Recuerdo cuando vi Astérix y Obélix: Misión Cleopatra por primera vez. No en el cine –aunque estoy noventa y nueve por ciento seguro de que sí se estrenó en salas limeñas–, sino más bien en clase de francés, rodeado de mis compañeros de colegio, todos matándonos de risa. Tal impacto causó en mí el filme, de hecho, que le terminé pidiendo a mi papá que compre el DVD —y sí, hasta el día de hoy lo tengo como parte de mi colección. El Blu-ray, lamentablemente, es un poquito más difícil de conseguir.
Ahora bien, nada de esto es gratuito. Los cómics de Goscinny y Uderzo de Astérix y Obélix fueron parte importante de mi infancia. Puede que no haya crecido con las historietas de Marvel o DC, pero las aventuras de estos dos galos en la época del Imperio Romano ayudaron a que desarrollara una considerable pasión por la lectura, la cual, evidentemente, fue mutando a obras un poco más complejas con el tiempo. Pero por más que nunca haya sido un fan de los cómics en general, Astérix y Obélix siempre han tenido un lugar en mi corazón, tanto así que no dejo de probar cualquier nuevo videojuego, ver cualquier nueva película, o disfrutar de cualquier nueva propuesta narrativa o creativa perteneciente a la franquicia.

Menciono todo lo anterior para que quede bien claro que soy un fanático tanto de estos personajes en general como de esta película en particular. Razón por la que, apenas me enteré que el Festival de Cine Francés en Lima iba a proyectar la versión remasterizada en 4K de la película –comisionada por Pathé en el 2023– en cines, fui corriendo a comprar mi entrada. Y como se deben imaginar, no me arrepiento de nada. Astérix y Obélix: Misión Cleopatra sigue siendo tan hilarante, absurda, caricaturesca y desenfadada como lo fue cuando se estrenó por primera vez en el 2002 y, me atrevo a decir, la mejor adaptación de estos personajes al mundo audiovisual, por más que hayan salido varios filmes y series en años posteriores.
Esta es una adaptación bastante fiel del libro del mismo nombre, recreando varias de las situaciones, gags y escenas de acción y comedia presentes en el cómic. Al comenzar la película, se nos presenta a Numérobis (Jamel Debbouze, de Amélie), un arquitecto del Antiguo Egipto a quien se le encarga una misión por parte de la reina Cleopatra (Monica Bellucci, en un rol para el que nació). Resulta que la gobernadora de Egipto le apostó a Julio César (Alain Chabat, también director y guionista de la película) que podría construirle un palacio en el desierto en tres meses, y le ha ordenado a Numérobis cumplir con dicho reto.
Consciente de que construir un palacio en tan poco tiempo es imposible, el joven arquitecto decide traer a Egipto a su amigo, el druida Panoramix (Claude Rich) y, por supuesto, a los guerreros galos Astérix (Christian Clavier) y Obélix (Gérard Depardieu) para que lo ayuden. Después de todo, si se animan a darle la famosa poción mágica que otorga fuerza sobrehumana a los trabajadores de construcción, podrán llegar a la fecha límite de construcción con tiempo de sobra. Sin embargo, y como se deben imaginar, las cosas no pueden ser tan fáciles. No solo deben cuidarse del César y sus legiones, lideradas por Caius Canalplus (Dieudonné), sino también de Amonbofis (Gérard Darmon), un arquitecto rival capaz de hacer cualquier cosa por evitar que Numérobis y los demás cumplan su cometido.

Si leyeron el cómic en el que se basa la película, reconocerán muchos de los juegos de palabras y chistes que Chabat incluye en esta adaptación. Se me ocurren, por ejemplo, la escena en la que Obélix le rompe la nariz a la esfinge de casualidad; el discurso largo y aburrido que Otis (Édouard Baer, quien terminaría interpretando al mismísimo Astérix años después en Astérix y Obélix: Dios salve Britannia) le recita a nuestros héroes; o todas las referencias a la nariz hermosa de Cleopatra. Esto último, eso sí, no funciona tan bien como en el libro, y más bien se siente como un chiste sacado de contexto y mal aplicado.
Pero no importa, porque la mayoría de gags en Astérix y Obélix: Misión Cleopatra funcionan, lo cual es todo un logro, considerando la frecuencia con la que son utilizados. Tenemos desde coreografías repentinas de baile –al ritmo de «I Feel Good», de James Brown–, hasta referencias a ZZ Top, incontables juegos de palabras con nombres y frases en latín falso (con cada palabra terminando con el sufijo “-us”) que funcionan mejor en francés que en español, y, como suele pasar en las historias protagonizadas por Astérix, referencias contemporáneas. Algunas han envejecido mal, como la pelea tipo wuxia entre Numérobis y Amonfobis (algo que estaba súper de moda hace veinte años, cuando filmes como Héroe o El tigre y el dragón eran populares en Occidente), pero otras siguen siendo muy graciosas. ¿Una de mis favoritas? Un chiste que hace referencia a Star Wars: Episodio VI – El Imperio Contraataca, protagonizado por un Caius Canalplus cuyo casco se parece mucho al de Darth Vader.

Este es el tipo de cinta, pues, que lanza todo tipo de chiste visual, juego de palabras, referencia y gag tipo slapstick cada diez segundos, como para que el espectador no tenga tiempo de procesar nada por mucho rato. Es un tipo de comedia en el que los hermanos Zucker se especializaron en los setentas y ochentas y que, de hacerse mal, puede saturar y parecer vulgar. Acá, felizmente, va muy de la mano con el estilo ya desarrollado por Goscinny y Uderzo en los cómics, y resulta en una experiencia consistentemente hilarante. ¿Cómo no reírme de un legionario que se llama “Antivirus”, un Astérix enamorado de una egipcia llamada “Guimieukis” (se pronuncia como “Give me a kiss”) interpretada por Noémie Lenoir, o un César que insiste en llamar a su palacio “Cesar’s Palace”?
El respeto al material original y el desarrollo de un tono caricaturesco no se limitan al sentido del humor del guion de Chabat. Astérix y Obélix: Misión Cleopatra también hace uso de buenos efectos visuales –especialmente para la época–, aprovechando al máximo su considerable presupuesto (el cual la convirtió en una de las producciones más caras de la historia de Francia hasta aquel momento). Los efectos visuales utilizados cuando cada personaje toma la poción mágica son muy graciosos (mi favorito: cuando Amonbofis la toma y las gemas de su collar comienzan a brillar en diferentes colores), las escenas de pelea son apropiadamente exageradas, y el desarrollo de este antiguo Egipto de fantasía es francamente impresionante. La película cuenta con planos muy vistosos, especialmente aquellos que nos muestran a la Alejandría que rodea al palacio de Cleopatra.
Mención aparte para la banda sonora compuesta por Philippe Chany, la cual es sorprendentemente memorable. Consideren, si no, el tema apropiadamente épico de aventura que es utilizado durante varias escenas que se llevan a cabo en Egipto, o el tema militar vinculado a las legiones del César. Súmenle a eso las canciones contemporáneas utilizadas en momentos apropiados (poco serios, anacrónicos), y Astérix y Obélix: Misión Cleopatra logra manejar una mezcla de tonos que, bajo otro director, no funcionaría. Algo que me gusta mucho de la película es cómo combina sinceridad con un sentido absurdo del humor y, por qué no, algo de comedia cringe. No funciona todo el tiempo, pero sí resulta en una experiencia bastante única, que en ciertos aspectos visuales y de adaptación me recuerda –salvando las distancias– a algo como la infravalorada Meteoro, de las Wachowski.

Todo un deleite, pues, ver Astérix y Obélix: Misión Cleopatra en pantalla grande. Y más satisfactorio, todavía, verla con un público que reaccionaba bien a su estilo tan particular y humor tan caricaturesco. No, no todos los gags funcionan —la ya mencionada pelea tipo wuxia, por ejemplo, dura demasiado— y por momentos se puede sentir mucho como un producto de su época. Pero igual creo que se trata de una entretenidísima adaptación de un cómic que no debería funcionar tan bien con actores de carne y hueso, y que respeta a su fuente de inspiración, pero también presenta ideas propias. Astérix y Obélix: Misión Cleopatra es perfecta para los fans de estos personajes y para cualquiera que quiera disfrutar de una aventura ridícula, violenta, inesperadamente sensual (gracias a Bellucci) y muy graciosa.



Deja una respuesta