Departures (2008)

Departures (Page 1)OkuribitoDepartures
Dir. Yôjirô Takita | 130 min | Japón

Intérpretes: Masahiro Motoki (Daigo Kobayashi), Tsutomu Yamazaki (Ikuei Sasaki), Ryoko Hirosue (Mika Kobayashi), Kazuko Yoshiyuki (Tsuyako Yamashita), Kimiko Yo (Yuriko Kamimura), Takashi Sasano (Shokichi Hirata)

Estreno en España: 3 de julio de 2009

Takita ha compuesto con maestría y manos de delicado embalsamador un suave relato del traspaso del alma humana a “otra cosa”, como dice en un momento dado uno de los personajes, más exactamente expresado que “otro mundo”. Un frágil y delicado argumento que, sin embargo, contiene toda la dureza de la perdida mayor que existe, la vida. Bien acompañado por una música sublime que le confiere a lo contado una poderosa emotividad , Departures, se alza en todo un placer cinéfilo como en pocas ocasiones localizamos en la gran pantalla.

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Acariciar el alma ausente

En la última celebración de los premios Oscar tenía una clara favorita en la categoría de película de habla no inglesa, Entre les murs de Laurent Cantet. Llega ahora a las pantallas la cinta japonesa que le quitó la estatuilla a la francesa, y la verdad, aspirando la lírica poética y la delicadeza de la puesta en escena de Departures (Okuribito, Despedidas) de Yojiro Takita, no puedo por menos que entender la elección, siendo tarea más que complicada, especialmente cuando esta sección auna películas tan o más extraordinarias que las de la categoría principal.

Takita ha compuesto con maestría y manos de delicado embalsamador un suave relato del traspaso del alma humana a “otra cosa”, como dice en un momento dado uno de los personajes, más exactamente expresado que “otro mundo”. Un frágil y delicado argumento que, sin embargo, contiene toda la dureza de la perdida mayor que existe, la vida. Bien acompañado por una música sublime que le confiere a lo contado una poderosa emotividad , Departures, se alza en todo un placer cinéfilo como en pocas ocasiones localizamos en la gran pantalla.

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Sin pretensiones egocéntricas, ni vanidades autorales concentradas en epatar al máximo, Takita hace que volvamos a degustar ese tipo de cine sencillo pero tremendamente profundo, del que ojeamos un curioso costumbrismo localista, auténtico, no impostado, algo como lo que viene ocurriendo con la extraordinaria cinta de Claudia Llosa, La teta asustada. En cierto modo ambas cintas tienen mucho en común, la muerte como centro de la historia, la preparación del cuerpo sin vida para rendirle una sentida despedirse, la música (o cantos) como expresión de la soledad del alma y la perdida, la comunión espiritual entre los miembros de un pueblo mediante sus ritos y costumbres con el fin de reconfortarse del vacío existencial que se soporta como una carga pesada. Pero también me remite el trabajo del realizador japonés a la suprema serie norteamericana de televisión Six Feet Under, a su mirada inteligente sobre la muerte, su afiche para recordarnos nuestra propia mortandad, algo que ignoramos muy sutilmente, cegándonos ávidamente con un materialismo sin fin.

Las imágenes de la cinta nipona ganadora de un Oscar se hacen suaves, pacíficas, reconfortantes, hipnóticas ya desde el mismo comienzo, en las que Takita nos alecciona sobre la delicada labor de amortajador de Daigo (Masahiro Motoki), un joven músico que se ha instalado, junto a su esposa, en un pueblo al noroeste de Japón, Sakata, después de perder su trabajo en una banda de Tokio. Con aprensión y muchas dudas consigue encontrar, en este nuevo y -mal visto- trabajo y gracias a su maestro Ikuei (Tsutomi Yamazaki), el confort vital que no tenía antes, especialmente al descubrir poco a poco como su labor ayuda a soportar el sufrimiento de los que quedan. Casi como la ayuda de sacerdotes, reconforta la labor de estos embalsamadores en tales momentos de angustia y zozobra. Yojiro Takita realiza un sorprendente trabajo de montaje con las escenas más subyugantes, las de la preparación de los muertos, en las que ha omitido el componente morboso o sangriento, dejando la resolución de alguna escena desagradable en la expresión de los actores, como la tarea de amortajar a una anciana encontrada en su hogar en un estado lamentable después de varios días muerta.
Al mismo tiempo el realizador también enfatiza otras pérdidas, la del padre, por ejemplo. Daigo fue abandonado por su padre en su niñez y fue criado por una madre sola. Hecho que es reflejado a través de ciertos matices poéticos en la cinta, (especialmente hermoso resulta la alusión a la carta-piedra) , si bien en ocasiones rozando el exceso lírico, pero que no producen desequilibrio en el conjunto.

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Imprescindible apuntar que a pesar de ser la muerte el tema central, así como la recuperación de rituales tradicionales nipones, la música forma parte esencial del argumento, alzándose en algo más que en simple banda sonora, haciéndose personaje en determinadas escenas, y evitando, al mismo tiempo, su continua evidencia como si de un moscardón se tratara, algo que resulta incómodo en muchos filmes. Así los maravillosos sonidos de las telas en la preparación del cadáver acentúan ese hipnotismo de las escenas.

Departures no tiene nada de deprimente, a pesar de su temática. Todo lo contado está suavizado con un tono humorístico que aligera el peso. Un humor, pareciera procedente del teatro operístico Nôh, que auna economía de expresiones, con repentinas reacciones saltarinas, muy curiosas.

No dejen pasar esta maravilla que contribuye a comprender y aprender de otras culturas, (esa manera disciplinada, devota y paciente de hacer su trabajo que tiene la sociedad japonesa), a reflexionar sobre nuestra propia existencia y lo necesario que son algunos ritos para aplacar la angustia de saber que somos seres mortales. Ah! no olviden sus pañuelos.

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7 comentarios

  1. 13 de julio de 2009 at 14:02 — Responder

    Muy buena pelicula!
    Okuribito y Aruitemo, Aruitemo de Koreeda fueron mis films japoneses favoritos del 2008

  2. anonimo185
    13 de julio de 2009 at 15:18 — Responder

    Al propósito ya se hiso una crítica anterior que dicho sea de paso según mi punto de vista es una buena película, pero no tanto para que le quitara el Oscar a vals con Bashir que era la gran favorita

  3. Alberto_
    13 de julio de 2009 at 16:10 — Responder

    Anonimo185 estoy de acuerdo con tu comentario, pero hay que tomar en cuenta que si no fuera por el Oscar que logor ganar, lo mas probable hubiera sido que la pelicula no se distribuyera mas aya de Asia, asi que esta injusticia en cierta manera fue bastante util

  4. 13 de julio de 2009 at 22:39 — Responder

    No creo que tenga punto de comparación con La Teta Asustada, Japón es muy similar a lo que se ve Okuribito y el Perú no tiene nada que ver con lo que se se ve en La Teta Asustada. Además Llosa no logra el ambiente que se logra en Okuribito. La Teta Asustada es notablemente inferior en muchos aspectos.

    De otro lado hay un error en el nombre del actor, es Tsutomu Yamazaki, no Tsutomi.

    Saludos!

  5. Mitnick
    12 de agosto de 2009 at 19:35 — Responder

    Es una buena pelicula, pero no entiendo como le “gano” a Vals con Bashir o a La Clase, para mi es incomprensible…

  6. […] y ceremonia, como venimos de apreciar recientemente con Still Walking de Hirokazu Kore-Eda, o Departures de Yojiro Takita, o incluso la mirada que posó sobre Tokyo Alejandro González Iñárritu con […]

  7. 22 de septiembre de 2009 at 5:41 — Responder

    Agregar que con el rescate de “lo tradicional” se imprime una idea poética y necesaria, sobre todo en el continente asiático, en donde lo impersonal es lo que prima desde hace muchos años. Esto es la dignificación de la muerte, y con ella, el propio ser humano.

    La idea democrática de la muerte alza el mensaje fuerte y claro y propone que se debe reflexionar ante las acciones en vida si realmente se quiere “vivir”.

    Sobre la alusión con “La teta asuatada”, creo que sólo obedece a un asunto mediático puesto que hay otros films que abordan de manera muy similar el tema, tanto el de “la muerte” -la que ya hemos visto sólo como un pretexto para profundizar en lo valioso y “perdido” de los asuntos humanos-, como el de la recuperación de “lo perdido”. En ese aspecto hay algo de Ozu, Kore-eda, entre otros.

    Sin embargo, concuerdo en indicar la propuesta costumbrista, casi artesanal sobre la vida de una familia nipona, en este punto tiene relación con el muy buen film peruano. Entiendo que el comentario no compara sino que da cuenta sólo de un aspecto en común, casi una anécdota.

    Y finalmente, no hace mucho caso a las premiaciones, casi siempre es sólo un evento nominativo que ayuda a la realización de películas pero no asegura una calidad en ellas. De eso se encarga la formación profesional de directores, guionistas, actores etc, y en otra medida la crítica cinematográfica. La seria y no la de fin de semana que puntúa con estrellas.

    Saludos

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