Festival de Toronto: Walk Up (2022), de Hong Sang-soo

Festival de Toronto: Walk Up (2022), de Hong Sang-soo

Un punto de inflexión en la filmografía de Hong Sang-soo se revela en esta película. No es difícil reconocer las constantes del director en Walk Up (2022), sin embargo, son detalles los que parecen manifestar que el surgimiento de un efecto cambiante la distingue del resto. En esta historia retorna un nuevo alter ego protagonizado por su actor fetiche Kwon Hae-hyo, una vez más, interpretando a un laureado director de cine divorciado y provocando mucha atracción entre las mujeres. Este arriba junto a su hija al edificio de una vieja amiga con el fin de introducir a la primera al negocio de la segunda, el diseño de interiores. Aquí un detalle importante y ya recurrente en los personajes masculinos de Hong. Lo que acontece en este caso es un acto de saldar la deuda en un solo tiro. El protagonista no ve desde hace muchos a ambas mujeres. De pronto, el diseño de interiores se convierte en su motivo para saldar su ausencia en un solo encuentro. Ya después veremos cómo este, luego de hacer su labor benefactora del día, quita cuerpo para concentrarse en lo suyo. Hong siempre retratando a una masculinidad ingrata, esta vez en dos niveles, aunque sin contar con esas otras faltas que las mujeres mencionarán más adelante entre copas.

Pero esta es una película sobre pisos, niveles, etapas y de paso de intromisiones, algo que desde el principio ya se perfila. La anfitriona y dueña del edificio como bienvenida a los recién llegados les ofrecerá un recorrido de manera ascendente. Es casi como un paseo en un museo, incluyendo rótulos, los cuales la dueña dicta a manera de ir dando detalles sobre quién o cómo viven sus inquilinos. Seguido es que inician las típicas elipsis del cine de Hong. Walk Up se convierte así en una película en donde la historia —luego de su introducción— inicia desde las afueras del edificio hasta el último nivel de este. Cada ocupación de piso es una temporada distinta y, de igual forma, es un momento en particular del personaje de Kwon asumiendo un año sabático. Aunque no lo mencione, este argumento que acontece en una sola locación, entre cuartos apretados y las visitas indiscretas de la casamentera, nos retraen a la realidad pandémica. El encierro, la soledad o la depresión gravitan en la vida de este director que vive un descanso forzoso. Ahora, si bien la mudanza del protagonista es de manera vertical, esta tiene una interpretación casi cíclica. Es decir; a medida que el director ascienda espacialmente su vida reconocerá un colapso y como todo efecto cíclico su ascenso al piso tope equivaldrá a un reposicionamiento de su gloria.  

Entonces, se sobreentiende que el piso de en medio es el más difícil, el momento más crítico para el protagonista de Hong. Lo entiendo como el punto pico de la pandemia, ese instante en que la sensibilidad social está en su máxima, librada de egoísmo, dispuesta a abrazar lo que no apreció habitualmente o a soñar con una rutina inconcebible en los tiempos de normalidad. Eso es prácticamente lo que sucede con el personaje de esta historia cuando decide aferrarse entre las sábanas y clama por un poco de amor compasivo ante tanta abstinencia creativa. Se ha frenado además su deseo de comer. ¿Es en serio? Un personaje de Hong que no tiene apetito es casi irreal. Eso no es normal. Estamos ante una situación en crisis en donde, provisionalmente, el alter ego del surcoreano ha dejado de ser él mismo producto de la privación pública, esa plaza en donde sí es él. Walk Up reconoce su conflicto en los instantes en que se expresan acciones sintomáticas, personas que no comen, que no tienen en claro qué oficio asumir o simplemente no hacen más que meterse en la vida del resto al abrir correspondencias ajenas o husmear en sus intimidades. Lo cierto es que poco a poco las cosas van tomando su orden producto del subir. Hong Sang-soo nos presenta una película en donde la crisis se reconoce como un puente que se debe cruzar para llegar al punto inicial y gozar nuevamente de esos placeres mundanos, costosos, superfluos, pero que, ciertamente, son necesarios para un estímulo personal y creativo.



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