[Netflix] “Sueños de trenes” (2025), de Clint Bentley: el significado de la vida


Si hay algo que el ser humano siempre ha buscado, es el significado de la vida. ¿Por qué estamos en esta Tierra? ¿Cuál es nuestro propósito? ¿Y qué es lo que define nuestras vidas? ¿Nuestras acciones, relaciones, trabajo o intereses? Estas son algunas de las preguntas que Sueños de trenes (Train Dreams, 2025), de Clint Bentley, pretende explorar. Basado en la novela corta de Denis Johnson, el filme se desarrolla como una reflexión sobre una vida sencilla, protagonizada por un hombre que no podría ser más convencional, lo que sugiere que, después de todo, no es necesario ser famoso ni particularmente creativo o destacado para sentir que se ha llevado una vida plena. A veces, lo bello de la vida está en la sencillez y en la calma; en el amor y el dolor y la naturaleza.

Sueños de trenes comienza a principios del siglo pasado y se enfoca en Robert Grainier (el australiano Joel Edgerton, siempre recordado como el tío Owen joven en las precuelas de Star Wars), un leñador de pocas palabras y misteriosas ambiciones. El joven lleva una vida tranquila y sin muchas emociones, hasta que conoce en la iglesia a Gladys (Felicity Jones, de Rogue One) y se enamora inmediatamente de ella. Tan fuerte es la conexión entre ambos, de hecho, que pocos meses después se casan, para luego construir una cabaña juntos cerca de un bosque y eventualmente tener una bebé.

Robert es feliz, pero a la vez, sufre cada vez que llega la temporada de tala y se ve obligado a irse de casa para trabajar. Después de todo, la pasión de nuestro protagonista no se encuentra en su ocupación, sino más bien en su familia; en el amor que siente por su esposa e hija. No obstante, es a través de su trabajo que conoce a una serie de personajes interesantes, desde un inmigrante chino llamado Fu Sheng (Alfred Hsing) quien termina acosándolo en sus sueños, hasta un viejo apasionado por la naturaleza llamado Arn Peeples (William H. Macy), quien básicamente se convierte en su único amigo. Pero cuando un incendio forestal resulta en una tragedia personal para Robert, su vida termina cambiando por completo, alterando la visión que tiene de la realidad y su familia.

Sueños de trenes es una cinta reflexiva y calmada que, sin embargo, nunca se siente repetitiva o aburrida. Esto se debe al excelente trabajo de edición de Parker Laramie, pero también al guion de Bentley y Greg Kwedar, el cual explora la vida y motivaciones de Robert de forma fascinante. Después de todo, tenemos acá a un hombre sin mayores ambiciones y de intelecto “regular”; sin grandes pasiones en la vida y de pocas palabras. Pero es precisamente porque se trata de un ser humano común y corriente que el filme se puede dar el lujo de explorar lo que nos hace humanos a la mayor parte de la población del planeta. Evidentemente, hay gente que logra destacar en varios ámbitos de la vida más que otra, pero lo que la historia postula es que aquello que llama menos la atención, aquellas cosas sencillas de la vida, son las que al final nos hacen más felices.

Es así, pues, que resulta muy interesante tener de protagonista a un personaje que, inicialmente, parece tener problemas hablando sobre sus sentimientos y preocupaciones, pero que logra abrirse con personas muy específicas. Primero está su esposa, por supuesto, interpretada con dulzura y verosimilitud por Jones. Luego está el Peeples de William H. Macy (siempre un placer verlo en una película), quien le enseña la importancia de la naturaleza, así como el respeto que hay que tenerle a los árboles y los bosques. Y eventualmente, también está la Claire Thompson de Kerry Condon (gran actriz escocesa, a quien hace poco vimos en F1: la película), una mujer de personalidad fuerte que logra empatizar con Robert y sus problemas.

Ahora bien, si Sueños de trenes funciona, es también gracias al trabajo de Edgerton. El infravalorado actor australiano, quien siempre logra mantener un perfil bajo, interpreta a nuestro protagonista como un tipo sencillo, quien por muchos años vivió sin rumbo, para luego encontrar todo lo que necesitaba en su familia. Se trata de una persona simple no solo por lo que hace y lo que le interesa, sino también debido a sus orígenes: no sabe quiénes son sus padres verdaderos y se mantiene relativamente aislado del mundo, recién atreviéndose a salir de su zona de confort y visitar ciudades hacia el final de su vida. Edgerton hace mucho con poco, transmitiendo emotividad y dolor casi exclusivamente a través de expresiones faciales y lenguaje corporal.

Por otro lado, Sueños de trenes cuenta con una dirección de fotografía magnífica, para la cual el brasileño Adolpho Veloso ha sido muy merecidamente nominado a un Premio Óscar. Claramente inspirada en el aspecto visual del cine más reciente de Terrence Malick, la película logra capturar la belleza y el silencio de la naturaleza con aplomo, mostrando a los bosques y ríos y campos que rodean a Robert por buena parte de su vida como lugares hermosos, peligrosos, densos y llenos de vida. Es curioso: tenemos acá a un personaje que se dedica a talar árboles, pero que nunca se percibe como alguien que le falte el respeto a la naturaleza. Todo lo contrario, de hecho; y hace lo que hace (y eventualmente deja de hacerlo) únicamente por necesidad.

Algunos podrían sentir que Sueños de trenes es una película lenta, pero no creo que ese sea el caso. Más bien, se trata de una experiencia casi de ensueño (apropiado…), que se enfoca en las experiencias de vida de su protagonista; en la gente que conoce, que ama, que pierde y que lo rodea. Es una historia sobre la importancia de las conexiones que entablamos, de la naturaleza del mundo, y del dolor que sentimos cuando perdemos aquello que más amamos. Joel Egerton está excelente como Robert, y aunque el reparto secundario no tiene la oportunidad de desarrollar mucho a sus personajes, todos destacan positivamente. Este film les romperá el corazón, pero también los dejará con un mayor aprecio hacia la vida y la gente.

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