Robin Hood (2010)

La habitual espectacularidad de Ridley Scott

El signo de los tiempos

¿Por qué hacer una más, que se sumará a las miles de versiones de Robin de los Bosques que duermen cual Blancanieves en los aposentos de las cinematecas? ¿Por qué insistir y reivindicar el mito del héroe que se solidariza con los pisoteados y desposeídos? ¿Es, quizás, la desconfianza en los poderes (empresariales y políticos) que actúan como los hijos de Leonor de Aquitania, quitar a los pobres para sostener a los ricos? El caso es que en lugar de inventar héroes, en tiempos difíciles volvemos la mirada a los que conocemos, a los sólidos cimientos del esquema ya inventado, ya sean los superhéroes de cómic que protegen o los héroes de leyenda, perfectos proscritos, bandoleros, ladrones justicieros de arco y flecha que se instalan del lado del anarquismo. ¿Quién nos da nuestro Robin Hood de hoy?

Decía Quim Casas a propósito de Ridley Scott en algún Dirigido por… que este realizador no posee signos distintivos, ni rasgos personales. Su cine no abraza una causa determinada, dándole a todos los palos. No estoy muy de acuerdo con esta opinión, aunque algo se comprende. Creo que el cine de Ridley se distingue pronto, ya sea por su visualización creativa, ya sea por sus colores, su influencia publicitaria del comienzo, o su sentido del (equilibrado) espectáculo, sin plegarse del todo a la extrema comercialidad hollywoodense. Claro que sin abdicar de lo comercial, por supuesto. Eso lo sitúa un poco en tierra de nadie, aunque le da un carnet, el del reinado Scott, o como vivir del crédito que proporcionaron Alien y Blade Runner. Eso no significa que el resto de su (extensa) filmografía sea mala. Excepto La teniente O’Neill, Legend y Hannibal, el resto son muy loables, alguna delicadamente poética (Gladiator) dentro de su esquema narrativo aventurero.

Ridley Scott sigue siendo una inversión segura, un artesano creativo sobre el que cualquier productor no albergará dudas, y pocas tendrá, a su vez, el espectador a la hora de pagar entrada. Él mismo en una entrevista, con cierta autocomplacencia admite que es único en acabar los rodajes con menos de lo presupuestado y en menos tiempo, pero con un acabado final espectacular.

Ridley fue el elegido por el productor Brian Grazer para llevar a cabo la última puesta al día cinematográfica de otro (y sumamos) Robin Hood. Y todos sabemos de la sociedad de sangre que conforman Ridley y Russell Crowe, quien hace un Robin muy en la línea de su Gladiator. De hecho, este Robin Hood y Gladiator son cintas primas hermanas, si bien la primera está más supeditada a la esquemática y todo hay que decirlo, cansina, fórmula del héroe que retorna, encuentra dama replicante, guerrea en liderazgo y se salva y salva a la chica.

¿Qué aporta el Robin de Ridley/Russell con respecto al Príncipe de Costner? Tal vez el signo de los tiempos en la producción cinematográfica. Una película “habla” siempre del presente (o siempre “dice” algo sobre el presente, del aquí y ahora respecto a su contexto de producción). El hecho de que sea una película histórica o de ciencia ficción no cambia nada, leo en el ensayo Principios de análisis cinematográfico, de Francis Vanoye y Anne Goliot-Lété. Robin Hood lleva no sólo la marca Scott (Ridley, distinguiéndolo de su hermano), y la audacia tecnológica del siglo XXI, siempre dentro de unos límites clasicistas. También lleva las luces azuladas, los neones paisajísticos, buenas dosis de estética videoclipera, una cierta grandeaur de artesano del entretenimiento que sabe organizar todas las piezas. Y eso, organizar, se le da muy bien a Ridley.

Nos hallamos, gracias a la idea de aportar algo nuevo, ante otro ángulo del mito del medievo inglés. Desde el saltarín circense de las primeras adaptaciones, al senior Robin de 1976 interpretado por Sean Connery, o el zorro-Hood de Disney, la leyenda que tantos réditos ha dado, no sólo a la ciudad de Nottingham, también al cine, la literatura y la televisión, muestra su lado más humano para presentarnos una precuela, o el origen de la (conocida) situación de Robin Longstride, un arquero del rey Ricardo Corazón de León. Es decir, el porqué (y esta interrogante es lo que constituye todo el metraje) de su mudanza a los bosques de Sherwood. Con un casting de lujo, un Crowe un poco cansado, pero siempre carismático, una Blanchet escultural, sabemos que nacida para el cine, rodeados ambos de secundarios de caché, como Max Von Sydow, William Hurt, Mark Strong (pobre hombre, siempre haciendo de malo), Oscar Isaac, o Matthew McFadyen.

Entretenida sin lugar a dudas, abierta en su final para una posible segunda parte, dependiendo de la recaudación, y no desprovista de cierto humor, ironía, y puestos, hasta feminismo en la figura de una Marion Loxley aguerrida, de este Robin Hood salvo el costumbrismo más realista (valoración histórica de los elementos del decorado) en cuanto a sucio y desprovisto de glamour, el curioso y surrealista grupo de ladronzuelos del bosque, el banquete de ostras (a la sangre) del rey de Francia, la cena en interiores con perros, la bofetada de la reina Leonor a un Juan caprichoso… y poco más.

Y como Ridley se ha picado con Cameron, nos promete una precuela de Alien en 3D. Nada, lo dicho, el signo de los tiempos.

Dir: Ridley Scott | 135 min. | EEUU

Intérpretes: Russell Crowe (Robin Longstride), Cate Blanchett (Marion Loxley), Max von Sydow (Sir Walter Loxley), William Hurt (William Marshal), Mark Strong (Godfrey), Oscar Isaac (Príncipe John), Danny Huston (Rey Ricardo Corazón de León), Eileen Atkins (Leonor de Aquitania), Mark Addy (Friar Tuck), Matthew Macfadyen (Sheriff).

Estreno en el Perú: 13 de mayo de 2010.
Estreno en España: 14 de mayo de 2010.

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2 comentarios

  1. […] No puedo evitar darle la razón a Guadagnino cuando habla así del cine actual. La decepción ante el reciente Robin Hood de Ridley Scott, incapaz siquiera él de salir de los esquemas y las formas narrativas abotargadas del universo […]

  2. Tito
    8 de junio de 2010 at 0:56 — Responder

    La película es aparatosa y no hay mayor actuación. Prefiero “Robin y Marian” de Lester. Algunos instantes de la película son guiños al cine de Kubrick (“Barry Lyndon”) como la danza bucólica de Robin y Marian en la segunda parte del filme.

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