[Netflix] «Glass Onion»: Entre vidrios y cristales

glass onion 2022

Cuando hablamos del género de misterio en el mainstream cinematográfico de los últimos años, es posible encontrar diversas propuestas que incluso llegan a mezclarse con los apartados del terror moderno, el thriller psicológico o la comedia negra, creando así una gran diversidad de filmes que pueden encantar tanto a la crítica como a cierta parte del público. Sin embargo, el subgénero del whodunit, es decir, el de un detective que tiene que descubrir al culpable de un crimen (generalmente un asesinato), no ha sabido encontrar su lugar del todo bien, apareciendo así blandas adaptaciones como Sherlock Holmes (2009), Murder on the Orient Express (2017) o Enolas Holmes (2020), recordadas con cierto cariño por el público pero ignoradas por la crítica especializada; y arriesgadas propuestas como The Nice Guys (2016) o Hail, Caesar! (2016) que, a la inversa, recibieron el visto bueno de la crítica pero tuvieron poca química con el público general. Es así como, en 2019, Lionsgate lanzaría a las salas, de la mano de Rian Johnson, una película con un patrón similar pero que, gracias a sus diversos méritos, encantaría tanto a los espectadores regulares como a las personas más ávidas en el campo, Knives Out.

En términos generales, esta primera entrega destacó no solo por ser entretenida y encantadora a su manera, sino también por lo redondo de su propuesta, desenvolviendo el misterio de una manera inteligente a pesar de su simpleza narrativa; acompañando esto de una locación bien aprovechada, personajes carismáticos, buenas actuaciones y una ágil edición que invitaba a la audiencia a descubrir al culpable de la mano de Benoit Blanc, el detective en cuestión, incluso si esto demandaba diálogos expositivos de más o cierto abuso de flashbacks. En pocas palabras, era una experiencia tanto divertida como completa en lo que respecta al whodunit más ligero y cómico, ofrecía lo que prometía en un setting mucho más reconocible para las generaciones actuales y futuras, por lo que no sería sorpresa ver que, una pandemia y dos años después, tratarían de repetir el éxito con otra historia del detective Blanc, y qué mejor forma de hacerlo que de la mano del uno de las plataformas de streaming más grandes, Netflix. Llegó así Glass Onion (2022) casi a finales del año pasado, ofreciendo un nuevo asesinato por resolver así como una locación mucho más ambiciosa: una isla griega rodeada de lujos.

A manera de resumen, Glass Onion toma lugar un año después de los eventos de Knives Out, justo en el momento en el que Benoit Blanc es invitado de forma imprevista a la isla privada de un multimillonario, Miles Bron, quien, a manera de juego, ha decidido reunir a todas sus particulares amistades con el fin de resolver un misterio: el de su propio asesinato. Sin embargo, y como podría esperarse, la película toma cierta complejidad al momento de resolver el verdadero misterio, el cual, al igual que en la primera entrega, está escrito con sumo cuidado y detalle, recurriendo, nuevamente, a los ya mencionados flashbacks y explicaciones que, gracias al humor y agilidad con que se manejan, terminan encajando con el tono de la película, sin entorpecer el ritmo o romper la atmósfera que es capaz de crear en momentos tanto relajados como algo más intensos, aunque estos últimos, en ocasiones, no están del todo bien aterrizados. Habiendo dicho esto, son esos atisbos de seriedad donde es posible encontrarle mayor cantidad de flaquezas a la película, más que nada debido a que muchas de las críticas sociales que la película intenta ofrecer solo terminan en la mofa o la referencia absurda. Y no, no me refiero a la primera aparición de Blanc jugando Among Us, sino a los intentos de diálogos políticos que, más que serios, parecen comentarios sacados de algún foro de internet por la terminología moderna que en ocasiones se emplea, generando interacciones redundantes y flojas. Seguido a esto, es claro que esta es otra película cuya intención es criticar a la clase alta y su superficialidad, lo cual no resulta del todo novedoso pero que, gracias a la ejecución, se mantiene consistente. Por último, resulta necesario destacar la autoconciencia que la película maneja, más que nada considerando los diálogos que se escuchan hacia el tramo final, en un intento válido (no por eso menos tramposo) por defender lo ya criticado anteriormente, como una forma de justificarse.

Entrando en el apartado de personajes y actuaciones, no es que exista mucha complejidad dentro de las personalidades de la película, pero no por ello estos dejan de causar cierta impresión al momento de presentarse ante el espectador, siendo disfrutables gracias a su exageración y lo reconocible de sus arquetipos. En primer lugar, Benoit Blanc, el ya conocido detective, interpretado nuevamente por Daniel Craig, sigue manteniendo su peso dentro de la historia sin ser del todo intrusivo, con momentos más desordenados y vulnerables que lo hacen sentir más humano sin dejar caer su postura tanto analítica como carismática, recreando ese papel casi de espectador/narrador que tenía en la primera cinta. En lo que respecta al principal antagonista, Miles Bron, estamos ante un multimillonario con aires a cierta figura actual que, a pesar de ser otro narcisista pretencioso, tiene un desarrollo bastante correcto en la cinta, que, hacia el final, termina desvelando su verdadero ser; esto, sumado a la actuación de Edward Norton, lo hacen más disfrutable de lo que se podría esperar. En cuanto al resto de pintorescos personajes, estos funcionan para representar las principales cabezas de las distintas disciplinas que, de cierta manera, gobiernan la sociedad, ya sea la moda, las noticias, la ciencia o los medios de streaming, jugando diversos papeles dentro del misterio, siendo Andi Brand la que ofrece mayor juego dentro del caso, con ciertas revelaciones algo cuestionables pero que, de todas maneras, funcionan dentro de la cinta, esto gracias a Janelle Monae, quien despliega bastante bien su rango actoral a lo largo de la cinta.

Finalmente, en cuanto al aspecto técnico, estamos ante una megaproducción de Netflix tan bien lograda como armada, empezando por un diseño de producción bastante reconocible gracias a la presencia de la muy mencionada “cebolla de cristal” encima de la mansión de Miles. Por su parte, el diseño de vestuario también hace su aparición en la cinta con varias prendas tanto estilizadas como llenas de personalidad que ayudan a caracterizar a cada personaje. En cuanto a la fotografía, juega bastante con las perspectivas de los personajes y la del propio espectador, evitando ser plana y repetitiva, hecho que se ve agilizada gracias a una edición elocuente que ayuda en el ritmo de la cinta a pesar de su duración. Por último, el soundtrack de la película rememora bastante a otras del género con sus estilizados violines, ayudando a crear una atmósfera con cierta ironía debido al tono cómico de la cinta en los momentos que amerita-

En conclusión, estamos ante una muy divertida partida de “Clue” llena de carisma y un apartado técnico impresionante, pero que no termina de redondearse debido a un alto nivel de autoconciencia que le juego tanto a favor como en contra. Se generan momentos divertidos pero, al mismo tiempo, funcionando como un truco para justificarse ante ciertos comentarios y diálogos que resultan demasiado fáciles para una comedia tan bien escrita.

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