[Crítica] Festival Transcinema: «Teloneras», el poder del canto


El recorrido y la preocupación de Teloneras es uno disperso, aunque con una temática central evidente. Poco interesa la edad o la distancia, el contagio de los sonidos del arpa andina, del violín o del saxofón es notorio. Se reconocen como continuadoras de una tradición que hay que preservar a toda costa.

La paciencia del montaje tiene un sentido claro. Estar en el escenario, en la ceremonia o el homenaje es solo la estocada final. La razón de ser de la música tiene su génesis en el día a día, en las visitas al mercado, el salón de clase, el paseo alrededor de la plaza. Momentos como la espera en el paradero, las charlas banales en la bodega (o que parecen banales). Al momento de cantar todo suma a la voz. El documental está dedicado, creo yo, sobre todo a esos momentos intersticiales de la artista antes de su encuentro con la audiencia, incluso si esta es mínima o performa solemnemente en un cementerio o frente al mar.

Teloneras (2019), de Rómulo Sulca.

El lente por medio del cual nos aproximamos a los personajes muestra un control y una paciencia particulares. Alargando la extensión del plano, recorriendo la puesta en escena, la cámara de Sulca logra transformar el sentido de sus imágenes. Le da a cada objeto o sujeto en pantalla una oportunidad de mostrarse. En su composición todo importa, todo juega un rol, por más que a primera vista parezca algo circunstancial. Mejor dicho: el ojo de la cámara da tiempo para que todo pueda volverse significativo.

Aun así, Sulca sabe perfectamente cómo hacer que algo sobresalte por encima de su ambiente. Gira su cámara, ajusta el foco, convierte el plano estático en uno móvil, persiguiendo a sus personajes mientras se desplazan. Aunque todo es significativo, no todo tiene la misma importancia.

Ya sea que el canto sea una celebración de la vida, una forma de guardar luto o una presentación, el poder de la palabra y de la música se hacen presentes. Cuando las protagonistas de Teloneras cantan, la cámara no teme aproximarse a ellas, paseándose por la banda, por su entorno, develando el perro que ladra al camarógrafo o la combi que se detiene detrás. No obstante, siempre regresa a sus intérpretes, recordándonos que ellas son el hilo conductor de todo lo que vemos en pantalla y lo que se nos sugiere que existe fuera de ella.

Si en el mundo del cine la mirada de un personaje tiene poder, Sulca demuestra que la voz no se queda atrás.


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