[Crítica] «BlackBerry» (2023), de Matt Johnson


BlackBerry” se siente como una historia con moraleja —como una advertencia de lo rápido que puede caer alguien que estuvo por un tiempo en la cima, y de cómo la arrogancia nos puede dejar ciegos ante un maremoto que está a punto de ahogarnos. Se trata de la historia de la gente detrás del teléfono que, por unos cuantos años, dominó el mercado de los móviles, pero que eventualmente fue destronado y hasta destruido por la llegada del iPhone (y de todos los smartphones con pantalla táctil que posteriormente salieron). Durante su época de apogeo, todo el mundo tenía o quería un BlackBerry; hoy en día, mucha gente ni los recuerda.

Evidentemente, “BlackBerry” está basada en una historia real, pero eso no quiere decir que sea igual de precisa o creíble que un documental. Mucho ha sido cambiado, mejorado, abreviado y ficcionalizado, y eso está bien. El filme está presentado de forma suficientemente realista, como para que uno entienda que buena parte de lo que desarrolla de verdad pasó, pero mucho tiene que ser tomado con pinzas. El director y coprotagonista Matt Johnson (famoso por “Nirvanna the Band the Show”, y especialmente por el video viral de YouTube “Update Day” de hace ya varios años) está más interesado en contar una historia intrigante y con personajes complejos que en imitar la realidad, adentrándonos en este mundo corporativo en donde la traición puede llevarse a cabo en cualquier momento, y en donde los empresarios más exitosos y populares pueden, de un día a otro, acabar en la ruina.

Nuestros protagonistas son Mike (Jay Baruchel) y Jim (Glenn Howerton). El primero es el CEO de Research in Motion, y el creador del smartphone moderno. El segundo es un tiburón corporativo que, eventualmente, se convierte en el otro CEO de dicha empresa. Mike es creativo —un brillante ingeniero—, pero necesita a Jim, un hombre de convicciones y poca paciencia, y un experto en generar ganancias. Entre los dos, y con la ayuda del relajado mejor amigo de Mike, Doug (Johnson), logran crear el BlackBerry, y convertirlo en el aparato de moda en los Estados Unidos (y el mundo) por varios años. Pero como deben saber ya, dicho reinado no fue eterno, y resulta fascinante ver también cómo estos personajes que llegaron tan rápido a la cima, terminan cayendo a la misma velocidad.

El primer tercio de “BlackBerry” es el más interesante. En él, vemos a un tímido Mike intentando sacar su empresa adelante, con el apoyo moral de Doug, un tipo más interesado en crear vínculos humanos y divertirse, que en hacer dinero o volverse famoso. La llegada de Jim se siente como un meteorito; devastadora y repentina. Pero es él, al final del día, quien logra convertir a Mike y Doug en gente de éxito; es él quien prácticamente los obliga a trabajar duro y ganarle a la competencia, y más que nada, a aprovechar la idea que había tenido por años (desarrollar una teléfono portátil con conexión a Internet). La relación entre Mike y Jim es tóxica y por momentos hasta agresiva, pero necesaria; se necesitan, por más de que no lo disfruten.

El segundo tercio nos narra el éxito de BlackBerry como empresa, pero también, los problemas con los que se van enfrentando nuestros protagonistas (por ejemplo, una potencial compra agresiva por parte del CEO de Palm Pilot… ¿se acuerdan de esos aparatos?). Y finalmente, el último tercio está dedicado a las consecuencias de las acciones de nuestros protagonistas, así como a la llegada del iPhone, un tipo de tecnología que ni el genio de Mike vio venir. Estaba tan cómodo en su éxito, tenía tanta arrogancia, que quedó ciego ante tal invención. Irónicamente, y a pesar de ser el más vago de los tres, el que salió mejor parado de todo esto fue Doug; en la vida real, vendió todas sus acciones de BlackBerry en el 2007, y se convirtió en uno de los hombres más ricos de los Estados Unidos (siempre manteniendo un perfil bajo).

Es así, pues, que “BlackBerry” se convierte en una interesante y entretenida crónica del alza y la caída de BlackBerry la empresa, y de los genios —y no tan genios— que la crearon. No es necesario ser un experto en tecnología o haber estado vivo en aquella época (o siquiera haber tenido un BlackBerry; yo nunca tuve uno) para disfrutar del filme. De forma similar a “Red social” de David Fincher, “BlackBerry” funciona porque se centra en personajes complejos y muy humanos, cada uno con sus propios intereses y conflictos, tanto externos como internos. Mike en particular resulta interesante; es un hombre de pocas habilidades sociales que se ve obligado a convertirse en la figura central (y pública) de una empresa enorme, cuando él siempre estuvo más interesado en la ingeniería de sus invenciones.

De hecho, el reparto hace un buen trabajo con sus roles (a pesar de que muchos se ven obligados a utilizar pelucas francamente vergonzosas). Baruchel interpreta al nerd perfecto; de buenas intenciones y muy creativo, pero de mucha ansiedad social. Un irreconocible Glenn Howerton (muy distinto a su popular personaje en “It’s Always Sunny in Philadelphia”) logra inyectarle intensidad y determinación a Jim, por más de que en el camino cometa ciertos errores garrafales. Matt Johnson destaca como Doug, un tipo que simplemente quería divertirse en el rubro que siempre le gustó (y con la gente que siempre le cayó bien). Y los roles secundarios son interpretados por actores de la talla de Martin Donovan, Cary Elwes (como el CEO de Palm Pilot), y Michael Ironside (siempre todo un deleite verlo en algo nuevo).

Por otro lado, “BlackBerry” está dirigida y fotografiada con un estilo pseudo documental, casi todo con cámaras en mano bastante nerviosas y enérgicas, y un montaje rápido pero jamás confuso. Felizmente la película no llega a marear, más bien manejando un tono suficientemente verosímil, que nos adentra en los eventos que relata sin sentirse sintética. Tanto los 90 como los principios de los años 2000 son recreados de manera convincente, y aunque estoy seguro que cuenta con ciertos errores técnicos o anacronismos, no hay nada acá que llame la atención de forma negativa. La historia y los personajes son lo que importa en “BlackBerry”, pero al igual que el fondo, la forma cumple con adentrarnos en el contexto en el que todo se lleva a cabo.

Si comparan a “BlackBerry” con algo como la ya mencionada “Red social”, seguro que sale perdiendo. No hay nada acá igual de fascinante o complejo que en la obra de Fincher. Pero tampoco se puede negar que este nuevo filme tiene lo suyo. Presentándonos protagonistas muy humanos —llenos de defectos y actitudes complicadas— y desarrollando una narrativa potencialmente aburrida de manera enérgica, “BlackBerry” funciona como un drama con toques de documental. Seguro aquellos que estuvieron vivos en esta época y contaban con un BlackBerry sentirán algo de nostalgia, pero el resto logrará disfrutar de un drama bien realizado, que sin llegar a estar entre lo mejor del año, igual vale la pena destacar.

Nota: Vi este film gracias a un screener cortesía de IFC Films.

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