«Hoppers: Operación castor» (2026), vuelve el mejor Pixar


Pixar es una productora pionera en la animación digital, desde la época que apareció con sus geniales cortos a inicios de los años 90, así como cuando causó una verdadera conmoción a mediados de esa década con Toy Story, un largometraje en el que nadie confiaba y que de pronto se convirtió en un enorme éxito de taquilla que llevó a que todos los otros estudios abrieran sus divisiones de animación digital.

Pero no fueron los éxitos de taquilla lo que han hecho grande a Pixar sino también la enorme calidad de sus películas, cintas como Cars, Buscando a Nemo, A Bug’s Life, Monsters, Ratatouille, Up, WALL-E, The Incredibles, Toy Story 3, no solo eran historias con una narración impecable, sino que contaban con personajes entrañables, inolvidables que pasaron a formar parte de los buenos recuerdos de niños, pero también de adolescentes y adultos.

Pero como no todo es perfecto, ni lo bueno dura para siempre empezaron a aparecer algunas películas flojas y otras que no tuvieron tanto éxito. Además la competencia compuesta por Dreamworks, Sony Animation, Fox, la europea Ilumination e incluso la misma Disney, que terminó comprándola. La pandemia también golpeó a Pixar, algunos estrenos tuvieron que ir directamente al streaming y, salvo algunas excepciones, ya no se produjeron batacazos como la saga de Toy Story (razón por la cual han decidido continuarla, a pesar del cierre perfecto que tuvo con Toy Story 3).

Por eso siempre un nuevo estreno de la productora causa aún, cierta expectativa, como es el caso de la reciente Hoppers (2026), subtitulada en Latinoamérica como Operación castor. En ella se cuenta la historia de Mabel Tanaka, una joven universitaria que ama los animales y la naturaleza, quien un día ingresa al laboratorio de la doctora Sam con la sospecha de que están haciendo experimento con animales y termina descubriendo que tienen un programa que traslada la mente de humanos a robots hiperrealistas de animales, al estilo de Avatar (aunque la dra. Sam lo niega tajantemente).

En un descuido Mabel logra introducir su mente en el robot del castor y se escapa a un arroyo cercano, al que los animales misteriosamente han abandonado. Ella descubre que puede entender e interactuar con todos los animales, y se meterá en un problema ambiental que involucra a los animales y al corrupto alcalde de la ciudad donde vive.

El director David Chong no se complica, plantea el conflicto de inmediato y con una agilidad envidiable lo va desarrollando sin problemas, empleando varios recursos, pero sobre todo el humor, tanto el de tipo clásico, como un humor más contemporáneo, pero en todos casos efectivo.

Los realizadores han sabido también, crear personajes memorables, entrañables, desde la idealista Mabel, con sus principios, pero también con sus defectos como la impulsividad, o el empático Rey Castor, la verdadera estrella de la película, un ser enormemente leal y bondadoso, o el codicioso alcalde Jerry un villano quien finalmente aprovecha la oportunidad de redimirse.

Por otro lado son también evidentes los mensajes que quiere transmitir el film: como la importancia de conservar el entorno natural, o el comprender a otras especies así como una crítica al desarrollo sin control, pero estos mensajes están muy bien articulados y no quedan como moralinas impuestas.

En conclusión, Hoppers hace renacer las esperanzas en la productora de la lamparita blanca, no solo porque tiene una narrativa ágil y coherente, o porque ha elaborado personajes multidimensionales; sino también porque muestra que cuenta ya con nueva hornada de los directores (en este caso Chong se agrega a talentos como Adrián Molina o Domee Shi) que son dignos sucesores de la primera generación de directores y que tantos éxitos le trajeron a la productora, como Lasseter, Stanton, Unkrich, Docter o Brad Bird.


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