Bad Guy (2001)

bad-guyNabbeun namja
Dir. Kim Ki-duk | 100 min | Corea del Sur

Intérpretes: Jae-hyeon Jo (Han-ki), Won Seo (Sun-hwa), Yun-tae Kim (Yun-tae), Duek-mun Choi (Myeong-su), Yoon-young Choi (Hyun-ja), Yoo-jin Shin (Min-jung), Jung-young Kim (Eun-hye), Gung-Min Nam (Hyun-su)

Kim Ki-duk es quizás unos de los directores más personales y sobresalientes del cine actual; así como uno de los más representativos del cine surcoreano. Aunque comenzó a filmar en los últimos años del siglo pasado, sus películas más conocidas e importantes han empezado con este siglo, y tienen una peculiar cualidad poética, lograda sin necesidad de recurrir a demasiados elementos formales; es decir, utiliza esta característica para sugerir situaciones que refuerzan o redondean los giros dramáticos de sus obras. Hay muchos elementos que comentar en este filme. Quizás lo más importante y polémico es que se trata de una presunta idealización (en realidad, una completa reivindicación) de las relaciones entre un chulo o caficho que ha convertido a una estudiante universitaria de clase media en prostituta y finalmente logra crear lo que él entiende como una relación amorosa con ella; que en realidad, en este contexto, es de dominación, explotación y violencia contra la mujer.

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Kim Ki-duk es quizás unos de los directores más personales y sobresalientes del cine actual; así como uno de los más representativos del cine surcoreano. Aunque comenzó a filmar en los últimos años del siglo pasado, sus películas más conocidas e importantes han empezado con este siglo, y tienen una peculiar cualidad poética, lograda sin necesidad de recurrir a demasiados elementos formales; es decir, utiliza esta característica para sugerir situaciones que refuerzan o redondean los giros dramáticos de sus obras.

Hay muchos elementos que comentar en este filme. Quizás lo más importante y polémico es que se trata de una presunta idealización (en realidad, una completa reivindicación) de las relaciones entre un chulo o caficho que ha convertido a una estudiante universitaria de clase media en prostituta y finalmente logra crear lo que él entiende como una relación amorosa con ella; que en realidad, en este contexto, es de dominación, explotación y violencia contra la mujer.

Marginalidad, poder y culpa

El primer elemento importante a destacar en esta película es la facilidad con la cual, en esta cinematografía, se muestra la primacía de la informalidad y la falta de seguridad. Es decir, cómo el Estado y la ley son muy endebles y pueden ser fácilmente superados por agentes del delito; quienes, además, pueden someter –de forma relativamente fácil– a sus víctimas. Para ello las enganchan en redes de agiotistas que permiten, luego, retener o controlar la vida, en este caso de la joven Sun hwa, sin que nadie pueda impedirlo. En la trilogía de la venganza de Chan-wook Park esto se manifiesta en el tema de los secuestros, mientras que en el cine de Kim Ki duk se evidencia en el de la prostitución.

La segunda característica, entonces, es este deseo de control que caracteriza al protagonista, Han-ki. Sin embargo, paradójicamente, él mismo es consciente a su vez de su propia marginalidad y sus condicionamientos, de los que no podrá escapar; a tal punto que el único momento en la que profiere algunas palabras es para lamentarse: “¡quién querría estar con un malhechor!”. Por tanto, al estar tan determinado, el protagonista sólo será capaz de reproducir tal situación de sometimiento en sus relaciones humanas y sentimentales.

Esto lo conduce a desarrollar un profundo sentimiento de culpa, al punto que soporta a duras penas la humillación que le supone el rechazo inicial de la mujer amada y su degradación humana y moral. Así, empieza a alimentar una tendencia autodestructiva que lo llevará al borde de la aniquilación; de la cual será salvado in extremis por un compinche al que antes ayudó. No obstante, esta tendencia hacia la autoinmolación constituirá su principal atractivo ante Sun hwa y resulta fascinante (o chocante, según se quiera) ver cómo la mutua degradación moral de ambos personajes los conduce a un desenlace tan armonioso como provocador.

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Naturalismo y realismo poético

Quienes critican esta cinta tanto por su argumento retorcido y supuestamente inverosímil como por su planteamiento éticamente perturbador, dejan de lado dos características adicionales de esta película. Una, que el cine de este director es –como mucho del cine coreano actual– un cine de emociones; y de emociones muy fuertes. El hecho de que el héroe o, mejor dicho (a estas alturas), el anti héroe de Bad Guy esté ubicado en lo más bajo de la escala social no lo priva de tener sentimientos de la única forma como puede tenerlos. Igualmente, el contexto social en el que se mueve no es totalmente cruel y maligno, ya que a su interior también puede haber un mínimo código de honor que mueve a estos personajes hacia la comprensión, la culpa y la compasión. Factores que inciden en el desarrollo de la acción dramática.

Por otro lado, este no es un filme del todo naturalista y, propiamente, tampoco es realista; pese a tener fuerte influencia de ambas corrientes estéticas. El estilo de Kim Ki duk está alejado de todo recargamiento formal y tiende a un tratamiento clásico; pese a ciertos encuadres (de fotos, espejos y vidrios rotos) y escenas impactantes. Sin embargo, incluye situaciones irrealistas que introducen, en el corazón mismo del guión, un cierto halo poético. Así, quienes señalan que las motivaciones de los personajes son arbitrarias y su desarrollo es poco creíble, dejan de lado la escena donde Han-ki lleva a su amada a la playa donde se reproduce una situación del pasado; que muestra “claramente” el por qué del flechazo inicial que desencadena toda la acción.

Al entrecomillar esta acción –fundamental para los fines de la cinta– queremos señalar que estamos ante un elemento alegórico que se proyecta sobre toda la película. No sólo explica el punto de partida de la acción, sino que también encaja con la tendencia suicida del protagonista y termina por definir los sentimientos de la heroína hacia su hasta entonces forzada pareja. Asimismo, puede ser interpretada como un hecho del pasado del anti héroe –que genera un efecto de sustitución en el presente–, como un hecho del futuro de la relación –sobre todo pensando en el desenlace, que sugiere el tránsito del amor a una relación marital-laboral–, y hasta como una situación intemporal y mítica, de “eterno retorno” –que produce un efecto de repetición–. Esto último nos devolvería al punto de partida naturalista, bajo la forma de una alegoría del perpetuo e inamovible condicionamiento social y hasta biológico de los protagonistas.

Como vemos, la amplia gama de significados sugeridos por este componente poético, el cual, además, está sólidamente asentado en los elementos emocionales, constituyen el cemento que termina por unir y dar completa coherencia al guión de Bad Guy. En tal sentido, debemos evaluar la eficacia de la estructura dramática en función de estas características y de los temas que obsesionan a Kim Ki duk: la sed de poder y dominio, la dependencia, la culpa y la incomunicación. Que en el caso de esta película se apoyan casi exclusivamente en el enfoque personal del director; pero que, en otras, hunden sus raíces en el contexto político surcoreano. Otra cosa muy distinta es si estamos de acuerdo con esta pretendida idealización de una prostitución forzada de la mujer. Sin duda, este punto es inaceptable, por más amplio y comprensivo que sea el tratamiento que se le da al tema en la película; discutiremos este asunto al final de esta crítica.

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Violencia e incomunicación

Esto nos conduce, en quinto lugar, a la violencia no sólo contra la mujer, sino también a la violencia en general. Aunque no se llega aquí a los excesos de un Takashi Miike o un Chan-wook Park, esta característica es importante porque se desprende del tema del poder y no sólo incluye la violencia sicológica sino también una violencia física muy cruda; que involucra peleas entre bandas rivales resueltas con instrumentos punzocortantes hechos de materiales más bien inocentes (papel, vidrio); de tal forma que el contexto en el cual se mueven los personajes es un contexto de poder, control y violencia.

Esta última es el reemplazo de la comunicación, lo que resulta en otro factor muy importante en la obra de Kim Ki-Duk: la incomunicación. El personaje principal de sus películas, por lo general, casi no habla en todo el filme. Han-ki no es capaz ni siquiera de verbalizar claramente sus sentimientos y la forma que tiene de manifestarlos es mediante la acción y la coacción –física y sicológica–; y eso le afecta también personalmente, como lo hemos explicado más arriba. La incomunicación es el resultado de la relación entre el entorno de poder y control que ejerce el protagonista y la culpa que va creciendo en él gradual y dolorosamente. Dicho sea de paso, esto lo lleva a exponerse en luchas físicas con amigos y enemigos, a manera de conatos de redención; lo que termina por producir, como efecto involuntario, el amor de la heroína.

Voyeurismo y contemplación

Otro elemento adicional, también muy interesante en esta película, es el voyeurismo puesto en práctica durante la conversión de la protagonista de una estudiante honesta, tranquila y formal, en una prostituta. El cuarto que le asignan en el prostíbulo tiene un espejo doble donde Han-ki la observa y vigila casi permanentemente; y al cual también tienen acceso algunos de sus subordinados. De tal forma que se crea una especie de obsesión del director por mostrar a su protagonista como alguien que disfruta, vive y sufre con el monitoreo (en “pantalla gigante” y tiempo real) de la involución de la heroína; y no sólo en interiores, sino también en los exteriores del lupanar.

De un lado, esto es una extensión del control y poder que busca tener el anti héroe sobre su víctima, con resultados ambivalentes para ambos; de otro, establece una cierta complicidad entre el personaje y el público, ya que mientras el primero sigue la transformación de Sun hwa, así también el público ve a través de la pantalla, como un espectador oculto, todo lo que ocurre en la película. Y lo que se ve en el filme es, ciertamente, tan sórdido y violento como lo que hace el protagonista. Esto no deja de ser un importante mecanismo de identificación con la acción dramática.

Finalmente, habría que mencionar que en contraste con algunas escenas violentas hay también varios episodios contemplativos, donde se muestra el dolor o la soledad de los personajes, así como la sordidez de los ambientes; mientras que la banda sonora acompaña el relato con algunas canciones tristes y apropiadas. Recordemos que otra característica del cine de este director es el tempo lento en el que normalmente transcurre la acción.

En suma, se trata de una película interesante, con momentos muy bellos, pero también muy polémicos en cuanto a su contenido. Se puede considerar que la película muestra las grandes dificultades que tienen los seres humanos que viven en condiciones de marginalidad para liberarse de las estructuras de poder que los condicionan; y que ellos mismos han asumido internamente y reproducen en un contexto de control mediante la violencia y el sometimiento, en particular de las mujeres.

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Desenlace controversial

El desenlace es sin duda lo más controversial, puesto que el director no ha escogido el camino fácil de “castigar” melodramática o trágicamente al protagonista (o a la pareja). En cambio, la cinta pareciera reivindicar la prostitución y la relación de explotación de la mujer por su caficho como una relación legítima y aceptable. Digo “pareciera” porque, en realidad, el final tiene una notoria dosis de ambigüedad; aunque, en este caso, nada poética. Todo lo contrario. Nunca llegamos a ver en este desenlace (y, por extensión, en el resto de la película) que Han-ki y Sun hwa establezcan una relación donde el amor surja como un sentimiento de mutua entrega, liberación y unión; no hay imágenes que capten, así sea tímida o reticentemente, un atisbo de felicidad, de franca apertura de los sentimientos de uno por el otro. A diferencia, por ejemplo, de las escenas iniciales de la película, donde vemos las únicas situaciones en las que la heroína –aún universitaria– es feliz con su enamorado.

En contraste, no observamos nada parecido, ni similar ni equivalente, entre la pareja protagonista; salvo en el caso del caficho, quien sí exhibe sus sentimientos por su prostituta, a diferencia de ella, que no los muestra abiertamente. Lo más cercano a ello es cuando el protagonista está preso y la chica, ya totalmente prostituida, lo reclama y le dice que lo necesita. Sin embargo, lo que ella reclama es la relación de dependencia y subordinación que él ha impuesto y ella ha terminado por aceptar e interiorizar. No estamos ante una relación amorosa (al menos, no como la que tuvo Sun hwa cuando aún era universitaria), sino ante una relación patriarcal de dominación y explotación de esta mujer.

Más aun, el machismo del personaje principal es tal que ignorará totalmente el pedido de la joven prostituta, prefiriendo la muerte (cierto que acicateado también por la culpa) antes que ceder a un deseo que él mismo comparte, por el sólo hecho de provenir del ruego de una mujer. Finalmente, logrará su libertad por acción de un amigo; es decir, de manera involuntaria, la cual será aceptada por provenir de la acción de un varón. Han-ki no desea deberle nada a su forzada compañera.

En consecuencia, la película reivindica a la prostitución pura y dura, como relación patriarcal y no la idealiza ni embellece para nada. Aclaremos que no estamos cuestionando que una mujer, por propia voluntad, se dedique (y eventualmente disfrute) de este trabajo sexual. El uso que las personas hagan de su cuerpo es asunto de su propia decisión. El problema es cuando –como lo plantea este filme– se violenta la libertad de la mujer, se la somete y subordina al punto que ésta termine interiorizando tal relación de poder; y que esto pretenda ser una relación de amor. Lo cual es, más bien, una clara violación a los derechos humanos.

Sin embargo, este asunto no se limita a un debate ideológico. Hay también un aspecto formal. Hemos sostenido que una característica importante en esta película es el fuerte componente emocional. Así, vemos cómo hay violentos giros dramáticos entre la pareja protagonista, antes de unirse finalmente. Pero cuando ocurre esa unión, en el desenlace, los personajes se comportan de manera distante y rutinaria; es decir, ajenos a toda manifestación emocional. Esto es una incongruencia formal muy significativa ya que sugiere que el director o sus personajes han ido muy lejos en su relación transgresora y luego no saben como resolverla. Y dentro de la gama de opciones disponibles el director escoge una conclusión naturalista, ideológicamente consecuente pero formal y dramáticamente incongruente. Todo lo cual debilita el final, aunque sin dejar de ser un desenlace controversial. Un enfoque más comprensivo de las mismas obsesiones temáticas del director las podemos hallar en su siguiente película, El Guardacostas (2002).

Pese a lo anterior, esta no deja de ser una extraordinaria cinta, cuyos contenidos polémicos no deberían oscurecer sus sobresalientes virtudes cinematográficas.

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