Mamma Mia! (2008)

mamma-miaDir. Phyllida Lloyd | 108 min. | EEUU – Reino Unido – Alemania

Intérpretes: Amanda Seyfried (Sophie Sheridan), Meryl Streep (Donna Sheridan), Stellan Skarsgård (Bill Anderson), Pierce Brosnan (Sam Carmichael), Colin Firth (Harry Bright), Julie Walters (Rosie), Christine Baranski (Tanya), Rachel McDowall (Lisa), Ashley Lilley (Ali), Ricardo Montez (Stannos), Mia Soteriou (Arina)

Estreno en España: 13 de agosto de 2008
Estreno en Perú: 16 de octubre de 2008

Esta película está dirigida a y será disfrutada por los fans del grupo ABBA, pero aclarando que me refiero a los verdaderos fanáticos de esta recordada banda sueca, a los incondicionales y capaces de soplarse una seguidilla casi interrumpida de sus canciones; incluyendo coreografías bailadas y cantadas por superestrellas, las que en su mayor parte tienen como escenario una presunta playa griega. La única forma de entender esta película es como un mero producto de marketing para relanzar o, al menos, mantener la venta de discos de ABBA. En ese sentido, el filme está dirigido a los fans ya adultos de este grupo y, sobre todo, a mujeres, ya que vemos en escena a tres tías cincuentonas comportarse como adolescentes de 17 años, al son de cancioncillas propias de esa edad.

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Esta película está dirigida a y será disfrutada por los fans del grupo ABBA, pero aclarando que me refiero a los verdaderos fanáticos de esta recordada banda sueca, a los incondicionales y capaces de soplarse una seguidilla casi interrumpida de sus canciones; incluyendo coreografías bailadas y cantadas por superestrellas, las que en su mayor parte tienen como escenario una presunta playa griega. Aquellos que cumplan esta condición no necesitan saber nada más sobre este filme y tengan la plena seguridad que su fidelidad será retribuida con creces. Por lo que ya no están obligados a leer lo que sigue.

En cambio, quienes no tenemos a este grupo dentro de nuestras preferencias sí lamentamos haber sido sometidos a una vorágine de pegajosas melodías, las que se caracterizan por un edulcoramiento tan excesivo que su escucha continua –como ocurre en este caso– puede llevarnos al borde de la diabetes musical. Igualmente, quienes vayan a verla esperando una simpática y (hasta) melosa comedia sentimental se llevarán un fiasco, puesto que el argumento de este musical es interrumpido continuamente por los susodichos hits que convierten esta cinta en un descomunal y azucarado videoclip. El relato tiene un planteamiento interesante, pero se desarrolla y resuelve de la manera más previsible y simplona posible dado que el énfasis está puesto en las canciones y no en la historia. Es cierto que las letras de algunas de estas coinciden más o menos con el argumento, aunque otras para nada; e incluso los créditos finales son motivo para que se presenten dos coreografías más, ya bailadas sobre un simple tabladillo y con toda la parafernalia y vestuario de discoteca de los ochenta.

mamma-mia-02La única forma de entender esta película es como un mero producto de marketing para relanzar o, al menos, mantener la venta de discos de ABBA. En ese sentido, el filme está dirigido a los fans ya adultos de este grupo y, sobre todo, a mujeres, ya que vemos en escena a tres tías cincuentonas comportarse como adolescentes de 17 años, al son de cancioncillas propias de esa edad. Se vende acá el reverdecimiento existencial de estas damas, quienes debaten sobre el avezado pasado sentimental de una de ellas y los efectos sobre su hija, ahora comprometida con un joven griego. Junto a esta última, tenemos a sus versiones jóvenes en los roles simétricos de tres chiquillas, una de ellas la hija de Donna, la protagonista; con lo cual la película busca llegar también a un público juvenil, en particular el que disfruta el reciclado de la música ochentera –y, en particular, la del grupo cuyas tonadillas rebalsan esta cinta–. También hay tres galanes de la misma base etaria que las protagonistas, los que destacan al final de la película, sobre todo como parejas de baile.

Parte de la operación comercial es colocar a actores muy conocidos –como Meryl Streep, Julie Walters, Amanda Seyfried, Pierce Brosnan, Colin Firth y Stellan Skarsgård (el único sueco y también el que pasa la prueba con mayor dignidad)– que no calzan para nada en estos papeles, pero que –como buenos profesionales– cumplen tan embarazoso encargo ejecutando razonablemente bien todo tipo de pasos, saltos y payasadas. Evidentemente, ellos quieren demostrar su versatilidad pese a los años que alegremente cargan encima, lo cual –sin embargo– no es garantía de un gran desempeño; objetivo por otra parte imposible, dada la precariedad del guión. No en vano, según me cuenta Leny Fernández, Streep habría declarado que aceptó el rol protagónico para avergonzar a sus hijos. Por otra parte, el escenario griego resulta también desperdiciado, salvo por unas pocas tomas que nos revelan ocasionalmente una geografía diferente, digamos, al Caribe. La coreografía, con algunos chispazos logrados y uno divertido, tampoco es nada del otro mundo; lo que hace recaer gran parte del espectáculo en las hiperconfitadas canciones, que avanzan arrolladoramente hacia nuestros oídos en uno de los casos de acaramelamiento sonoro más agotadores que este crítico recuerde.

Por si fuera poco, la película adolece también de cierta mixtificación ideológica. Nuestra protagonista Donna fue una chica con costumbres tan desinhibidas que no puede saber exactamente cual de sus tres galanes fue el padre de su hija. Esto prefigura una cultura que el filme de alguna forma asocia con la música de ABBA, una banda que no puede compararse con artistas transgresores (Jimmi Hendrix, Joe Cocker), creativos (Beatles, Rolling Stones) o políticamente comprometidos (Joan Baez, Bob Dylan), por mencionar a los más famosos; los cuales sí están claramente identificados con la rebelión juvenil de los 60 y 70. En otras palabras, la banda sueca –pese a su apertura, por ejemplo, hacia grabaciones en castellano– no refleja en sus canciones la atmósfera social y cultural de la época; por el contrario, tanto por letra como por música, se trata de meras canciones sentimentales, muy eficaces por cierto, y que –estilísticamente– venden una versión dulcificada de lo que representaron esos titanes arriba mencionados; salvando el hecho de que ABBA es tipificada como pop ligero y no rock. De allí que no sea muy coherente la circunstancia argumental de la protagonista con el mensaje artístico que trasunta por todos lados la música; y más bien se intenta darnos gato por liebre, sugiriendo que este estilo musical se corresponde con la cultura contestataria de la época, lo cual no es el caso.

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Naturalmente, estos son argumentos de críticos de cine, es decir, de señores con el ceño fruncido, por lo general intelectuales pequeñoburgueses, tímidos y malhumorados, o sino ratones de videoteca, que no disfrutan suficientemente de la vida. Y que, por lo tanto, no comprenden que esta película no puede tomarse en serio, es un sencillo divertimento. Así que los simples mortales que deseen pasar un rato con este tipo de esparcimiento pueden atragantarse de ABBA; y quienes ya lo hicieron con poco felices resultados, les sugiero el mejor antídoto contra estas melodías de supermercado: ¡música dodecafónica!

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2 comentarios

  1. carlos lazo.
    24 de octubre de 2008 at 20:55 — Responder

    una pregunta sr critico de cine con ceño fruncido: ¿que es mùsica dodecafònica?

  2. Juan José Beteta
    24 de octubre de 2008 at 22:46 — Responder

    Jajajajaja. Es la música atonal, basada en la disonancia y en un sistema de 12 notas ideado por Arnold Schönberg; considerado por sus colegas de la música clásica como un genio, pero que nunca llegó a atraer mucho público. Más información en la wikipedia.

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