[Crítica] “Jurassic World: Dominio”, otra secuela intercambiable

[Crítica] “Jurassic World: Dominio”, otra secuela intercambiable

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Desgraciadamente, la franquicia de “Jurassic Park” (y más puntualmente, la nueva trilogía de “Jurassic World”) ha culminado de manera absolutamente genérica. Mientras que la primera “Jurassic World” se sintió como un cuasi reboot súper nostálgico, con algunos elementos que funcionaron y otros que no, y “Jurassic World: Reino caído” funcionó (hasta cierto punto) gracias a la estilizada dirección de J.A. Bayona, “Jurassic World: Dominio” se siente como un intento desesperado por generar interés en una saga que hace rato se quedó sin historias para contar. Algunos comentaristas han comparado a esta película con “Star Wars: Episodio IX – El ascenso de Skywalker”, y desgraciadamente, se trata de una evaluación atendible.

Lo cual es una pena, porque estoy seguro que mucho se podría contar en un mundo inundado de dinosaurios. Considerando que la cinta anterior terminó con un grupo enorme de estas criaturas prehistóricas sueltas por el mundo, las posibilidades eran infinitas: ¿cómo cambiaría nuestro planeta y nuestra sociedad si es que tuviéramos que convivir con los dinosaurios? ¿Cómo se verían afectadas nuestra fauna y flora? ¿Qué tendrían que hacer los diferentes gobiernos al respecto? “Jurassic World: Dominio” trata de responder todas estas preguntas, pero lo hace de la manera más superficial y aburrida posible, obligando a nuestros protagonistas a abandonar este contexto tan rico en potencial para irse… bueno, ya saben, seguramente: a otro “parque” aislado creado por científicos.

Qué original.

En este caso, sin embargo, no se trata de un parque público de diversiones, sino de un valle creado por una empresa llamada “BioSyn” (sí, como Bio-Sin… pecado biológico… ¡qué sutil!). Cuando Maisie Lockwood (Isabella Sermon), la hija putativa de Owen Grady (Chris Pratt) y Claire Dearing (Bryce Dallas Howard), es secuestrada por unos matones contratados por dicha corporación, nuestros protagonistas se ven obligados a viajar a Malta para seguir el rastro de los criminales, haciéndose amigos de Kayla Watts (DeWanda Wise), una contrabandista que quiere limpiar su conciencia. Es ahí donde se ven involucrados en la secuencia de acción más interesante del filme, y es luego de eso que terminan llegando al valle de BioSyn.

A la par, tenemos a los personajes principales de la trilogía clásica (porque no podían culminar la saga sin apelar a la nostalgia de los fanáticos millennials). Ellie Sattler (Laura Dern) convence a Alan Grant (Sam Neill) de trabajar con ella, ya que la gente de BioSyn ha creado a unas langostas gigantes con DNA prehistórico, que podrían acabar con la fuente de comida del mundo entero. Es ese problema el que los lleva…. bueno, al valle de BioSyn, donde Ian Malcolm (Jeff Goldblum) trabaja dictando clases sobre filosofía y caos… para una corporación maligna (¿?). Previsiblemente, ambos grupos de personajes terminarán encontrándose, todos interesados en acabar con BioSyn y sus nefarios objetivos.

De manera similar a la película ya mencionada de Star Wars, “Jurassic World: Dominio” está llena de eventos: muchas cosas pasan, y sin embargo la trama se siente gratuita, casi inexistente. En términos generales, se trata de una narrativa sencilla: hay una corporación maligna (como InGen en el pasado) que quiere utilizar animales prehistóricos de manera poco ética, y nuestros protagonistas tienen que detenerla. Pero el guion desarrolla esta premisa de manera innecesariamente enredada, todo para justificar el encuentro entre las dos generaciones de personajes, y de paso, para relacionar a esta nueva entrega con lo que vino anteriormente. Sino, ¿cómo explican que el villano de turno sea Lewis Dodgson (Campbell Scott), el agente de InGen que trabajó brevemente con Dennis Nedry (Wayne Knight) en la primera “Jurassic Park”?

No es que las referencias a las películas clásicas debieran estar prohibidas; es que se sienten increíblemente forzadas en “Jurassic World: Dominio”. Consideren la manera en que Ellie convence a Alan de trabajar con ella. Se entiende que la extraña y que hasta sigue interesado en ella de manera romántica, pero considerando los eventos de la primera y, especialmente, de la tercera película, deberían haber encontrado una mejor forma de incluir a Alan en la historia. De hecho, en la tercera entrega, él estaba completamente empecinado en no regresar a la isla de dinosaurios, harto de que sus estudiantes siempre le pregunten por Jurassic Park. Sam Neill es lo máximo, pero el Alan de “Jurassic World: Dominio” se siente como un personaje bastante distinto al que hemos visto antes.

Pero fuera de esos detalles, muy propios de esta franquicia en particular, el mayor problema de “Jurassic World: Dominio” es que se siente increíblemente genérica. Esa sensación de asombro tan presente en las cintas dirigidas por Spielberg, o hasta ese tono tan serie B que el mismo Trevorrow decidió otorgarle a la primera “Jurassic World”, están totalmente ausentes en esta nueva secuela. Hay varios nuevos dinosaurios, pero ninguno logra aparecer lo suficiente como para destacar, y por alguna razón se le da prioridad a las benditas langostas. Considerando lo alejada de la realidad que está ya la franquicia, estoy seguro que hubieran podido desarrollar la misma premisa utilizando a algún dinosaurio de catalizador, en vez de… langostas.

Narrativamente hablando, entonces, “Jurassic World: Dominio” es más de lo mismo (por sexta vez), y ahora que han decidido incluir tanto a los personajes nuevos como a los clásicos, se siente sobrecargada. Tomemos el tercer acto, donde tenemos a un grupo de SIETE (¡!) personajes importantes corriendo por ahí, lo cual resulta en muchos de ellos prácticamente desapareciendo y mezclándose con el fondo. Eso sí, al menos no se puede decir que la película sea aburrida (de hecho, es lo mejor que se puede decir de “Jurassic World: Dominio”). El filme se mueve a buen ritmo, algunas de las secuencias de acción son suficientemente emocionantes (la ya mencionada persecución en Malta es lo mejor que la película tiene para ofrecer), y por más de que no estén bien utilizados, da gusto ver a los personajes clásicos de la primera trilogía.

De hecho, disfruté mucho de las interacciones entre Alan, Ellie y Malcolm. Sí, Alan se siente muy distinto a como lo recordábamos, pero Sam Neill hace todo lo que puede por inyectarle algo de vida; lo mismo se puede decir de la Ellie Sattler de Laura Dern. El Ian Malcolm de Jeff Goldblum, por otro lado, es utilizado como comic relief; por ende, él se lleva la mayoría de líneas de diálogo memorables y graciosas. Desgraciadamente, los protagonistas de “Jurassic World” no corren la misma suerte. A Chris Pratt se le ve aburrido, apagado —su Owen Grady carece de personalidad y encanto, lo cual sorprende, porque bueno… se trata de Chris Pratt. La Claire de Bryce Dallas Howard es tratada muchas veces como una damisela en peligro (increíble que no haya aprendido mucho luego de tres películas), y la Maisie Lockwood de Isabella Sermón es construida como una adolescente quejona. ¡Justo lo que la franquicia necesitaba! La única que verdaderamente destaca es DeWanda Wise; su Kayla Watts tiene más personalidad y carisma en sus increíbles ojos que Owen y Claire juntos.

Es una pena que la trilogía de “Jurassic World” concluya de manera tan sosa. No es que las dos entregas anteriores me fascinen, pero al menos tenían un poco más de personalidad y estilo. Y por supuesto, siempre seguiré siendo un gran fanático de la primera “Jurassic Park” —uno de los blockbusters más entretenidos y memorables de los años 90 (hasta la segunda tiene lo suyo, gracias a la dirección del buen Spielbergo). Pero aunque “Jurassic World: Dominio” logra entretener de manera superficial —porque dinosaurios—, y no carece de momentos tensos y una que otra línea de diálogo graciosa, lamentablemente se termina sintiendo como un producto cínico, redundante, y finalmente, bastante decepcionante. Creo que ahora sí hay que dejar descansar a los dinosaurios para siempre.

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