[Crítica] «Amor sin barreras»: West Side Story a la Spielberg


Ya era hora de que el maestro Steven Spielberg se anime a dirigir un musical. Quienes hayan disfrutado del prólogo de “Indiana Jones y el Templo de la Perdición”, o se hayan fijado en lo meticuloso que puede ser el afamado cineasta a la hora de coreografiar los movimientos tanto de sus actores como de su cámara, sabrán que se trataba de la persona perfecta para traer un film de ese tipo a la pantalla grande. Lo que muchos no se hubieran imaginado, sin embargo, es que elegiría realizar un remake del clásico “Amor sin barreras” (1961), de Robert Wise, inspirándose tanto en aquella versión, como en el musical de Broadway de fines de los años 50.

Estrenar un remake de una película tan conocida siempre iba a ser riesgoso. Involucraría meterse con la nostalgia que mucha gente siente por ella, y también ir en contra de las expectativas que podrían tener de ciertos personajes o giros narrativos. Pero felizmente, Spielberg siendo Spielberg, ha estado a la altura de la tarea. Esta nueva versión de “Amor sin barreras” es un excelente musical, una película inesperadamente emotiva que brilla tanto durante los números de música y danza, como durante las secuencias de interacción entre personajes, drama y violencia. Se trata de una de las mejores películas de este 2021, y hasta de una de las mejores propuestas de Spielberg en un buen tiempo.

Como muchos ya deben saber, “Amor sin barreras” es una suerte de reinterpretación de “Romeo y Julieta”, de William Shakespeare, solo que se lleva a cabo en la Nueva York de los años 50, y cuenta la historia de la rivalidad entre dos pandillas locales: los Jets (inmigrantes blancos de primera generación) y los Sharks (inmigrantes puertorriqueños recién llegados). Se trata de una premisa potencialmente muy relevante, que tiene mucho qué decir sobre lo absurdos que pueden llegar a ser estos conflictos, especialmente cuando se tornan violentos, y tienen sus raíces en la discriminación y el racismo. Si “Amor sin barreras” era relevante en los años 60, se podría argumentar que lo es incluso más hoy en día.

Pero al estar basada en la ya mencionada obra del buen Bardo, vale la pena asumir que hay un romance en el centro de la historia. En este caso, tenemos a Tony (Ansel Elgort), el cofundador de los Jets, que acaba de regresar a casa reformado luego de haber estado un año en la cárcel, y la inocente María (Rachel Zegler), la hermana del líder de los Sharks, Bernardo (David Álvarez). Cuando este último se entera del amorío, el conflicto entre ambas pandillas llega a un punto de ebullición, haciendo que nuestros protagonistas lo arriesguen todo para terminar juntos. Sin embargo, si están familiarizados con “Romeo y Julieta”, sabrán que no se trata de una historia con un final particularmente feliz.

Si bien la cinta original de David Wise es un clásico (y con justa razón), vale la pena admitir que Spielberg ha logrado modernizar a “Amor sin barreras”, de tal manera que se termina sintiendo más significativa que nunca. Las secuencias de música y baile son extremadamente enérgicas, aprovechando las ya famosas canciones de la banda sonora para desarrollar momentos visual (y sonora)mente memorables. Spielberg mueve su cámara con aplomo, rodeando los cuerpos en movimiento, haciendo que sus actores y actrices entren y salgan del encuadre en los momentos precisos, utilizando el color de manera extremadamente simbólica (préstenle atención al vestuario de María). Ver “Amor sin barreras” es ver a un Spielberg experimentado, que mantiene todo bajo control, dándole un propósito muy específico a cada plano y movimiento de cámara. Es espectacular.

Por otro lado, esta nueva versión de “Amor sin barreras” hace un mejor trabajo con el cásting, utilizando a actores latinos (o de ascendencia latina) para interpretar los roles de los Sharks y sus familiares. Ayuda, además, que todos los actores y actrices principales sepan cantar muy bien, y se muevan como verdaderos bailarines durante las secuencias musicales, haciendo que uno quede hipnotizado al ver la sincronía entre los diferentes cuerpos, o al escuchar la extraordinaria voz de Rachel Zegler. Es verdad que muchos de estos artistas no son de origen específicamente puertorriqueño, pero igual logran hacer un buen trabajo con sus respectivos papeles, hablando en español con frecuencia, o haciendo uso del popular spanglish, para otorgarle un estilo más bien casual y naturalista a varias escenas.

Como María, Rachel Zegler está verdaderamente magnífica. Su química con Elgort es palpable, y logra desarrollar a su personaje como una chica inocente, muy madura en ciertos aspectos pero no tanto en otros, y que quiere algo de paz en el barrio, especialmente por parte de su agresivo hermano. Como se ha dicho ya, además, su voz es magnífica, haciendo que todas las canciones que canta brillen y se queden grabadas en la memoria del espectador. Por su parte, Ansel Elgort es un poco más tieso; convence durante los momentos más dramáticos, pero se siente menos apasionado que sus compañeros durante las secuencias de canto, careciendo de su fisicalidad o emotividad musical. Ariana DeBose es energía pura como Anita (aunque destaca también durante los momentos más serios); Mike Faist (el clon de John Mulaney) resalta como un Riff extremadamente atlético y sorprendentemente intimidante; y la gran Rita Moreno está de vuelta, esta vez interpretando a Valentina, quien reemplaza al Doc de la versión original.

Como era de esperarse, a pesar de ser un musical enérgico y frecuentemente alegre, mientras la historia va desarrollándose, “Amor sin barreras” se va tornando más oscura y violenta, dando a entender que el romance entre Tony y María no terminará bien. Spielberg no se aleja de la violencia, demostrándola cruentamente, y aunque el desenlace es apropiadamente trágico —y seguramente hará que más de un miembro del público se ponga a llorar— no se siente melodramático ni exagerado. “Amor sin barreras” maneja un buen balance entre música, danza, drama y comentario social, mejorando los aspectos técnicos de su predecesor, sin llegar a copiarse de lo que Wise y su equipo hicieron hace sesenta años. Este nuevo filme es una reinterpretación de una historia que ya conocemos; homenajea a lo que vino anteriormente, pero también cuenta con sus propias ideas.

“Amor sin barreras” me sorprendió gratamente. Considerando lo terribles que pueden llegar a ser la mayoría de remakes, el que Spielberg haya sido capaz de reinterpretar y mejorar un clásico del cine y de Broadway de manera tan espectacular debería ser considerado como un pequeño milagro. Haciendo uso de todos sus poderes como cineasta, le ha inyectado nueva vida y más energía a esta historia, haciendo que se sienta más relevante que nunca. Incluso aquellos que no hayan visto ni el filme anterior ni la obra de teatro se encontrarán con un musical que vale la pena ver (especialmente en la pantalla grande). “Amor sin barreras” es de lo mejor que Spielberg ha hecho en un buen tiempo, y la prueba máxima de que debería dirigir más musicales. ¡Espero que este no sea el último!

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