El acuarelista

El último estreno peruano del año ha sido criticado con dureza esta semana por Raúl Cachay en Luces de El Comercio, y José Tsang de Caretas. El acuarelista, de Daniel Ró, y sus protagonistas se han ganado adjetivos varios, y algunas frases para el recuerdo: “uno de los personajes más decididamente bobos en toda la historia de nuestro cine”, “pusilánime protagonista, carente de empatía hasta la antipatía”, o “un guion que parece haber sido escrito por un sonámbulo”, entre otras perlas. Alonso Izaguirre en Perú.21 es algo más blando con el director y su película, pero sólo un poco:

Ró mostró tino cinematográfico en sus películas de corta duración, sobre todo en la primera, El colchón; pero El acuarelista es un tropiezo que, no obstante, debería ser un aliciente para no bajar los brazos.

Esta es la crítica que publicó Caretas el jueves pasado:

Fábula del idiota
Contrario a la parsimonia idiota de T (Miguel Iza), el protagonista de El Acuarelista que anhela pintar la obra de su vida pero sus excéntricos vecinos de edificio se lo impiden, el cineasta Daniel Rodríguez trabajó maniacamente en el empaque de su ópera prima. A saber: el filme se vende como el primero de Perú cuya música fue procesada en Dolby 5.1, colaboraron en el guión Álvaro Velarde y Eduardo Mendoza, el director de fotografía es el tailandés Tanon Sattarujawong, la dirección artística retro es impecable, y tampoco se queda el material de prensa (afiches, tarjetas, etc.). El sueño de cualquier profesional audiovisual en la inexistente industria fílmica local. El brochazo final a la inversión millonaria: Rodríguez mutó en Daniel Ró, su nombre artístico.

En la cinta la fantasía se filtra en la realidad: ahí están las animaciones con las acuarelas de Pastorelli. Ró pinta un mundo ingenuo, esa es su opción, pero tal carece de nociones cinematográficas. El guión es de un esquematismo que hace honor a su pusilánime protagonista, carente de empatía hasta la antipatía. Detalle quizá discutible, pero el filme termina de garabatearse con sus antagonistas, compitiendo con T por no ser recordados. Sin fuerzas opositoras de aplomo, el conflicto se desagua. Sin embargo, un buen filme siempre es más que un buen guión, y aquí Ró tampoco da con ese algo especial (un ejemplo de ese tino fílmico es la púber embarazada Juno, actualmente en cartelera, que se sobrepone a los clichés freaks para cautivar). Según Ró, El acuarelista tiene como referentes a El Inquilino de Polanski, un director que sabe retratar el mal, y El Rinoceronte de Eugene Ionesco, representante del teatro del absurdo. Si no lo dijera pocos se darían cuenta. (José Tsang)