[Crítica] «Origin» (2023), de Ava DuVernay


 “Origin” es una de las películas menos convencionales —pero a la vez relativamente comerciales— que haya visto en un buen tiempo. Es un biopic, pero también utiliza técnicas documentales. Es ficción, pero está basada en la vida, y más importante, en el trabajo de una personal real, Isabel Wilkerson. E intenta contarnos una historia, pero también se va convirtiendo, gradualmente, en una experiencia didáctica, concluyendo más como una lección en diversos temas relacionados a la discriminación, la crueldad y, más importante, la casta, que como un filme tradicional. Como suele pasar con la mayoría de películas que intentan hacer tanto, entonces, “Origin” no funciona del todo, pero igual es una experiencia fascinante.

Aunjanue Ellis-Taylor interpreta a Isabel Wilkerson, una académica afroamericana que vive una vida feliz con su esposo, Brett Hamilton (Jon Bernthal), y que se ha alejado un poco del mundo de las universidades y los profesores. Las cosas cambian, sin embargo, cuando se entera de la muerte de un chico afroamericano, quien fue atacado mientras caminaba solo por la noche en un barrio predominantemente blanco. Influenciada por sus colegas, Wilkerson decide comenzar a escribir un libro, centrado principalmente en el concepto de la casta: de como las diferentes minorías discriminadas en diferentes partes del mundo están relacionadas, y de cómo la violencia sistémica hacia ellas tiene muy poco que ver, en la mayoría de casos, con el racismo per se.

Es así que Wilkerson decide viajar a un par de lugares: primero a Alemania, para investigar el Holocausto y el tratamiento de los judíos por parte de los nazis. Y luego a la India, en donde se entera de la existencia de los dalit (antes conocidos como los «intocables»), el estrato más bajo de las castas en dicho país, cuyos miembros en muchos casos son relegados al humillante trabajo de limpiar el desagüe con la mano. El propósito de nuestra protagonista, entonces, se convierte en encontrar algún tipo de vínculo entre estas minorías y los afroamericanos en los Estados Unidos, misión que se vuelve incluso más urgente luego de que Wilkerson pasa por un par de situaciones personales innegablemente trágicas.

Independientemente de lo que el espectador pueda pensar de las conclusiones a las que llega Wilkerson en la película (y por ende, la autora en el libro que publicó en la vida real), no se puede negar que “Origin” plantea preguntas fascinantes, retándonos a repensar la forma en que consideramos a la discriminación en todas sus expresiones. El filme nos habla, entonces, no necesariamente sobre racismo, sino más bien de cómo este es utilizado como excusa para deshumanizar a ciertas personas como grupo, en algunos casos exterminándolas, y en otros casos utilizándolas como seres inferiores a animales u objetos. Resulta interesante, por ejemplo, cuando Isabel logra enlazar la forma en que los esclavos fueron tratados en los Estados Unidos, con la manera en que se comenzó a atrapar y asesinar a los judíos en Alemania; casi como si los nazis hubiesen sido influenciados por los norteamericanos esclavizadores años atrás.

Todo esto se transmite, lógicamente, a través del concepto de la casta: grupos de personas que, a través de la endogamia, son obligadas —ya sea consciente o inconscientemente— a vivir con personas iguales a ellas, casarse con personas iguales a ellas, tener relaciones sexuales con personas iguales a ellas, y en general, evitar a cualquier individuo distinto a lo que ya conocen. Es una forma de control; un sistema utilizado para reforzar la existencia de dichas castas, y para colocar a ciertos grupos por encima de otros, manifestando que algunos son superiores al resto, y que otros, por supuesto, son inferiores. Es ahí donde Wilkerson plantea que el racismo, en realidad, tiene poco que ver con la violencia aplicada a ciertas castas: por ejemplo, los nazis convencieron a mucha gente de matar a los judíos, es decir, gente blanca igual que ellos.

Ahora bien, si todo esto suena fascinante a nivel conceptual pero sin tener mucho que ver con una narrativa clásica… ya entendieron más o menos de qué tipo de película estamos hablando. Sí, como protagonista, Isabel tiene un objetivo específico (escribir su libro) y motivaciones tanto personales como profesionales. De hecho, las tragedias por las que pasa, así como la recreación de ciertos eventos —especialmente en la Alemania nazi— ayuda a darle un toque emocional a la cinta, la cual de por sí ya es bastante estimulante a nivel intelectual. Pero en términos generales, lo que tenemos acá es una película no tan interesada en una trama de estructura clásica, sino en desarrollar temas muy puntuales, por momentos casi exponiéndolos como si de una charla o conferencia académica se tratase.

Lo cual no va a convencer a buena parte del público, claro está. Por momentos, y especialmente gracias a una dirección bien naturalista, llena de cámaras en mano e iluminación (aparentemente) natural, “Origin” se siente más como un documental que como una película de ficción. Como si estuviésemos siguiendo a la verdadera Wilkerson en su investigación, mientras va encontrando los diferentes vínculos que justificarán la tesis de su libro. Pero a la vez, no se puede negar que, a nivel formal, la directora-guionista Ava DuVernay utiliza todos los recursos a su disposición para que el espectador conecte con el material. A veces de forma más intelectual que emocional, es verdad, pero igual la conexión está ahí.

Consideremos la potentísima actuación de Aunjanue Ellis-Taylor, quien se convierte, básicamente, en nuestra guía a lo largo de esta travesía. O de las destacables apariciones por parte de Jon Bernthal, Niecy Nash (como la madre de Isabel) o Victoria Pedretti (como una joven judía durante la aparición de los nazis en Alemania). “Origin” es una película retadora, que dejará a sus espectadores considerando las diferentes preguntas que plantea, o al menos reflexionando sobre la forma en que han percibido a la discriminación —en todas sus formas, tamaños y expresiones— a lo largo de los años. Puede que por momentos se sienta más como un documental didáctico que como una producción redonda de ficción, pero igual admiro los riesgos tomados por DuVarnay para contar la historia de Wilkerson. Ahora, solo queda leer sus libros para potenciar lo absorbido durante las más de dos horas de duración de “Origin”.

Nota: Vi este film gracias a un screener cortesía de NEON.

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