marie Deneige), Valeria Cavalli (Dona Saint-Denis), Etienne Chicot (Denis Deneige), Thomas Chabrol (Stéphane Lorbach)

Estreno en España: 16 de mayo de 2008

Como el camembert, la baguette, el vino Bordeaux, el charme, la mantequilla, el perfume, los saludos en beso o el Ricard, Claude Chabrol es ya un producto típico francés. Me atrevería a afirmar que forma parte de más de alguna lista de tour turístico. Y es que el primer flash inconsciente que me asalta el espíritu después de ver Una chica cortada en dos (La fille coupée en deux) es algo de una sencillez pasmosa, una manía que llevamos en el equipaje los oriundos del otro lado de los Pirineos: ¡es una película muy francesa! en su esencia más pura. Cáustica mirada la que hace el cineasta cahieriano en Una chica cortada en dos sobre los desarreglos amorosos de un trío, (dos hombres y una mujer) donde cada uno tiene su buena porción de culpa.

Menáge à trois

Como el camembert, la baguette, el vino Bordeaux, el charme, la mantequilla, el perfume, los saludos en beso o el Ricard, Claude Chabrol es ya un producto típico francés. Me atrevería a afirmar que forma parte de más de alguna lista de tour turístico. No me refiero a hacer cola ante el hogar de este Tartufo del cine francés, me refiero más bien a que a todo amante de lo francés, en este caso el cine, le rinde su homenaje anual, como los homenajes que nos damos con los referentes con los que he comenzado. Y es que el primer flash inconsciente que me asalta el espíritu después de ver Una chica cortada en dos (La fille coupée en deux) es algo de una sencillez pasmosa, una manía que llevamos en el equipaje los oriundos del otro lado de los Pirineos: ¡es una película muy francesa! en su esencia más pura. Pero ¿qué es lo muy francés en el cine? ¿Qué es lo muy español en el cine?, ¿los personajes y tramas de Almodóvar, de Buñuel, Berlanga, Franco, o Amenábar? Y sin embargo cada uno de los autores franceses o españoles es tremendamente reconocible no sólo en su autoría, también en su territorialidad.

El último Chabrol lleva la etiqueta de denominación de origen, un ejercicio de estilo afilado y tremendista contra aquella clase social que el cineasta tanto aborrece, la burguesía (de la que procede), a poder ser de provincias, por su mayor cinismo y poder asfixiante. Este poeta del celuloide que comenzó como crítico de cine en la mítica Cahiers du Cinéma, se ha colocado a la altura de sus criticados, Truffaut, Rohmer, Godard o Rivette, entre otros, dejando una herencia global compuesta de una filmografía tan inmensa como él, al tiempo que mantiene el cartel galo bien alimentado. Al fin y al cabo los vecinos siguen siendo muy dinámicos en cuanto al consumo y producción de su cine (segundo inversor mundial), además de poseer una de las mayores redes de salas fílmicas. En ello les va el mantener el mito Lumière.

Hace exactamente un año me ocupaba también de Claude Chabrol. Hablaba de la fascinación que me produjo su obra Borrachera de poder. Culpa de ello fue su estilo más urbano, y su temática más coincidente, en aquel entonces (y siempre) con la actualidad social: la corrupción financiera y demás entresijos judiciales, y donde las vicisitudes personales de la juez protagonista se quedaron muy apagadas en el fondo del escenario. Bien al contrario, esta vez arremete punzantes cuchilladas en lo personal, en lo privado, lo sentimental (por llamarlo de alguna forma) con marcaje en el arribismo y la turbia codicia. Un mundo de vividores de rentas y demás cuentos, en este caso concreto, escritores de bestsellers mediocres (cutre mediocridad eso de vender y comprar un libro que se titule La ausencia de Penélope), ingenuas con el cerebro tostado o vagos desequilibrados, cínicos y poco escrupulosos herederos de lo que otros se curraron, partes de una entramado claustrofóbico como pocos, el árbol familiar empresarial.

Cáustica mirada la que hace el cineasta cahieriano en Una chica cortada en dos sobre los desarreglos amorosos de un trío (dos hombres y una mujer), donde cada uno tiene su buena porción de culpa. Puesta la mirada en un hecho real anglosajón de hace décadas, Chabrol sale del gran París, para situarse en una ciudad más pequeña, Lyon, donde los clanes son más evidentes. Empleando un título con el que juega a malarabismos visuales y significativos (me entenderán cuando lleguen al final), he percibido este trabajo como si de una telenovela (de toda la vida) se tratara, dado el exceso de caricatura puesto en la receta. Hagamos un alto y recapitulemos.

Estamos ante una postal francesa, de entrañas chabrolianas: personajes estreñidos de vicio y cínicos hasta la náusea. Hasta aquí ningún admirador del cineasta francés (entre los que me incluyo) será decepcionado. Ahora bien, uno pare sus obras, pero intenta darle un toque exclusivo a cada una de ellas, autrement nos encontraríamos frente a hijos clones. ¿Qué ha cambiado Chabrol esta vez?, pues ha dejado a su musa (Isabelle Huppert) en casa, y se ha ventilado la actriz de François Ozon, Ludivine Sagnier (Gabrielle Deneige). Mal cambio, desde mi punto de vista. El fulgor de la Huppert hubiera evitado los pequeños chirríos de esta cinta.

Nos consuela, al menos, que haya seguido recurriendo a fijos, como Benoît Magimel (Paul Gaudens), excelente aunque en algunas escenas peque de excesivo, pero se lo perdonamos, y François Bérleand (Charles Saint-Denis), que siendo brillante en su cinismo y turbiedad, no expele el suficiente sex appeal como para provocar tanta fricción de faldas, sinceramente. Ay, pero la protagonista, esa chica cortada en dos no alcanza los grados suficientes de bouquet para enganchar al espectador como antaño lo hicieron musas chabrolianas de la nouvelle vague: Stéphane Audran, Emmanuel Béart, Sandrine Bonnaire, Romy Schneider, Stefania Sandrelli, Marie Trintignant, y sobre todas Isabelle Huppert. Los movimientos de cámara de Chabrol se obcecan en sus personajes y ambientes, sin butaca casi para la trama. Es un cine de personajes, algo que es superlativo en Una chica cortada en dos.

Ganadora del premio de la crítica en el Festival de Venecia 2007, La fille coupée en deux plasma el dilema de una joven promesa de la televisión (es la mujer del tiempo en el noticiero diario), Gabrielle Deneige, que se ve acorralada entre dos peleles burgueses, uno escribe y se deleita jugando a las damas con su amigos, y el otro delira entre montañas de dinero y trajes y camisas de marca (hortera). Relaciones amor-odio propias del autor francés, y del eterno y decimonónico drama novelesco. Chabrol es un gauche divine, que no se ha cortado lo más mínimo en criticar la cueva de la que procede.

Película de actores, no deja de traducirse con un regusto caricaturesco y artificioso, que mejor hubiera quedado expresado con más sutileza. No falta el crimen, ni los arreglos turbios, ni la madrastra y sus hijas, y desde luego está el placer que produce disfrutar de tan experimentados actores, y tan buena labor fotográfica, la de un ganador, Eduardo Serra.

“Hay muy pocos actores que sean nerviosos y al mismo tiempo estén esperando a ser liberados, como si estuvieran encerrados tras una puerta totalmente abierta. Benoît es así en la vida real. Le he dado la oportunidad de ver por dónde sale, qué es capaz de sacar de sí mismo”, ha comentado alguna vez Claude Chabrol de uno de sus actores más fichados, Benoît Magimel.

No dejen de darse este homenaje francés.

Artículo anterior
Tráiler de "Australia", filme de Baz Luhrmann con Nicole Kidman y Hugh Jackman
Artículo siguiente
Cannes 2008: Tráiler de "La mujer sin cabeza", de Lucrecia Martel

4 comentarios

  1. Daniel Velasquez
    19 de mayo de 2008 at 12:40 — Responder

    Ojala que la fille llegue a Lima y sin cortes, jejeje. Gracias Blanca.

  2. […] hace unos días de un valiente realizador francés, Claude Chabrol y su cine en travelling constante denunciando la hipocresía social, concretamente la burguesa. Sidney Lumet, […]

  3. […] hace unos días de un valiente realizador francés, Claude Chabrol y su cine en travelling constante denunciando la hipocresía social, concretamente la burguesa. Sidney Lumet, […]

  4. Anónimo
    26 de mayo de 2008 at 18:28 — Responder

    Esta película es malísima. Personajes vacíos, falsos, sin un objetivo claro. La historia puede tomar cualquier forma, porque su estructura es desordenada, superficial y ambigua. Da lo mismo la escena que venga, ninguna tiene la obligación de ir unida. Cambia de puntos de vista como le da la gana y los personajes están tan perdidos como la guionista. Lo único que hice en el cine, fue ver el móvil cada cinco min. para irme a casa a ver la tv.

Déjanos tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

*

Back
COMPARTIR

Una chica cortada en dos (2007)