Perfect Blue (1997)

Mima Kirigoe

Corren los años finales del siglo XX. La Internet recién empieza a masificarse, sin embargo, ya se cuestionan sus alcances como manipuladora de información: el portal web oficial de la protagonista Mima Kirigoe, cantante J-Pop con aspiraciones actorales, es administrado por un anónimo que detalla aspectos íntimos que sólo los puede conocer ella. En esa instancia, parece que estamos frente a un relato de acoso, mas sólo es un detalle que se agrega al misterio.

Perfect Blue nace de la perspectiva siniestra de Yoshikazu Takeuchi -autor de la novela original en la que está basada la película- alrededor de la figura de los Pop Idols japoneses. Oscurece su contexto de aparente inocencia para presentarlo como autodestructivo, agobiante y explotador. Reflexiona sobre el starsystem que castiga, presiona, para mantener a sus ídolos vigentes en el tiempo bajo presiones emocionales deshumanas. La cosificación del artista pop llevado al suspense en este filme animado que puso en la mira a su director, Satoshi Kon.

El libro de Takeuchi se basa en un análisis de la sociedad nipona sobre la concepción del éxito por delante de la voluntad humana. Es un tema harto tratado en Oriente, empero, esta vez se hace a través de la figura virginal de una artista, cuyo público adolescente tendrá que dejar de lado para dirigirse al adulto en pos de su ascensión profesional. La prostitución de la imagen a diversas escalas y modos es el tema de fondo de esta ópera prima de Kon. En Perfect Blue no hay tinterillos estresados ni burócratas de rascacielos, es el mundo del espectáculo, ennegrecido, el fustigador; y sus artistas, los ultrajados en la carrera por el éxito. La película evoca a un infierno de payasos.

La animación surrealista y onírica que propone Kon, técnica que llevará a nivel máster en Paprika (2006), abruma más que desconcierta. Los desvaríos de Mima, en los que confunde realidad con alucinación, se intercalan bruscamente con ánimo efectista. Esos desvaríos, analizados al detalle, no orientan a las conclusiones sino sólo generan el atosigamiento de interrogantes. Ese es el aspecto vendedor del filme, no obstante, el más fallido. El suspense nunca impera, por más que algunas secuencias de vértigo demuestran al director como conocedor de la técnica.

En cambio, los mejores momentos de Perfect Blue se suscitan por la crisis de identidad de Mima, potenciada por la presión del mercado que va en contra de sus deseos personales. Es ahí donde el filme se torna complejo y ambicioso, y no con la alternancia mareadora por la paranoia de la protagonista. Las interrogantes a su propia consciencia y sus lamentos frente a la imagen virginal de sus recuerdos dan paso a reflexiones más profundas, que aluden al sistema materialista superlativo que impera en Japón y no sólo al de la farándula.

El rompimiento de la virginidad de Mima en el set televisivo o “La escena de la violación” es la mejor secuencia de la película y una de las mejores logradas con sexo explícito de cine japonés. Marca el punto de inflexión en la psicología de la protagonista, recién valorada como actriz después de esa prueba “profesional”. Entre una veintena de extras pervertidos, Mima es violentada como parte de la escena, sus gemidos y gritos son auténticos rasgaduras de su voluntad y no actuaciones. En adelante, su imagen pasada como Pop Idol, en forma de fantasma interno, la atormenta mientras que su presente la induce a mayor exposición mediante su sexualidad. Ese debate emocional lleva de la mano a todo el relato, que lo decoran asesinos misteriosos, psicópatas acosadores y vaivenes dramáticos de poca influencia.

Satoshi Kon coge la novela de Yoshikazu Takeuchi y, audazmente, la plasma en el propio contexto que critica. Un anime criticando al starsystem nipón es análogo a una serie de Jerry Bruckheimer puyando Hollywood y su sistema de producción. Desde su debut el director marcó sus distancias en el establishment, aunque siempre trabajó para MADHOUSE, uno de los más importantes estudios de Asia en animación, lo que le vale el calificativo de outsider dentro de la propia industria.

Perfect Blue tiene altibajos, pero es ambiciosa hasta en sus errores, los mismos que su director irá puliendo a lo largo de su filmografía.

satoshi konDir. Satoshi Kon | 81 min.| Japón

Voces: Junko Iwao (Mima), Rica Matsumoto (Rumi), Shinpachi Tsuji (Tadokoro), Masaaki Ôkura (Uchida)

Estreno en Japón: 28 de febrero de 1998


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1 comentario

  1. […] fantástico y lo onírico se entienden para forjar delirios disfrutables en forma de narraciones. Perfect Blue es la primera muestra de ese desequilibrio coherente, asimismo de su rechazo al ambiente otaku del […]

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