[Crítica] “Han Solo: una historia de Star Wars”

Considerando lo caótico que fue el proceso de filmación de “Han Solo: una historia de Star Wars”, realmente resulta sorprendente que el resultado final sea tan coherente y divertido. No se trata de una historia compleja; de hecho, para estándares de la franquicia, este es un filme bastante pequeño y de limitadas ambiciones. Pero es precisamente por eso, y porque la mayor parte de fanáticos irán a verla con bajas expectativas —a diferencia de cuando fuimos a ver “Los últimos Jedi”— que la película funciona; de hecho, se siente más como “Star Wars” que el anteriormente mencionado Episodio VIII de la saga principal.

Como quizá ya sepan, Lucasfilm contrató originalmente a Phil Lord y Chris Miller —quienes se han encargado de dirigir hilarantes cintas como “La película de LEGO” o “22 Jump Street”— para darle vida al guión de Lawrence Kasdan (“Star Wars: Episodio V – El Imperio Contraataca”) y su hijo Jon. Sin embargo, a la mitad del rodaje, fueron despedidos —debido a la excusa clásica en Hollywood: “diferencias creativas”— y reemplazados por el confiable y emblemático Ron Howard. Los reportes varían, pero se estima que Howard regrabó aproximadamente un 60% ó 70% de la película, por lo que es casi seguro que nunca veremos una versión de “Han Solo” de Lord y Miller.

Tampoco sabremos porqué fueron despedidos exactamente. Algunos mantienen que su visión era demasiado arriesgada para la franquicia, mientras que otros reportes afirman que su estilo de filmación era muy lento y confuso. En todo caso, y aunque para algunos pueda tratarse de una elección segura, no podemos afirmar que Howard sea un mal cineasta; algo inconsistente, sí —¿realmente era necesario dirigir tres olvidables películas protagonizadas por el Robert Langdon de “El código Da Vinci”?—, pero en general, bastante eficiente, especialmente cuando se trata de este tipo de espectaculares blockbusters.

Y es precisamente la mano estable de Howard la que le da cierto grado de confianza y solidez a la producción. De hecho, siendo este director un amigo personal del creador de “Star Wars”, George Lucas —trabajaron juntos en “American Graffiti”— , le otorga cierto sabor setentero a la película, algo así como una mezcla entre western y película de atracos. Mientras que la nueva trilogía se aleja cada vez más de sus predecesoras, atrayendo a nuevos fanáticos pero alienando a quienes siguen a la saga desde hace décadas, filmes como “Han Solo” parecen ser tácticas para mantener a los viejos fanáticos emocionados por ver más historias. En todo caso, este viejo fanático la pasó muy bien viendo la película; en muchos sentidos, se siente más como “Star Wars” que “Los últimos Jedi”.

La película se lleva a cabo algunos años antes de los eventos de “Rogue One” y “Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza” (la película original de 1977). Sin ánimos de malograrles algunos de los detalles más interesantes de la trama, basta solo con mencionar que vemos los orígenes de Han Solo (Alden Ehrenreich); cómo se reencuentra con un viejo amor llamado Q’ira (Emilia Clarke), de cuando vivía en el planeta industrial de Corellia, cómo termina trabajando con una suerte de mentor llamado Beckett (Woody Harrelson), cómo conoce al Wookiee Chewbacca (Joonas Suotamo), y como le gana el infame Halcón Milenario al carismático Lando Calrissian (un genial Donald Glover). Es durante esta aventura, también, que Solo se ve involucrado con un peligroso gángster llamado Dryden Vos (Paul Bettany) y sus secuaces.

“Han Solo: una historia de Star Wars” es una regresión a las épocas más sencillas de “Star Wars”, en las que cada película no tenía que ser un evento épico de enormes magnitudes. Al igual que la primera cinta de 1977, “Han Solo” tiene una historia sencilla, en la que el destino del universo no está en peligro ni mucho menos; de hecho, los objetivos de nuestros protagonistas son mucho más directos —recuperar a alguien amado, conseguir dinero, sobrevivir—, lo cual convierte al filme en una experiencia bastante más modesta que las que hemos estado teniendo en los últimos años.

Felizmente, este tono distinto se justifica gracias al guión de los Kasdan. Su objetivo no es contar una historia sobre el bien y el mal, o sobre el lado Oscuro y el lado Luminoso de la Fuerza; de hecho, casi ni hay personajes fuertes con la Fuerza en la película (y eso es todo lo que diré al respecto…) Más bien, lo que quieren hacer es darle una historia de trasfondo rica e interesante a un personaje del que ya sabemos bastante, dándole motivaciones creíbles para el desarrollo de su personalidad. El Han que vemos acá no es el mismo que aparece en películas posteriores —es bastante más inocente, pero a lo largo de la película, uno ve como Howard y los Kasdan van plantando las semillas de lo que eventualmente se magnificará en la Trilogía Original (su cinismo, su sarcasmo, su alergia a la autoridad).

Siendo una precuela, desgraciadamente, “Han Solo: una historia de Star Wars” no tiene demasiadas sorpresas. De hecho, en algunos momentos parece que solo está tratando de llenar una lista de eventos “obligatorios” que debería desarrollar —los encuentros con Chewie y Lando, el infame “Kessel Run” (¡Han lo hizo en solo 12 pársecs!), la aparición del Halcón Milenario, y más. Muchos de estos momentos son escenificados con suficiente encanto y energía por Howard como para que no se sientan tediosos —el primer encuentro entre Han y Chewie, por ejemplo, es genial, y toda la sección del “Kessel Run” es sorprendentemente tensa— pero el verdadero atractivo del filme está en los detalles, y no tanto en los previsibles plot points.

De hecho, “Han Solo: una historia de Star Wars” está llena de referencias a películas anteriores y posteriores, así como a series de TV como “The Clone Wars”, lo cual debería satisfacer a más de un fanático. Algunas revelaciones, como la verdadera naturaleza del nombre completo de Han, se sienten algo anticlimáticas, mientras que otras, como un giro final que definitivamente no me esperaba, terminan siendo innegablemente efectivas. “Han Solo: una historia de Star Wars” está llena de traiciones, cambios de opinión y rescates a último minuto, lo cual no es para nada forzado; considerando que la cinta está poblada por personajes que habitan un área moral gris, sus reacciones se sienten coherentes con la caracterización que se les ha dado.

Alden Ehrenreich, un talentoso actor que, a pesar de ser bastante joven, ya ha trabajado con algunos de los cineastas más reconocidos de los Estados Unidos (Warren Beatty, los Hermanos Coen, Woody Allen), aquí no hace un mal trabajo como Han Solo. Lo mejor es que no trata de imitar a Harrison Ford; utiliza algunos de sus manierismos y expresiones faciales, lo cual ayuda a que uno vea a Ford a pesar de que Ehrenreich no se parece mucho a él, pero a la vez, le inserta su propio estilo al personaje, desarrollándolo como una versión menos cínica del Han que aparece en la Trilogía Original. No se trata de una gran actuación central, pero es lo suficientemente efectiva como para que la cinta no se desplome a su alrededor.

Por otro lado, Donald Glover es brillante como Lando, tanto así, que en cierto momentos amenaza con opacar al Han de Ehrenreich. Se trata, pues, de una interpretación que entiende perfectamente la naturaleza del personaje, otorgándole una excelente mezcla de carisma, arrogancia y lo estrafalario (consideren, si no, su vestuario durante la escena final de la cinta). Emilia Clarke es algo plana como Q’ira, Woody Harrelson la pasa bien interpretando al sórdido Beckett, Joonas Suotamo está muy bien como Chewbacca, y Paul Bettany es suficientemente intimidante como el inestable Dryden Vos. Tanto Thandie Newton, como una tenaz aliada de Beckett, y Phoebe Waller-Bridge, como la hilarante droide L3-37, están desperdiciadas.

A nivel técnico, “Han Solo” es muy impresionante. La dirección de fotografía de Bradford Young hace un gran uso de tonos de gris, marrones y beiges para desarrollar de manera muy visual el inframundo de esta galaxia muy, muy lejana. Algunas escenas son algo oscuras, eso sí, por lo que no recomiendo ver la película en cines que tengan una mala proyección. Los efectos visuales son espectaculares —tengo que mencionar, nuevamente, la impresionante sección del “Kessel Run”— y la banda sonora de John Powell mezcla música nueva —me encantó el hiptonizante tema de Enfys Nest, un personaje del que no puedo revelar mucho— con algunos de los mejores temas de la Trilogía Original.

Lo mejor de “Han Solo: una historia de Star Wars” es que, a diferencia de “Los últimos Jedi”, expande la galaxia de Star Wars, haciendo que se sienta como un lugar enorme, lleno de diferentes planetas y especies y sociedades. Mientras que el Episodio VIII introdujo un par de planetas nuevos y mantuvo el conflicto en un contexto íntimo, casi claustrofóbico, en esta película acompañamos a Han y sus amigos a varios planetas, en donde conocen a todo tipo de coloridos personajes, entre alienígenas y seres humanos. Si hay algo por lo que vale la pena darle crédito al filme, es por enriquecer la galaxia de Star Wars.

Si uno va a ver “Solo: una historia de Star Wars” con las expectativas correctas, la va a pasar bien; se trata, pues, de una película bastante sencilla en comparación al resto de la saga, pero muy divertida, llena de enérgicas secuencias de acción, grandes efectos especiales, y eficientes actuaciones. Se mueve a un buen ritmo, desarrolla el conflicto central —tanto el interno como el externo— de manera eficaz, y logra mostrar a un joven Han Solo que se siente como una buena recreación de quien posteriormente se convertiría en el gran amor de la Princesa Leia.

Como siempre, los dejo con mi lista actualizada de películas de “Star Wars”, en orden de preferencia:

1. El Imperio Contraataca
2. Una Nueva Esperanza
3. La Venganza de los Sith
4. Rogue One
5. Han Solo
6. Los Últimos Jedi
7. El Despertar de la Fuerza
8. El Retorno del Jedi
9. El Ataque de los Clones
10. La Amenaza Fantasma

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