El milagro del cine brasileño: ¿volverán a ganar el Óscar este año?


Escribe Sebastián Maldonado

El otro carnaval, con muchas miradas que también denuncian

El director griego Costa-Gavras famoso por títulos como Estado de sitio, Missing y Z, donde denuncia los vejámenes y crímenes del terrorismo de Estado y las dictaduras militares, señaló en una entrevista que “el cine es una metáfora para contar lo que pasa en el mundo”. Algo que últimamente al cine del gigante sudamericano le ha resultado de maravilla a la hora de no solo exhibir su industria cinematográfica ante millones de espectadores alrededor del globo. Apelar a la memoria y a la verdad histórica ha sido la más reciente apuesta del cine brasileño que no solo quiere ser reconocido como la tierra del carnaval, fútbol, largas farras nocturnas y el bossa nova

El cine brasileño nos sorprendió el año pasado con su retorno a los premios de la Academia estadounidense, con el filme Aún estoy aquí, que no solo se llevó nominaciones como la de Fernanda Torres al Oscar a la mejor actriz, sino que obtuvo el galardón a mejor película extranjera. Este año la Academia ha nominado a El agente secreto de Kleber Mendonça Filho nuevamente en la categoría de filmes extranjeros.  ¿Podrá ser este el año del bicampeonato para Brasil?

Kleber nos sitúa en una trama ambientada en pleno gobierno del dictador Ernesto Geisel, cuyo periodo es una suerte de parteaguas entre la crudeza y sordidez que caracterizó la impunidad con la que actuaban los militares y la transición a la democracia que llegaría poco después. Es importante dar el contexto político de la época para que podamos adentrarnos al argumento: Wagner Moura interpreta a Armando, un profesor universitario que maneja por las carreteras del nordeste de Brasil, cambiando su identidad a Marcelo y escapando de un conflicto que mantiene con un corrupto empresario cercano al gobierno.  

La película no solo se encuentra nominada como mejor película extranjera, pues también están las nominaciones en la categoría de mejor actor para Wagner Moura, la de mejor película y mejor casting. Esto la hace una de las películas brasileñas con más nominaciones en los Premios Óscar desde Ciudad de Dios (2002). 

Un triunfo que le da aliento

El año pasado, Brasil volvió a resonar en el universo cinematográfico de la Academia cuando Aún estoy aquí, dirigido por Walter Salles (el mismo de Central do Brasil, nominada al Óscar en 1998). A diferencia de Central do Brasil, aquí nos inmiscuimos en la vida de la familia de un reconocido político, Rubens Paiva. Él es un furioso opositor a la dictadura militar que vivió el país durante la mayor parte de la década de los años 60 y 70. 

Instalados en el burgués barrio carioca de Leblon y parcialmente alejados de la caótica situación política que impera en el país, la calma se ve apagada cuando los militares irrumpen y detienen a Rubens y a su familia en su casa. Su esposa Eunice y su hija son excarceladas al poco tiempo, pero Rubens desaparece, sin quedar rastro alguno de él. Esto lleva a Eunice a buscar ayuda entre organizaciones de derechos humanos para enfrentarse a la dictadura y exigir la verdad sobre el paradero de su esposo. 

El cine de Salles caracterizado por mostrar siempre los grandes contrastes de la desigualdad y la realidad constante del país usa los elementos populares con los que se asocia mundialmente a la identidad brasileña: la playa, la música, el fútbol, la moda y la amabilidad. Por otra parte, el uso de una cámara en mano que le da la sensación de ser un cine de guerrilla más una cámara diegética de 16 mm para que nos sintamos inmiscuidos en la época. 

El uso de estos recursos fílmicos como el tono cálido en la imagen, sobre todo en los momentos felices y sumada a una acertada dirección de arte en la cual realza el color naranja como los vistos en la mesa de la sala o los estantes de los libros, nos pone en una atmósfera apacible capaz de absorbernos sin sospechar de la tragedia y su pronta irrupción capaz de poner todo fuera de su lugar.

Otras proezas del cine brasileño

Central do Brasil (1998) nos introduce en las peripecias que pasan Josué, un niño huérfano de madre, y Dora, una maestra jubilada que se ve obligada a trabajar en la Estación Central de Rio de Janeiro para poder pagar el alquiler de su departamento. Dora trata de ayudar al niño a encontrar a su padre. 

Salles utiliza los espacios con la luz natural y cámara discreta para permitir que las locaciones exteriores se sientan como parte de una extensión emocional del viaje. No hay efectos especiales, la estética y la iluminación está subordinada a la intimidad vinculante entre los personajes.

Esa película fue una bocanada de aliento para su época, pues apelaba a la redención en medio del abandono social y la crisis económica. Además, invitan al espectador a participar en este tránsito emocional. 

Ese Brasil que Salles interpreta en su filme, es uno golpeado por la corrupción, la crisis económica y la considerable cantidad de niños que se ven obligados a recurrir a las calles tras quedarse sin hogar. Muchos de ellos terminan recurriendo a la delincuencia, prostitución o al pandillaje para poder sobrevivir. La película fue nominada a los Premios Óscar en la categoría de mejor actriz y mejor película extranjera, de igual forma en los Globos de Oro donde ganó en la categoría de mejor película de habla no inglesa. 

En 2002, Fernando Meirelles y Kátia Lund dirigieron una historia ambientada en una de las favelas más peligrosas de Rio de Janeiro llamada Cidade de Deus (Ciudad de Dios), en pleno conflicto entre los dos criminales que controlaban la zona: Ze Pequeño y Mané Galinha. 

La película que, al principio, se centra en la década de los 60 y luego se va desarrollando de manera sucesiva en las siguientes décadas mostrándonos la decadencia de sus protagonistas, el crecimiento de la delincuencia en el lugar y la exploración en la fotografía de Buscapé, el protagonista.

Ambos directores imprimieron el realismo sucio como parte de la estética del filme. Por eso para darle el sentido de autenticidad que se merecía la historia, es que se rodó en una favela de verdad. Los actores jóvenes y niños tampoco fueron seleccionados entre las figuras del star system brasileño.  En dirección se priorizó el casting entre niños novatos y sin mucha experiencia. En los Oscar del año 2003 la película fue nominada en mejor montaje, mejor director, mejor fotografía y mejor guion adaptado. 

Un caso atípico

Un caso particular es la primera adaptación al cine de la novela del argentino Manuel Puig. El beso de la mujer araña, una producción brasileño-estadounidense de 1985, dirigida por el brasileño Héctor Babenco y protagonizada por Raúl Juliá, Sonia Braga y William Hurt. 

Para los que no han leído la novela, la trama de la película puede ser algo confusa. El guion de Babenco cambia la dictadura militar argentina por la brasileña manteniendo la parte sustancial de la trama: en una penitenciaría, dos personas muy distintas traban una amistad que particular y algo distópica para la época, pues uno es un homosexual afeminado y el otro un militante de izquierdas, convertido en preso político, bastante rabioso. 

La película fue nominada al Óscar en la categoría de mejor película, mejor director y mejor actor, la cual ganó William Hurt. También fue nominado a los Globos de Oro y a los BAFTA, donde William Hurt repitió el plato al ganar el premio de actuación. 

La fuerza del filme de Babenco radica en los diálogos y en los flashbacks de las escenas de las películas mencionadas por el personaje de Hurt. Estas escenas funcionan como una liberación para escapar del encierro y el contexto adverso en el que se encuentran ambos personajes. Al igual que en la novela, no sigue lineamentos propios de la estructura aristotélica, pues no hay un héroe ni un villano claro. 

Pueden ver Aún estoy aquí en Paramount+ y Apple TV, y Ciudad de Dios en Apple TV y HBO Max. Estación Central no se encuentra disponible para Perú. El agente secreto se estrenará en salas comerciales de Lima el 26 de febrero.


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