A propósito del estreno de la colombiana Un poeta en la plataforma de streaming HBO Max, me animé a sacar del tintero esta entrevista que realicé a Manuel Ruiz Montealegre, productor de la película. Dirigida y escrita por Simón Mesa Soto. La producción de la película estuvo a cargo de las compañías Ocúltimo y Medio de Contención Producciones, casa productora colombiana fundada en 2006 por Manuel Ruiz y Héctor Ulloque, especializada en cine de autor independiente y vinculada también al desarrollo de proyectos transmedia y educativos como Cinescuela. Ruiz Montealegre, además de productor, es historiador y antropólogo de formación, profesor asociado de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia, y creador/director pedagógico de Cinescuela, plataforma que propone cruces entre el lenguaje cinematográfico, la educación y las nuevas tecnologías.
Esta conversación se realizó en el marco del 29 Festival de Cine de Lima, donde Ruiz Montealegre llegó acompañando la película y participando también en espacios de asesoría y formación para proyectos cinematográficos. En ese festival, Un poeta obtuvo el Premio Especial del Jurado, el Premio del Jurado a la Mejor Fotografía para Juan Sarmiento, el Premio del Jurado al Mejor Actor para Ubeimar Ríos. También obtuvo el Premio APRECI a la Mejor Película de la Competencia Latinoamericana Ficción. Hasta mayo de 2026, Un poeta carga ya con un recorrido importante: ganó el Premio del Jurado en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes 2025, obtuvo reconocimientos en festivales como Melbourne, Múnich y San Sebastián, y fue elegida para representar a Colombia en la carrera hacia los premios Óscar y Goya.

Ubeimar Ríos (protagonista), Simón Mesa Soto (director), Manuel Ruiz (productor) y Ricardo Saraiva (editor).
Ricardo Mendoza: Vi la película y es hilarante. Siento que es una película que no deja títere con cabeza. No critica solo al mundo del arte, sino también a otros espacios sociales. Incluso los personajes de los sectores populares son parodiados de alguna manera. ¿Qué podrías decirme sobre esa sátira que plantean?
Manuel Ruiz: Pues sí, el director Simón Mesa Soto se traza el objetivo de hacer una tragicomedia que aborda aspectos de la sociedad de Medellín: las clases populares, las clases medias, ese universo intelectual y creador. Él ironiza sobre los perfiles y los caracteres de estas comunidades y personajes.
Ricardo Mendoza: Tú vienes de las ciencias humanas y tienes una formación como historiador. Como productor, ¿qué tipo de historias te interesan? ¿Cuáles son las historias con las que conectas y que te motivan a realizar este trabajo?
Manuel Ruiz: Hemos tenido la oportunidad de estar aquí en Lima con nuestras películas en dos ocasiones anteriores: con Amparo, de Simón Mesa, y Un varón, de Fabián Hernández. Ahora volvemos con Un poeta, de Simón. Entonces el Festival de Lima se vuelve un poco nuestra casa y estamos muy contentos de estar aquí. Como decías, yo provengo del universo de las ciencias humanas. Me formé como historiador y como antropólogo, pero desde hace veinte años vengo haciendo películas: inicialmente documentales, y en los últimos años películas argumentales de ficción. Quizás podríamos encontrar un hilo, y es que son películas que reflexionan sobre nuestros contextos socioculturales. En un comienzo estaban muy vinculadas al conflicto armado colombiano y, posteriormente, ya fueron películas que tienen que ver con temas más urbanos, más tangibles para el universo cinematográfico y el público. Ahora bien, Un poeta creo que se diferencia de las películas anteriores porque es una apuesta muy clara del realizador por un género como la tragicomedia, por un género en el cual la gente se divierta, se ría, pero también es una película fuerte, que toca aspectos sensibles de la sociedad. Es muy crítica, muy irónica, pero con una narrativa muy asequible.
Además del protagonista, que es Óscar Restrepo, el poeta, tenemos varios coprotagonistas que representan distintas situaciones y particularidades de la sociedad. Son personajes igualmente construidos, que permiten que el público se identifique a partir de diferentes aspectos de la película.

Ricardo Mendoza: Creo que el humor de la película se enfoca en las mejores y peores versiones de nosotros mismos. Al inicio, Óscar, el protagonista, puede generar rechazo por su decadencia, pero conforme avanza la película vamos comprendiendo más sus capas. Incluso se puede ver que intenta ser un buen padre o hacer algo bueno. ¿Cómo entendieron a un personaje como él?
Manuel Ruiz: Justamente es una película que aborda la humanidad de un personaje en sus contrastes, en sus claroscuros, en sus matices. Es un hombre que le ha apostado a la literatura, a la poesía, a la bohemia, y que no ha logrado consolidar una carrera como escritor o como poeta. Se ha mantenido allí, sin ser capaz de convertirse en una persona productiva. Y en una sociedad como la nuestra, no ser productivo es como ser un fracasado. Tiene una relación compleja con su hija porque no ha sido un buen padre; ese es uno de los postulados de la película. Pero, sin contar qué pasa, lo que la película busca es contar la historia de un hombre con contrastes, cuya humanidad está cargada de nobleza. Es un ser fracasado, pero también es un ser tierno, afable, y en un contexto donde se relaciona con pares intelectuales, con gente de la calle, con su familia, con su madre, sus hermanas y su hija. En ese tránsito descubre que tal vez la posibilidad de ser tutor, de ser maestro, es el camino para revertir un poco lo que ha sido su vida de fracasos y encontrar allí, en el lugar del maestro, la posibilidad de redimir sus culpas. Y en toda esta historia, el espectador va descubriendo no solamente la historia de Óscar, sino también la historia de los personajes que circulan en torno a él.
Ricardo Mendoza: ¿La construcción del personaje y su complejidad se pensaron así desde un principio o fueron mutando durante algún proceso?
Manuel Ruiz: Como comentaba, este es un guion del director, de Simón Mesa Soto. Es un guion que él se plantea desde un comienzo como una obra compleja, robusta, con muchas aristas y muchas capas. Lo trabajó incesantemente durante tres años. Desde el comienzo se planteó el objetivo de que su película tuviera una relación con el público: que no fuera solamente la mirada de un artista, cinematográficamente hablando, sino que el público pudiera conectarse. Ayer justamente vimos una sala emotiva aquí en Lima. La gente recibió con mucha emoción, alegría e incluso algunos llantos durante esta historia. Entonces fue muy interesante encontrar esa acogida del público limeño con la película.

Ricardo Mendoza: Al momento de recibir esta historia, como productor, ¿cuál fue tu aproximación a este personaje y cuáles fueron tus primeras ideas?
Manuel Ruiz: Digamos que, en este universo del cine independiente de autor latinoamericano, la visión del autor marcó un poco el derrotero de la película y de la producción. Y en ese sentido, con Juan Sarmiento, también productor y fotógrafo, nuestro papel fue acompañar a Simón en este proceso de creación y crear las condiciones para que la película pudiera existir. Me refiero a condiciones financieras y materiales. De otro lado, teniendo en cuenta que se trata de una película independiente y de bajo presupuesto, había que encontrar esa relación entre las locaciones, los actores y la historia, para hacer muy verosímil este guion de Simón Mesa.
Ricardo Mendoza: Según ha contado Simón Mesa Soto, Un poeta combina actores profesionales y no profesionales del mismo universo social de la historia. Ubeimar Ríos llegó al proyecto casi por azar, luego de que un amigo del director le dijera: “este es tu poeta”; mientras que Rebeca Andrade, intérprete de Yurlady, también forma parte de esa búsqueda de presencias ligadas a los espacios, cuerpos y formas de hablar de Medellín. En ese sentido: ¿podrías ampliar un poco más cómo fue el proceso de casting y de búsqueda de actores para personajes tan específicos?
Manuel Ruiz: El cine es un oficio de acumulación. Uno va acumulando en la medida en que crece, avanza y trabaja. El casting de la primera película lo hizo John Bedoya, que fue la misma persona que empezó el casting de Un poeta. Teniendo en cuenta las capas sociales a las cuales pertenecían nuestros personajes, él fue a buscar en lugares representativos de la ciudad. El personaje coprotagonista de la película, Yurlady, es una joven de extracción popular; entonces, evidentemente, se fue a los colegios de Medellín para encontrar esos perfiles. Hubo veinte Yurladys en algún momento, y ya fue el talento del director encontrar a su actriz.
Durante el año 2023 se realizó el casting principal. Después, en 2024, retomamos algunas posibilidades con las cuales Simón interactuó y finalmente tomó una decisión al final del proceso: elegir a Ubeimar Ríos como protagonista y a Rebeca como Yurlady. Pero digamos que el casting es también un proceso de creación. De la misma manera como se escribe el guion, el autor va relacionándose con él, va encontrando un diálogo entre el guion, la película que imagina y quiere hacer, y los perfiles que encuentra, en cuanto a lo que evocan y cómo registran.

Ricardo Mendoza: ¿Se podría decir que un proceso de casting de este tipo tiene también un lado dinámico, abierto a la adaptación, en el que el guion puede reescribirse o repensarse a partir del encuentro con ciertas personas? Me refiero a esos momentos en los que aparece alguien con una característica, una forma de hablar o una presencia particular, y eso lleva a incorporar una pincelada de vida que quizá no estaba pensada desde el inicio.
Manuel Ruiz: Sí, exacto. El autor empieza también a beber un poco de la humanidad de estas personas y empieza a encontrar en ellos el sentido de su película. Es una conversación profunda. Se hizo un trabajo inicialmente en 2023, después en 2024, y luego tres meses de ensayo. Una vez elegidos los actores, hubo tres meses de ensayo previos al rodaje. Creo que eso es algo muy importante, porque habla de la disciplina de un autor para formar sus personajes y contar su historia. No es solamente una cuestión de talento: Simón, durante tres meses, llevó a cabo los ensayos para sacar adelante su película.
Ricardo Mendoza: Otro elemento importante del que creo que se tiene que hablar es la puesta en escena y la propuesta visual. Es una propuesta que transmite ser grabada con una cámara en mano, con movimientos bruscos, muy dinámica. ¿Esta propuesta se pensó así desde el inicio o fue apareciendo en el camino?
Manuel Ruiz: Tiene que ver con la coherencia entre una historia que contrasta con la sociedad, que es irónica, donde hay una autocrítica al quehacer cinematográfico, entendido como la ironía de la autorrepresentación del artista, y la búsqueda de una obra en la cual no se pensara en planos preciosos, súper bien construidos, sino justamente en la dinámica de un rodaje.
Simón buscaba, de alguna manera, que se filmara como documental. Que la vida de la historia y la vida de los personajes se retrataran de esa misma manera. Juan ha trabajado con Simón en sus anteriores películas: Leidi, Madre y Amparo. Es increíble ver el diálogo de ellos en el set, porque se entienden. Hicieron su plano técnico, pero en realidad era una conversación entre amigos, y esa conversación entre amigos después se aprecia en el set: ellos se miran, se dicen tres o cuatro cosas y saben cómo filmar.

Ricardo Mendoza: ¿Y cómo fue el trabajo técnico de la fotografía?
Manuel Ruiz: Bueno, como se sabe, se usó el 16 mm. Juan Sarmiento G. es un fotógrafo colombiano que vive en Alemania desde hace muchos años, y la parte de la fotografía, en términos de usar el 16 mm, los lentes y el cuerpo de la cámara, vino de allí. Él fue responsable también, como productor, de toda esa gestión técnica.
Ricardo Mendoza: ¿Qué significó para ti y para el equipo recibir el premio en Cannes? Quizás es una pregunta repetitiva, muy típica…
Manuel Ruiz: Pero muy importante. Creo que es importante señalar que la película se rodó entre el 12 de enero y el 15 de febrero de este año. Entonces fue un gran esfuerzo poder terminar una versión para que el jurado en Cannes pudiera considerar la película. Una vez tuvimos la aceptación, empezaron unos días delirantes para alcanzar a tener la copia y presentar la película. El día de la premiere tuvimos una gran acogida: fue un aplauso de doce minutos, muy emotivo, que nos llenó de emoción. Escuchar la recepción de la película en un público europeo también fue muy reconfortante, porque hay muchos chistes y situaciones que pueden ser muy latinoamericanas, pero el público europeo también percibió esta apuesta narrativa de Simón.
Ahí empezamos a sentir que nuestra película tenía un lugar, que se había hecho un lugar ella misma. A pesar de ser una película pequeña, es una película con mucha personalidad, con mucho arrojo.
Ricardo Mendoza: Con mucha libertad también.
Manuel Ruiz: Sí. Entonces creo que esos elementos, saliéndonos un poco del marco del deber ser cinematográfico actual, generaron aprecio, además de la emotividad. Creo que nosotros, poetas al fin y al cabo, habíamos comprado los tickets de regreso para después de la premiación porque teníamos esa ilusión. Fue un gran momento saber que la película había ganado un premio tan importante como el Premio del Jurado de Un Certain Regard en Cannes, que nos abrió muchas posibilidades.
Ricardo Mendoza: Quería preguntarte también por tu relación con Zona Industria Lab y por tu participación en la asesoría de proyectos cinematográficos ¿Cómo se vincula esa experiencia con tu trabajo como productor y tu proyecto de Cinescuela?
Manuel Ruiz: Son dos aspectos distintos, pero los puedo tocar. De un lado, a raíz de la invitación de Un poeta y de mi presencia aquí acompañando la película, muy cordialmente el festival nos invitó para que pudiéramos participar en la asesoría de proyectos. Son proyectos de realizadoras peruanas, óperas primas, y la idea es poder, desde nuestra experiencia, conocimiento y recorrido, conversar con ellas, escucharlas y dar nuestra opinión para que encuentren un camino para hacer sus películas. Hacer cine es una tarea ardua, desgastante; hay que hacer mucho esfuerzo y aguantar mucho para sacar adelante los proyectos durante años. Creo que lo que hemos podido acumular en estos años de experiencia me llama mucho la atención poder compartirlo con los jóvenes talentos, en este caso aquí en el Perú.
Por otro lado, con mi socio Héctor Ulloque y con Gabriela Díaz, creamos la plataforma Cinescuela. Con ellos creamos una metodología en la cual pretendemos que el cine se convierta en una herramienta educativa, no solamente dentro del ámbito cinematográfico, sino como una herramienta de formación. Es una discusión interesante encontrar caminos para el cine: de un lado, en términos de diversión, de cine industrial; de otro lado, el cine como herramienta educativa; y también el cine como manifiesto cultural. Hay películas que circulan en los festivales, que se exhiben en salas de cine, que tienen un valor comercial y artístico; y hay otras películas cuyo valor tiene que ver con la historia, la formación y la educación. No circulan en los mismos ámbitos del cine de festivales, pero son herramientas muy poderosas para formar y para discutir con los estudiantes sobre los procesos históricos de nuestros países.

Ricardo Mendoza: Creo que el cine puede ser también un recurso educativo, ¿no? Para fomentar el debate con los estudiantes, y a cierta edad creo que llega a ser muy necesario para la formación de pensamiento crítico, fomentar el poder generar opinión. ¿Ustedes ven estos recursos como una de las maneras de utilizar el cine?
Manuel Ruiz: Sí, el recurso Cinescuela busca justamente ir al punto de la formación del pensamiento crítico y establecer un diálogo entre las ciencias humanas, el análisis de la sociedad y el lenguaje cinematográfico. De hecho, acabamos de hacer un documental sobre Chiribiquete, que es un parque natural de la Amazonía; es un documental científico donde arqueólogos, biólogos y otros especialistas hablan del poblamiento de nuestra selva amazónica desde la ciencia, desde el arte rupestre, y eso a través de la herramienta del cine.
Ricardo Mendoza: Para finalizar, puede que Un poeta no parezca una típica película de festivales, donde suele haber más solemnidad o dramas más duros. Con base en esta propuesta tan libre y, sobre todo, en el humor que plantea, ¿qué les dirías a quienes verán la película en algún momento?
Manuel Ruiz: Esta es una tragicomedia que cuenta historias de nuestro universo latinoamericano, de nuestras familias, de la historia del fracaso como proyecto personal, pero también del soñador que busca resarcirse de sus heridas. Efectivamente, es un momento emotivo. El espectador no solo va a enterarse y conocer una película de cine, sino que va a vivir una experiencia cargada de emotividad, de alegría y también de tristeza. Es una película fuerte, que te lleva a pensar, pero también te hace vivir un momento intenso en la sala.
Entrevista realizada el 8 de agosto de 2026, en el CCPUCP, San Isidro, Lima.



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