Las películas peruanas y CONACINE

La Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (APRECI) acaba de lanzar un comunicado sobre CONACINE, el organismo público peruano encargado de la promoción y apoyo al cine nacional. Allí se pide mayor transparencia en la información sobre la concesión de apoyos a películas peruanas, y se anuncia la próxima realización de eventos para debatir estos temas.

En este post sostendremos que no es posible una mejora sustancial de la calidad de las películas nacionales mientras no haya una industria audiovisual en el país. Y que la gran limitación de este debate es la falta de una perspectiva estratégica sobre cómo avanzar hacia la formación de tal industria (lo que podríamos llamar «pensar en grande»). En cambio, la comunidad cinematográfica está entrampada en debates de corto alcance, coyunturales y sin perspectivas de largo plazo (lo que llamaremos «pensar en chico»), lo cual conduce al estancamiento –cuando no a retrocesos– en materia de institucionalidad del cine y el audiovisual.

Tarata

Un debate sin norte

El debate se inició por un artículo de balance del cine en Perú, realizado por Claudio Cordero, al cual se le han criticado asuntos secundarios antes que los temas de fondo que plantea. En particular, sobre la calidad de películas como Tarata o Cu4tro; posiblemente porque hay un consenso sobre que no son buenas películas. Y difícilmente podría ser distinto, ya que en un país sin industria cinematográfica y sin mercado, ¿cómo se espera que pueda florecer la producción? Con unos pocos cineastas que logran hacer un largometraje cada siete, 10 o más años ¿cómo se puede esperar que avancen? Para que haya calidad, competitividad y desarrollo se requiere continuidad, regularidad y cantidad de producción.

Respeto a todos aquellos que critican acremente la calidad del «cine peruano» y a los que se autoflagelan y flagelan a otros por el mismo motivo, y, en algunos casos, hasta estoy de acuerdo con ellos. Pero, la verdad, no me parece muy original ese ejercicio, y, sobre todo, no lo veo muy productivo. No es necesario ser crítico de cine para darse cuenta de que, si el cine es una industria y en el Perú no la hay, fuera de éxitos aislados y excepcionales, tendremos un escenario para pocas y/o malas películas.

Con esto no quiero denigrar ni minimizar el profesionalismo de los cineastas nacionales. Al contrario, hay talentos suficientes en cada área de la producción y logros significativos que han generado cineastas exitosos. Sin embargo, ese talento muchas veces se desperdicia por falta de continuidad y de recursos, o está subutilizado en otras áreas del quehacer audiovisual igualmente limitadas por razones de mercado (televisión, publicidad).

En efecto, de un lado tenemos un cierto aumento de las universidades con facultades donde se enseña audiovisuales, de donde cada año salen jóvenes profesionales en esta área, así como en la de artes escénicas; los que vienen produciendo un creciente número de películas y cortos con calidad técnica profesional. Por tanto, hay cineastas, guionistas y actores de buen nivel; así como productores cada vez más conscientes de la necesidad de mayor profesionalización en el cine. Ya es un gran logro que se produzcan cada vez más películas impecables, desde un punto de vista técnico. Mientras que hay filmes que logran participar en los principales festivales internacionales y uno de ellos hasta ganó el Oso de Oro en la Berlinale. Al mismo tiempo, se producen películas con errores técnicos, pero que llenan salas (cine regional, pero no solo estas). Por si fuera poco, la tecnología se ha abaratado, facilitando mayor acceso a equipos y nuevas posibilidades de distribución y exhibición. Y pese a que hay limitaciones en varias de estas áreas, tenemos suficientes indicios que revelan un enorme potencial para el desarrollo de una industria audiovisual en el país.

No niego que sobre esta base se puedan lograr películas con mayor calidad; después de todo, siempre es posible mejorar. Sin embargo, hay un techo –y muy bajo– para este avance. Conozco cineastas que son perfectamente conscientes de sus yerros artísticos y que saben cómo superarlos, pero para ello tendrán que esperar cinco o más años, hasta tener la oportunidad de hacer otro largometraje, donde esa experiencia quizás ya no le será útil. Así como profesionales exitosos en el cine, pero que luego de alcanzar cierto «techo» deben ir a la televisión o la publicidad a subutilizar (o vender) su talento para llevar una vida decorosa. Y justamente ese «techo» de mercado y público es lo que impide que su talento se desarrolle más.

En consecuencia, si el problema es la falta de calidad de las películas producidas con apoyo (o no) del Estado, hay que ir a la razón de fondo, es decir, la falta de una política nacional para el desarrollo de la industria audiovisual y que ésta se aplique. Y tal política se enfocará, al comienzo, más en la cantidad que en la calidad de los productos. Ello porque sólo con continuidad y aumento constante en la producción se aprovecharán los recursos existentes y la calidad (y taquilla) irán aumentando paulatinamente. Es por ello que no veo muy productivo debatir sobre algo obvio: que sin producción industrial no puede haber más y mejores películas, incluso existiendo –como creo– el talento suficiente para ello.

La falta de información

Con esto no quiero minimizar la exigencia de un proceso de selección más transparente y riguroso por parte de CONACINE, pero sí señalar que, si se van a plantear consultas a esa entidad sobre los criterios para conceder ayudas a cineastas, ello debe hacerse con una perspectiva de largo plazo. Respeto a los colegas que, por iniciativa de Mario Castro, firmaron una carta con preguntas a CONACINE. No firmé dicha carta porque se trataba de preguntas retóricas, es decir, que presuponen una respuesta predeterminada, y porque no se presentaban formalmente a dicha entidad. En esas condiciones, dudo mucho que algún órgano del Estado responda tal cuestionario. Y yo sí estoy interesado en obtener respuestas, para lo cual, además, los pedidos debieron estar debidamente formulados.

Por la ley de transparencia y acceso a la información pública, todos los órganos del Estado están obligados a dar una respuesta a pedidos de información, y si no cumplen dentro del plazo de ley, se puede solicitar la intervención de la Defensoría del Pueblo; así que de todas maneras se tendrá una respuesta. Una versión oficial tiene como ventaja que es fidedigna, ya que hay un funcionario que se hace responsable por la misma; y, por tanto, tiene más posibilidades de ser auditada y convertirse en insumo para el debate. No es útil discutir sobre información oficiosa, trascendidos y menos sobre presunciones, cuando hay la posibilidad de solicitar y obtener información oficial con relativa facilidad. Interesaría conocer lo siguiente:

  1. Documentos de gestión de CONACINE: reglamento y manual de organización y funciones o sus equivalentes en la normatividad del Ministerio de Educación (MINEDU).
  2. Personal a cargo de CONACINE y su régimen laboral.
  3. Lista de proyectos cinematográficos aprobados para ayudas: procesos financiados, montos, productos realizados e incumplimientos.
  4. Procedimientos para seleccionar y composición de comités técnicos y jurados.
  5. Lista de personas integrantes convocados para esos comités y jurados durante la existencia de la entidad.
  6. Procedimientos para evaluar los proyectos: requisitos exigidos, criterios, puntajes y ponderaciones.
  7. Informes existentes de comités y jurados sobre los proyectos aprobados y los descartados, de acuerdo a los procedimientos anteriores.

Esta información –presentada de manera resumida y amigable para el usuario– debería estar en el sitio web de CONACINE. Hasta donde sabemos, ello no ocurre debido a la falta de interés del MINEDU por proveer de recursos básicos a esta dependencia. Un pedido formal de información sobre los temas arriba señalados, evidenciaría el incumplimiento de las normas sobre transparencia en la gestión pública por parte de este ministerio y constituiría una forma de presión legal para que se publique y divulgue.

El análisis de esta información revelaría con alto grado de precisión las tendencias reales (y no presuntas) de la promoción del cine en el Perú, con sus correspondientes sustentos técnicos. El debate sobre estas tendencias tendría como fin que los funcionarios encargados y los jurados tomen nota de las ideas, críticas y observaciones a decisiones sobre proyectos y las formas de tomarlas. Mientras que para los jóvenes cineastas que postulan por primera vez, será de gran ayuda entender las razones por las que se conceden tales ayudas. De alguna forma, esto ayudaría a elevar de manera concreta y específica la eficacia de los apoyos a la producción nacional.

Se han planteado cuestionamientos sobre la presidenta actual de CONACINE. Al respecto pienso que sería mezquino no reconocer el buen trabajo realizado por Rosa María Oliart al frente de esta entidad. Cierto que ha cometido errores, pero ello es inevitable cuando se toman decisiones y se obtienen logros. El asunto es no cometer errores que luego sean irreparables. En ese sentido, el error que no pueden cometer los funcionarios de CONACINE es trabajar para un grupo de cineastas y no para el conjunto de esa comunidad, porque ello significaría la destrucción de lo alcanzado hasta el momento en el plano institucional.

Pensar «en chico»

Esto nos conduce al tema de pensar «en chico», una mentalidad condicionada por el hecho de que los espacios y recursos para el desarrollo de la cultura en el país son muy pequeños, en relación con la oferta de talento existente. Esto lleva a enfrentamientos por los escasos fondos disponibles, lo que a su vez produce –cuando los hay– debates cerrados en sí mismos, estancamiento y hasta la desaparición de esfuerzos relevantes.

Revisando diversos enfrentamientos en la historia peruana, el historiador Antonio Zapata ha constatado que «[c]uando se revisa quiénes combaten hasta desfallecer se descubre que son hermanos; es decir, personas parecidas entre sí, con carreras semejantes y que en otros contextos colaborarían para sacar adelante instituciones. Pero, en el Perú, carecemos de suficientes entidades bien organizadas donde se desarrolle una sana competencia. Como no sabemos construir organizaciones civiles… de carácter permanente… la vida interna institucional se limita a la imposición de liderazgos personales. También carecemos de espacio suficiente para escalar, no hay sitio arriba. Todo es tan vertical y desigual que ascender es imposible a menos que uno derribe a quien está encima. Por eso el serrucho es clave y la envidia juega un papel tan destacado. Esta lucha entre hermanos es tan intensa que se pierde el sentido de las proporciones, poniendo en riesgo la continuidad de las iniciativas colectivas» (Fratricidio a la peruana, La República, 12 de setiembre de 2007).

En el mundo de la cultura hay todavía mucho de esa «lucha fratricida» –y en la crítica de cine, hasta hace poco, de «lucha parricida»–, de enfrentamientos entre «personas parecidas entre sí, con carreras semejantes y que en otros contextos colaborarían para sacar adelante instituciones». Esto genera un enfoque de poder basado en el atrincheramiento y la preservación de espacios minúsculos desde donde poder «escalar» o sobrevivir; y esta especie de lucha darwinista puede poner «en riesgo la continuidad de las iniciativas colectivas». Esta es la base del pensar «en chico», rodeados por un escenario de sequía intelectual y artística, centrados en el corto plazo y muchas veces sin perspectivas de futuro.

De lo que se trata, entonces, es de crear esos otros «contextos» en los cuales pueda darse la necesaria colaboración para «sacar adelante instituciones» (y por «instituciones» no entiendo solamente a las formales, como CONACINE, sino a las comunidades que integran el sector cultural, agremiados o no). Si el problema es el poco espacio para el desarrollo de la cultura –en este caso, cinematográfica–, hay que buscar ampliar tales espacios. Para ello hay que convencer a la opinión pública y, luego, a los agentes de poder de la necesidad de crear una industria audiovisual, señalando sus ventajas para el desarrollo del país. De otra forma, continuaremos atrapados en debates que tienden a repetirse, sobre presunciones y sin perspectivas de salir de ese mismo espacio limitado que los explica y condiciona.

Pensar «en grande»

La teta asustadaRomper este círculo vicioso es el primer paso para pensar «en grande». Incluso ese simple pedido formal de información al CONACINE ya nos está remitiendo a una data con la que podría ir estableciéndose una línea de base; es decir, un punto de partida contra el cual contrastar el avance de la producción cinematográfica en el país. Así como insumos para ir estableciendo indicadores de calidad y sostenibilidad. En otras palabras, se requiere que el debate sobre las películas peruanas no se restrinja a la situación actual, sino también a qué visión del futuro tenemos para el desarrollo de esta industria.

Al hacer estas reflexiones no pretendemos minimizar la importancia de calidad a las producciones actuales, ni el debate sobre los proyectos para una ley del cine en el Congreso. Lo que nos preocupa es que la discusión se limite casi exclusivamente a estos tópicos y se considere las perspectivas como meros saludos a la bandera; cuando justamente de lo que se trata de es señalar hacia dónde apuntan estas discusiones.

En materia de cine «pensar en grande» significaría diseñar y aplicar una política cultural para el desarrollo de la industria cinematográfica y audiovisual en el país. Lo que supondría que el Estado financie la producción de unos 40 largometrajes por año, a fondo perdido, durante unos cinco o más años; y establezca la correspondiente cuota de pantalla que permita gradualmente la sostenibilidad de las empresas, la formación de un público y el desarrollo de un mercado. Lo que implica también planes con líneas de base, plazos, metas e indicadores de sostenibilidad y hasta de calidad; así como políticas de coproducción, distribución, exhibición y nuevas tecnologías. El beneficio para la población es la creación de imágenes y sentidos que expresen la identidad la población peruana y refuercen su integración, mostrando la diversidad cultural del país. Esquemas parecidos a éste han funcionado en países que hoy son presentados, en la ideología oficial, como modelos para el Perú, como, por ejemplo, Corea del Sur. Hay otras propuestas, como simplemente aumentar sustancialmente las ayudas disponibles, por ejemplo, al nivel de Chile o Argentina.

Soy conciente de que estas propuestas no son políticamente viables en la actualidad, pero justamente se trata de hacerlas políticamente viables. Ello obliga a recurrir y difundir ideas tales como el papel central de la educación y la cultura en el desarrollo, el creciente avance de la economía creativa, el diseño y aplicación de políticas públicas en estas áreas, la enseñanza de audiovisuales en la currícula escolar, entre otros temas. De esta forma, empezamos a mirar más allá de nuestra actividad cultural y dirigirnos a un público mayor, más amplio y con mayor posibilidad de generar opinión pública en torno a estos asuntos. Nadie va a hacer esto por nosotros, cinéfilos, cineastas, críticos y miembros de la prensa cinematográfica.

De allí la necesidad de que los eventos que promueva APRECI incluyan también la discusión sobre las perspectivas de desarrollo de una industria audiovisual en el país.

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21 comentarios

  1. Avatar
    carlos lazo.
    14 de enero de 2010 at 22:53 — Responder

    Todo tu articulo me parece muy bien. Pero lo veo algo idealista. Comparas la producciòn de chile y argentina,pero yo se que no todas esas peliculas auspiciadas se estrenan.Y eso no lo dices. ¿Porque no lo dices? Argentina produce con auspicio del gobierno un promedio de 80 peliculas al año y muchas estan en cartelera 1 semana, dos semanas y otras nunca se estrenan.¿No se supone que al director le interesa que se proyecte en el cine?.Eso creo que es otro problema porque me parece que tampoco se trata de «tirar la plata» o mantener artistas de los cuales nunca sabremos si valio la pena o no apoyarlo. Lo de las cuotas de pantalla es cierto y està muy bien que se de. Pero siento que de alguna manera volveriamos a obligar a los exhibidores a pasar peliculas peruanas como se hizo en los 70 con el gobierno militar, creo que no se deberia olvidar incluir en estas reuniones o debates que tu mencionas a los exhibidores y distribuidores que me parece son màs importantes que convencer al gobierno.El que por supuesto tambien tiene que participar.

    En cuanto a la sra Oliart, es cierto lo que dices, es màs a mi me parece que ella deberia continuar en el cargo. Porque aunque a muchos no les guste la sra tiene los contactos politicos necesarios que ayudaron a convencer a los congresistas que aumenten el presupuesto antes del premio en alemania de la teta asustada .En este sentido su trabajo ha sido positivo. Indispensable no es, porque creo que tampoco hay que caer en el culto a la personalidad, pero si importante que siga partipando siquiera en la mesa directiva que saldra este año. Porque haciendo un balance las otras directivas no lograron mucho o mejor dicho bien poco o nada para conseguir mas presupuesto.

    Por otro lado, no estoy de acuerdo con ese cuestionario anonimo soltado por mario castro y compañia, me da la impresion que mas parece unas preguntas dichas por una persona resentida, frustrada, algo amargada con el resto , desvergonzadamente creida, y manipuladora y todo por que Leòn, Bedoya y Bustamante hallaron inexactitudes, algunos datos falsos y malas comparaciones en el texto de Claudio Cordero, cosas que hasta donde yo se : El no ha negado,es decir ,practicamente con su silencio acepta esos errores, pero no lo asume publicamente, apuntando solamente a aclarar que nunca quiso decir que conacine era un fraude o auspiciaba fraudes conocidos previamente y claro de pasadita pretender hacerse una victima de «La incomprensiòn de las vacas sagradas y su intolerancia». Yo pienso que si te vas a dedicar a hacer critica de cine, bueno pues , minimo debes estar bien informado y a la vez informar con veracidad y no con prejusgamiento a los demàs. Por que aclaremos: Conacine no premia peliculas, conacine premia guiones, y si estos ya en film son deficientes , me parece eso ya no es culpa del conacine sino del director de la cinta.

  2. Avatar
    14 de enero de 2010 at 23:37 — Responder

    de lo más lúcido que he leído en tieeempo en relación al cine peruano; estoy completamente de acuerdo. ¿este beteta es el mismo que escribió sobre Inglourious Basterds?

  3. Avatar
    opinólogo
    15 de enero de 2010 at 11:54 — Responder

    Que contradicción que sea el mismo autor de una nota
    tan defic iente sobre Bastardos sin gloria, el que haya
    escrito este buen artículo.

  4. Avatar
    Juan José Beteta
    15 de enero de 2010 at 12:02 — Responder

    Carlos:
    Sobre el idealismo: Mi objetivo no es reemplazar el actual debate sobre las películas peruanas por opciones maximalistas. Lo que planteo es que junto con el debate de corto plazo haya también un debate sobre a dónde nos dirigimos. Por ejemplo, los que sustentan los dos proyectos de ley sobre desarrollo del cine en el Perú deberían también decir de qué forma estos se corresponden con los siguientes pasos a seguir para crear una industria audiovisual. (Es posible que tengan esas propuestas y hasta que las hayan planteado, el asunto es que se difundan y debatan con mayor amplitud.) Se trata no sólo de ver lo del día, sino también el mañana y el pasado mañana; e incluso una visión de futuro deseable para el cine en el Perú, y por qué es beneficiosa para el país esa visión del futuro.

    Sobre “no tirar la plata”: No entro en los detalles que me pides sobre Argentina no sólo porque el post ya estaba un poco largo, sino también porque esos planteamientos están a título de ejemplo. En términos generales, pienso que el Estado debe hacer una “inversión inicial” masiva en la industria audiovisual, incluyendo no sólo el cine sino también la televisión pública; y, gradualmente, ir disminuyendo las ayudas al nivel actual, con fondos pequeños pero sustanciales para los principiantes. En el camino (y desde el principio) se irán estableciendo indicadores de calidad para promover a los cineastas que puedan garantizar un público y una taquilla que permita la formación de un mercado y la autosostenibilidad de las empresas. Esto supone tener una buena relación coste-beneficio cuya proyección y plazos dependerán justamente de que se haga esa inversión masiva. Antes, imposible saberlo con precisión. Y aquí nos topamos con el tema de la reforma del Estado, ya que nuestro Estado no está diseñado para promover el desarrollo, sino para frenar el gasto a como dé lugar (“no tirar la plata”). Durante décadas se han establecido metas para reducir y controlar el gasto público, y cuando por fin tenemos recursos para invertir en el desarrollo, el Estado sigue con la mentalidad de “ajustarse los cinturones”.

    Cuotas de pantalla y exhibidores: Las posibilidades de cuotas de pantalla son remotas por lo acordado en el TLC con EEUU. Sin embargo, a los distribuidores y exhibidores les interesa la taquilla y la lógica indica que el público peruano quiere verse identificado en el cine y la televisión. Obviamente se trata de crear una industria audiovisual competitiva. Además, el avance de la tecnología HD nos ofrece hoy nuevas posibilidades para redes de exhibición alternativas en cine, así como espacios en la televisión digital. Pero estos son justamente los asuntos que se vienen y en los que también debemos pensar, debatir y difundir.

  5. Avatar
    Popy Olivera
    15 de enero de 2010 at 12:22 — Responder

    Hay falta de información, cierto, pero ma escasea falta de FORMACION. Si bien la tecnología ha puesto al alcance de casi todos el acceso al audiovisual, muchos de estos «nuevos cineastas» creen que un plano se filma cunado todo entró en el cuadro, sin poder siquiera penasr que el conocimientoen optica es fundamental para el encuadre, su gramática….y ni qye decir de la forografía, la electrónica y demas. NO hay escuelas para eso.

  6. Avatar
    Mitnick
    15 de enero de 2010 at 13:57 — Responder

    «…la lógica indica que el público peruano quiere verse identificado en el cine y la televisión.»

    Yo creo que la lógica indica que con tanta basura votada por la televisión y el cine (Hollywood) la gente ya no sabe lo que quiere, o mejor dicho les hacen creer que quieren algo cuando esto no necesariamente es asi.

  7. Avatar
    Pedro
    15 de enero de 2010 at 18:25 — Responder

    De acuerdo con Mitnick

  8. Avatar
    Juan José Beteta
    15 de enero de 2010 at 18:37 — Responder

    Popy:

    Una forma de apoyo del Estado no tiene que ser únicamente con dinero en efectivo, sino también con becas parciales o totales de capacitación en facultades que tengan la especialidad en audiovisuales en universidades públicas.

    Mitnick:

    El problema con el público es que no tiene opciones distintas a las del cine industrial hollywoodense. Pero si se le da opciones podrá valorar aquellas con las que pueda identificarse. Un caso, es el del llamado cine andino o regional, que llena salas.

    César y Opinólogo:

    El enfoque que utilizo para examinar el tema de la industria audiovisual en el país es el mismo que trato de usar en todas mis críticas; es decir, tener una visión integral y no parcial (o limitada por mis gustos personales) sobre el tema o película.

  9. Avatar
    crashito
    15 de enero de 2010 at 18:55 — Responder

    Sr. Beteta, tengo algunas preguntas.

    En cuanto a distribución ¿Existe distribuidoras, aquí en el país, de películas peruanas ? ¿O son los mismas productoras de cada película,las que se encargan de negociar en trato directo con los exhibidores?

    industria cinematográfica» e

  10. Avatar
    crashito
    15 de enero de 2010 at 19:26 — Responder

    Y respecto a la industría cinematográfica ¿Cuáles son las característicales esenciales -en síntesis- de ésta a la que usted refiere y a la que se debería llegar como objetivo a corto plazo de una proyección a largo plazo ?

    Gracias.

  11. Avatar
    opinólogo
    15 de enero de 2010 at 23:55 — Responder

    La de Bastardos sin gloria no es una visión integral,
    sino muy parcial y tendenciosa, hecha a partir de una
    lectura muy ideologizada y exigiéndole a la película
    lo que no pretende ser. Porqué no verla como una
    comedia de guerra en la que Tarantino se burla
    olímpicamente de todas las partes en juego, sin
    querer imponerle esa carga conceptual que le impone
    el análisis de Beteta. Un crítico no puede pedirle
    a una película lo que ésta no es ni quiere ser y eso
    es la que hace Beteta.

  12. Avatar
    Cinéfilo
    16 de enero de 2010 at 23:17 — Responder

    Totalmente de acuerdo con el opinólogo.

  13. Avatar
    17 de enero de 2010 at 10:38 — Responder

    Poco floro Beteta, es una cosa sencilla, se necesita una reestructuración total, arrancar de raíz a ese pequeño grupo que esta llevando al cine nacional a lo más profundo del fracaso, CONACINE es un club de amigos, siempre lo he dicho y siempre lo diré, hasta que no se cambie a toda esa gentita que favorece a sus amiguitos, es un asco ver como apoyan y premian a directores mediocres, así es mediocres en todo sentido, la gente que actualmente conforma CONACINE no tiene ni la puta idea que es ARTE, así como lo digo sin pelos en la lengua. Estoy haciendo una investigación detallada sobre CONACINE que pronto publicare.

    Me olvidaba y también están en la lista esos críticos que hacen de padre protector para los seudo-actores.

  14. Avatar
    Junior Zegovia
    19 de enero de 2010 at 11:53 — Responder

    Que horrible esta el nuevo diseño de cinencuentro. sino lo cambian al antiguo, o mejoran, la gente van a dejar de visitar esta web.
    Que dolor de cabeza.

  15. Avatar
    Juan José Beteta
    20 de enero de 2010 at 16:38 — Responder

    Crashito: los realizadores peruanos deben negociar con las distribuidoras transnacionales si quieren exhibir sus películas. Aquellos que las distribuyen por su cuenta se las entienden con los exhibidores y deben cargar con los costos de la difusión, lo cual es una carga muy pesada. Caso aparte son los realizadores del llamado cine andino o regional, quienes van un importante segmento de público y su éxito de público les aminora hasta cierto punto los dolores de cabeza de la distribución. En cuanto a tu segunda pregunta, me inclino por el modelo surcoreano, aunque adaptándolo a nuestro ámbito local.

    Opinólogo y cinéfilo: Con respecto a Inglorious basterds en mi crítica he hablado de sus cualidades narrativas, la actuación y los procedimientos habituales del director (pastiche, parodia), que maneja con maestría. Es más, he calificado la película como buena; aunque señalando algunas debilidades importantes; a eso me refiero con una visión “integral”. No le pido ser algo que no es, ni tampoco es una crítica “ideologizada”. Si quieres críticas ideologizadas revisa las que se publicaban en los años 70 y verás la diferencia radical con la mía (estoy tentado a hacer un post comparativo sobre esto).

    Como posmoderno ortodoxo, Tarantino cree en el relativismo moral y esa es una característica de sus películas. Si eso es parte consustancial de su estética ¿por qué no hablar de ello? ¿Por qué no está permitido hablar de ese tema, aunque la película lo plantee claramente? Una segunda interrogante nace del talento de Tarantino para mostrar la violencia, muy superior al de las películas que él cita y homenajea, y que coloca este tema en un elevado plano artístico. Siendo este tratamiento a la violencia el motor de la creatividad de Tarantino ¿no es pertinente al menos mencionar este tema? ¿no se puede ensayar una explicación al respecto, ni opinar, ni nada? Y cuando nos dicen que esta es una mera película de entretenimiento y punto, ¿no está permitido señalar en qué consiste tal entretenimiento? Por ejemplo, dices que Tarantino “se burla olímpicamente de todas las partes en juego”. No es del todo exacto. Si bien se burla o parodia a algunos personajes (Hitler, Goebbels, Raines y los basterds), en cambio no se burla para nada de Shoshanna, ni de Landa, ni tampoco de Bridget; los dos primeros, personajes más importantes que el resto. Entonces, la cinta no es tan “entretenida”, como aparenta; es una película que rompe con el formato tradicional hollywoodense. Cabe preguntar ¿cuál es el sentido de esta ruptura? Lo cual nos conduce, finalmente, al nihilismo autodestructivo que caracteriza a varios personajes tarantinescos; asunto también evidente, no inventado por mi y propio del arte posmoderno. ¿También ese es un asunto prohibido?

    En mi crítica he tratado de dar respuesta a estas preguntas (además de mencionar los otros factores que hacen de esta película una obra importante y no un filme olvidable o prescindible), y que conectan el cine de este director con el clima cultural actual. Y es muy ilustrativo que mis críticos nieguen que se puedan hacer estas preguntas; lo cual confirma mi tesis de una cierta tendencia a desconectar el cine (no sólo el de Tarantino) del mundo, como si fuera un simple juego irónico de citas y referencias casi interminable, debajo de lo cual no hay nada. De allí que, apelando a las mismas imágenes tarantinescas, haya ilustrado la naturaleza “incompleta” de tal postulado, en el fondo, similar al enfoque ideologizado de los 70, sólo que con los términos invertidos: mientras hace 30 años lo único que importaba era la ideología y no los elementos formales, hoy en día sólo importa esa visión reduccionista en lo formal, que rechaza no sólo la ideología, sino muchos aspectos del mundo que presenta una película determinada (por ejemplo, ético, sexuales, políticos, etc.).

    La función de la crítica es trasladar el sentido crítico al espectador. En algunos casos, como este, soy conciente de que va a demorar; como demoró el ir abandonando los enfoques puramente ideológicos (los de verdad y no los que a veces me atribuyen).

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