El holandés Paul Verhoeven nunca ha sido un cineasta particularmente sutil. Desde la sátira social de un blockbuster como “Robocop”, hasta producciones más “artísticas” como “Elle” o Black Book, el afamado director siempre ha tenido algo que decir sobre una gran variedad de temas, y lo ha hecho de manera explotadora, exagerada y, muchas veces, sin tomarse demasiado en serio a sí mismo. Claramente, esto funciona muy bien la mayor parte del tiempo, pero también puede resultar en películas de calidad cuestionable, como la infame “Showgirls” (aunque vale la pena decir que aquel thriller erótico ha estado siendo revaluado en los últimos años; será cosa de verlo nuevamente).

Con “Benedetta”, Verhoeven se ha adentrado en el mundo de las monjas italianas del siglo XVII, en plena pandemia por la Peste Negra. Es un contexto cruel, violento y lleno de enfermedad, el cual es presentado de manera explícita en su más reciente película, dejando al espectador con ganas de darse un buen duchazo. Pero por otro lado, también logra transmitir temas interesantes relacionados a la crueldad del fervor religioso, y a cómo la devoción extrema puede limitar a las personas, haciendo que se sientan culpables por sus propios cuerpos y su sexualidad. Claramente, los miembros más creyentes del público no la pasarán bien con “Benedetta”; seguramente considerarán al filme como blasfemo. Los demás, sin embargo, entenderán lo que Verhoeven ha querido decir —por más de que lo haya hecho, previsiblemente, de manera explotadora y cínica y hasta con toques de camp.

La “Benedetta” del título es interpretada por Virginie Efira —es una joven que fue vendida de niña por su padre al convento dirigido por la Madre Felicita (Charlotte Rampling), y que le ha dedicado la mayor parte de su vida al Señor. Sin embargo, ya de adulta, va descubriendo que tiene una comunicación directa con Jesucristo, a través de visiones inesperadamente eróticas, muchas de las cuales involucran al hijo de Dios defendiéndola a capa y espada (literalmente). Es así que Benedetta se va transformando en una figura controvertida y sagrada en el convento y el pueblo que lo rodea, demostrando signos de stigmata, y entablando una relación lésbica con la hermana Bartolomea (Daphne Patakia). Esta última llegó al convento de improviso, rogando por su vida, escapando de su padre y hermanos que habían estado abusando de ella.

El material promocional de “Benedetta” pintaba a la película como una suerte de drama romántico queer, como una “Vida de Adèle” con monjas en un convento. Pero al ser el director Paul Verhoeven, no hace falta decir que ese no es el caso. De hecho, el componente erótico queer es menos prominente de lo que uno asumiría —solo hay un par se escenas de sexo (explícitas, sí, pero relativamente cortas y con menos male gaze del que hubiera imaginado), y la mayor parte del metraje está dedicado a la vida de ambas monjas en el convento, y a cómo van desafiando las expectativas que sus superiores tienen de ellas. Gradualmente, Benedetta se va comportando más y más como una suerte de mesías, o al menos, como ella dice, como “la novia de Jesús”, prometiendo que será capaz de salvar al pueblo de la Peste Negra.

De hecho, es así que Felicita, eventualmente, se va del convento para traer al Nuncio de Florencia, interpretado por un deliciosamente maligno Lambert Wilson (“Matrix Recargado”). Él es la representación máxima de la opresión masculina —y religiosa— de la época, un hombre blanco y privilegiado, pero también corrupto, que cuenta con una concubina embarazada (cómo olvidar la escena donde le “lanza” un poco de leche de su seno al personaje de Rampling), y que sin embargo profesa ser un enviado del Señor. Su presencia amenaza con destruir las vidas de Benedetta y Bartolomea, lo cual resulta en escenas de confesión, juicio y hasta torturas (esto último no es presentado de manera tan explícita, pero las implicaciones son francamente horribles).

“Benedetta” termina siendo el tipo de película donde las dos protagonistas aparecen en varias escenas completamente desnudas por ninguna razón aparente (consideren, en particular, la última escena del filme). O donde también cierto personaje decide quemarse a sí misma en la hoguera, o donde una pequeña estatua de la virgen María es tallada para convertirse en dildo. Verhoeven parece estar deleitándose en lo blasfemo, culpando a la religión y a la devoción extrema de la represión sexual —especialmente hacia las mujeres—, el temor hacia el cuerpo humano, y los comportamientos ilógicos que son interpretados como presencias divinas. Benedetta habla frecuentemente como poseída, dando a entender que está trabajando como la portavoz de Jesucristo. La película nunca da una respuesta concreta sobre la veracidad de sus milagros, pero al menos utiliza a Bartolomea como la representante del espectador, siempre cuestionándola.

Eso se debe a que, al final del día, aquellas respuestas no importan. Puede que Benedetta haya estado mintiendo, o que de verdad haya creído en todo lo que decía. Puede que sus visiones hayan sido apariciones divinas, o que simplemente haya tenido algún tipo de problema psiquiátrico. Pero para efectos de la historia que Verhoeven está contando, y de los temas que está intentado desarrollar, nada de eso importa. Lo que importa es el efecto que Benedetta tuvo en el pueblo y en sus habitantes, desafiando el status quo religioso, demostrando que una mujer, después de todo, podía ejercer algo de poder por sobre sus superiores masculinos. Resulta satisfactorio verla incitar una pequeña revolución por parte del pueblo, y más, todavía, enterarse de que la “verdadera” Benedetta logró vivir hasta los 70 años en el mismo convento.

Sí, “Benedetta” es el tipo de película que los hará reflexionar sobre su propia espiritualidad y el rol de la religión en sus vidas, pero creo que tampoco es necesario que se la tomen tan en serio. Puede que los temas que Verhoeven presenta sean “importantes”, y que haga pasar a sus personajes por situaciones verdaderamente terribles, pero a la vez, todo está presentado con cierto tono campy imposible de ignorar, haciendo uso de todo tipo de excesos que no se sentirían fuera de lugar en una producción más de serie B. “Benedetta”, felizmente, logra ser un poco más que una película trashy del montón, y aunque muchos no la pasarán bien con las frecuentes escenas de desnudos y violencia —¡Jesús decapitando gente!— e imágenes blasfemas, quienes sepan exactamente a qué se están metiendo, probablemente rescatarán mucho del contenido temático y simbólico. Eso sí, dudo mucho que la lleguen a estrenar en cines peruanos… por obvias razones.