“Ni con Dios ni con el diablo” (1989): malos presagios

“Ni con Dios ni con el diablo” (1989): malos presagios

La primera vez que aparece Sendero Luminoso en acción al interior de la comunidad campesina en un largometraje peruano de ficción es en Ni con Dios ni con el diablo (1989) de Nilo Pereira del Mar.

En Ni con Dios ni con el diablo, Jeremías (Marino León), es un joven pastor de alpacas a quien el brujo de la comunidad le revela un mal presagio: sobre el pueblo caerá una maldición, como si Dios y el diablo estuvieran de acuerdo en destruirlo; y le da un consejo: debe apresurarse a escapar del infierno que se avecina. Casi de inmediato, un destacamento senderista entra al pueblo, ajusticia a un comerciante corrupto, y nombra nuevas autoridades. Tomás –primo de Jeremías- se convierte en el representante político de Sendero Luminoso, y Jeremías –en contra de su voluntad- es designado secretario de cultura, mientras que a Rosuca se le adjudica el cargo de secretaria de economía. Cuando la columna parte, ingresan los militares, quienes dan muerte a Tomás. Sin embargo, Jeremías y Rosuca logran huir; pero Rosuca, a mitad de camino, decide quedarse en el campo, y Jeremías trepa solo a un tren, rumbo a Lima, donde no podrá eludir a la violencia. Más tarde llegará también Rosuca a la capital, escapando de Sendero Luminoso, a cuyas filas se incorporó por un tiempo.

Según el director, Nilo Pereira, la idea del filme surgió a partir de la lectura de la novela El retoño, de Julián Huanay, publicada en 1950, donde se narraban las peripecias de un niño campesino que arribaba a Lima por primera vez. Pereira contempló partir del relato de Huanay para abordar el drama de los jóvenes campesinos que emigraban a consecuencia de la violencia política de la década de 1980. Ni con Dios ni con el diablo fue rodada en la localidad de Pachacayo (departamento de Junín), y en Lima.

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La comunidad entre dos fuegos

Si bien es verdad que La boca del lobo había representado antes el drama de la población que se encontraban entre dos fuegos, lo había hecho desde el punto de vista de un agente del orden, eludiendo por razones estéticas y pragmáticas la mostración de senderistas actuando dentro de la comunidad. En La boca del lobo se podían ver los efectos de los ataques subversivos, pero no a los senderistas en acción. En Ni con Dios ni con el diablo, en cambio, se puede observar una “asamblea popular” dirigida por una líder de Sendero Luminoso en la que es, sin duda, una de las escenas más memorables del filme, sobre todo por el “ajusticiamiento” del comerciante, a quien ejecutan aplastándole la cabeza con una piedra de gran tamaño.

El filme reconstruye, así, casi documentalmente hechos de los que se tenían noticias en Lima, pero de los que se carecía de imágenes: ingreso de Sendero Luminoso en la comunidad, liderazgo femenino de la columna subversiva, reclutamiento forzoso de jóvenes, y juicio “popular”. Un aporte mayor de la película es haber mostrado directamente a Sendero Luminoso como ajeno a los intereses de la comunidad. En el reclamo, no atendido, del padre que ruega que le dejen a su hijo para poder sobrevivir se aprecia la lejanía entre la organización sediciosa y el campesinado. En la ceremonia de la ejecución, además, los rostros serios y consternados de los comuneros no expresan, en modo alguno, aprobación del acto.

A propósito de rostros, aunque el filme no profundiza demasiado en las características sociales y psicológicas de los subversivos, son -a diferencia de La boca del lobo– seres con rostros, mientras que los militares que incursionan después en la comunidad carecen de estos.  La escena de la entrada de los efectivos del Estado se construye como sigue: Jeremías dormita mientras pace a sus alpacas en una montaña, y lo despierta el ruido de un camión. La cámara, con ángulo picado y plano general muy abierto, observa al vehículo ingresar al pueblo. Luego, se ve a los soldados, de espaldas, descender del camión, gritando. Están, además, vestidos de negro y con pasamontañas. Cuando se les toma frontalmente, es a contraluz. Nunca se les ve las caras. El punto de vista es el de Jeremías, para quien estos “invasores” son más extraños a la comunidad que los mismos senderistas. 

Pese a sus diferencias, existe una coincidencia entre Ni con Dios ni con el diablo y La boca del lobo en el modo como son percibidas las fuerzas del orden que irrumpen en las comunidades andinas. Aunque en el filme de Lombardi el punto de vista no es el de un campesino sino el de un militar, estas fuerzas son apreciadas también como un invasor ajeno a la comunidad, a diferencia de Sendero Luminoso que es juzgado como un germen de naturaleza interna.

Desplazados en Lima

La segunda hora de Ni con Dios ni con el diablo ubica la acción en Lima. Aunque es la parte más débil del filme, vale la pena referirse a ella porque Ni con Dios ni con el diablo fue también el primer largometraje de ficción que tocó el tema de los pobladores andinos que se vieron obligados a huir hacia la capital a causa de la violencia. 

Jeremías en Lima se dirige primero a casa de su padrino, un próspero ingeniero que años atrás contribuyó a la electrificación del pueblo. El padrino lo emplea como guardia de seguridad de una construcción, donde Jeremías es víctima de bromas racistas (“oye, parece que huele a llama, ¿cuándo has bajado?, ¿hablas castellano o solo hablas quechua?”), más tarde es acusado injustamente de robo, y despedido del trabajo. Luego labora de mozo en una fiesta en casa de un oficial de policía que por coincidencia tiene una lista de buscados por terrorismo en la que figura su nombre. 

La acción transcurre durante los días siguientes a la matanza de Uchuraccay. En tres escenas se hace mención explícita del hecho: cuando Jeremías huye en el tren ve un ejemplar del diario La República en el que se alcanza a leer: “Asesinan a 9 periodistas que querían entrevistar a jefes de Sendero”. Luego, durante la estadía de Jeremías en el asentamiento minero, camino a Lima, se escuchan en la radio noticias sobre la matanza. Finalmente, en casa del padrino, se escucha y ve información sobre Uchuraccay en televisión, pero el padrino ordena a la empleada: “saca eso, ya tengo bastante con mis problemas”.

La reacción del padrino parecería expresar la actitud de evasión de cierta clase media limeña que no quería darse aún por enterada de lo que estaba sucediendo. Resulta sintomático que se trate del mismo personaje que en un flashback se le ha visto decir al padre de Jeremías, luego de culminar los trabajos de instalaciones eléctricas, que “en Lima también luchamos para que todos los peruanos puedan vivir mejor”. El repliegue a los asuntos personales en desmedro del interés por lo problemas sociales parece claro, y se confirma más tarde cuando el personaje despide a su ahijado de la obra que está a su cargo. La desconfianza es el paso siguiente de este repliegue individualista, y de allí no falta nada para llegar a un estado paranoide.

Durante la fiesta que se da en la residencia donde Jeremías trabaja de mozo, hay un apagón y se nota con claridad la actitud paranoide de las señoras que se encuentran allí. Una de ellas refiere la anécdota (verdadera leyenda urbana) de que al subir al cuarto de la empleada para rebuscar entre sus cosas por si hubiera robado algo, encontró una metralleta. “¡Era una terrorista!”, exclama. A continuación, otro invitado pregunta a la dueña de casa, con desconfianza, después de que Jeremías le ha servido una copa: “¿y a ese dónde lo conseguiste?”. 

Racismo y paranoia, parecen conducir inevitablemente a una acción violenta. Esta Lima de gente individualista, desconfiada y agresiva es designada como un infierno por la joven empleada del hogar, Victoria, quien seduce a Jeremías. Tal definición es acorde con el presagio del brujo, que alertó a Jeremías de que se metería en un infierno. La canción Lima de Raúl Pereira que se escucha a la llegada del protagonista a la capital, y que se repite al final del filme, cuando arriba Rosuca, es del género tropical andino (chicha) y alude las esperanzas de estos nuevos migrantes, obligados por la violencia a abandonar sus hogares andinos; pero también al sufrimiento que les espera. El filme, en realidad, no les auguraba nada bueno: en Lima también estaba el infierno.

N.E.: “Ni con Dios ni con el diablo” se presentó en el Festival de Lima el 7 de agosto del 2022, en una versión remasterizada en HD, como parte de la sección Espacio Filmoteca PUCP.



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