«Cantuta: la orden secreta» (2026) es una película oportunista, irresponsable, maliciosa y cobarde

cantuta la orden secreta

Escribe Sandro Mairata

Poco antes de iniciar Cantuta: la orden secreta –décimo quinto largometraje del director Alejandro Nieto-Polo– aparece un mensaje en pantalla: “Aunque esta obra toma inspiración de hechos reales, es una obra de ficción”, dice. “Los eventos han sido dramatizados y no representan fielmente a personas o situaciones reales. Cualquier similitud es coincidencia. Ciertas escenas pueden resultar sensibles para algunos espectadores”. Cualquier similitud es coincidencia es una floja justificación para uno de los peores filmes que se hayan estrenado jamás en nuestras pantallas, cuestionable en varios niveles y desde muchos ángulos, que parte de la entrevista periodística a un criminal del Grupo Colina para elucubrar su argumento. “Es una obra de ficción y tengo libertad de expresión para contar otra versión de los hechos”, fue –en síntesis– lo que me respondió su director cuando le pregunté al respecto. Cantuta: la orden secreta es, asimismo, un filme de propaganda abierta a un grupo criminal con elementos que podrían configurar el delito de difamación; un subproducto audiovisual oportunista, irresponsable, malicioso y cobarde.

Con una manufactura rudimentaria y más cercana al contenido de Serie B al paso, pensado en el consumo fácil del streaming (las escenas de acción son risibles, las actuaciones pobrísimas; la reconstrucción de la masacre de Barrios Altos es paupérrima a lo mucho), Cantuta: la orden secreta toma el punto de vista del ex agente “Josué Souza” (Hansell Hoffmann), una versión libre del agente Jesús Sosa Saavedra (condenado por los diez asesinatos de La Cantuta y los seis del caso Pativilca), para pasar a hora y media de una fantasía violentista a cargo de un elenco repleto de actores amateurs y uno que otro rostro reconocible como Fernando Pasco y Fernando Petong. Recordemos nada más que Sosa era apodado “kerosene” por usar este combustible para eliminar los restos de sus víctimas y que participó en crímenes como el descuartizamiento de la agente del Servicio de Inteligencia del Ejército, Mariela Barreto –su compañera de labores y amante de su superior, Santiago Martin Rivas.

Procedo a sustentar los cuatro adjetivos finales del primer párrafo.

Cantuta: la orden secreta es oportunista porque aprovecha la ola creada por un filme como Chavín de Huántar –con cuestionamientos propios, pero un éxito en la taquilla– para buscar dinero fácil haciéndole propaganda, en un momento de auge de la ultraderecha en el continente, al Grupo Colina, el escuadrón de la muerte del Ejército Peruano creado a inicios de los años 90 durante la dictadura del golpista Alberto Fujimori y responsable de graves violaciones de derechos humanos. Una película de este tipo hubiera sido impensable en los tiempos posteriores a la caída del dictador, ese que fugó al Japón mientras que su socio, Vladimiro Montesinos, hacía lo mismo rumbo a Venezuela. Pero los vientos cambian y el director Alejandro Nieto-Polo y sus productores hacen coincidir el estreno con la segunda vuelta electoral y la eventual victoria de Keiko Fujimori. Además, Nieto-Polo ha hecho de Cantuta: la orden secreta un acápite de su serie Grupo Colina: justicia bajo las sombras (2025), que coloca a los criminales de Colina como héroes incomprendidos casi al estilo de «Los Magníficos». En paralelo y en la vida real, Nieto-Polo aprovecha las redes sociales de Grupo Colina: justicia bajo las sombras para hacerle abierta promoción a la liberación de Vladimiro Montesinos y apoya la vuelta del Grupo Colina usando audios de influencers que piden “liberen al Kraken”.

Es irresponsable, porque los tribunales peruanos, la evidencia forense y los organismos de derechos humanos coinciden en que nunca hubo pruebas de que los estudiantes asesinados el 18 de julio de 1992 fueran terroristas (y que, de haberlas habido, igualmente la ejecución extrajudicial sería un crimen). Por el contrario, Cantuta: la orden secreta muestra a los estudiantes y a su profesor como incuestionables terroristas activos y violentos, constantemente maquinando y planeando acciones, vinculándolos incluso con atentados como el de Tarata (16 de julio de 1992). Es cierto que, al tiempo de los hechos, la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, conocida como “La Cantuta”, tenía una importante presencia de miembros de Sendero Luminoso. El profesor Hugo Muñoz Sánchez, una de las víctimas de la masacre de La Cantuta, estaba casado con una senderista, pero según las investigaciones judiciales y la resolución de la Corte Suprema en 2009, ninguno de los estudiantes asesinados tenían vínculos con organizaciones terroristas ni participó en el atentado de Tarata, sucedido dos días antes. En otras palabras, los Colina secuestraron y mataron a un profesor y nueve estudiantes inocentes, no a los senderistas. Sus deudos tendrán mucho qué decir al respecto si llegan a ver este film.

Es malicioso porque, bajo la excusa del rótulo de “inspirado en hechos reales” –recurso también usado por Chavín de Huántar– siembra los mensajes de su discurso (oiremos “el Chino hace las cosas bien”, “a la universidad se viene a estudiar”, “los medios pagados quieren hacerle daño al presidente Fujikawa –no lo llaman ‘Fujimori’–”, además de ataques a las ONG de derechos humanos) sin intención de buscar verdades, usando personajes unidimensionales: los Colina son héroes incomprendidos, los estudiantes eran terroristas corrompidos hasta el tuétano, sin matiz alguno, malos por tener la cabeza lavada. “No es un documental”, se limpia las manos el director. Pero, como en Chavín de Huántar, el mensaje para el amplio público que no se toma el tiempo de investigar los hechos es “así fue”. Todo lo que se diga en pantallas para miles de espectadores quedará como cierto, y los factótums de este filme lo saben.

Por supuesto, un film de propaganda como este, hecho a costo mínimo y que será usado para reescribir la historia verificable, termina con un “Terrorismo nunca más” grande y en medio de la pantalla para darle ese aire falso de patriotismo. Existen muchas películas sobre el conflicto armado en el cine peruano. Contra todo lo que se diga de boca y pluma de desinformadores, cualquiera puede verificar que ninguna de esas películas pone a los terroristas del MRTA o de Sendero Luminoso bajo una buena luz (títulos como La piel más temida intentan acercarse a la tragedia familiar de tener a un terrorista en casa). Cantuta: la orden secreta se ha hecho para complacer a una ultraderecha peruana que ve rojos y comunistas en todos lados, que denuncia fraude electoral pero solo cuando los resultados no le favorecen, y que ahora se relame por la vuelta oficial del fujimorismo al poder tras un lento copamiento de las instituciones nacionales desde el 2016. Para ellos y para las nuevas generaciones que apenas revisan lo que les muestra el celular se ha escrito un guion que distorsiona groseramente hechos delicados, insinúa como responsables de crímenes a gente inocente que ya no puede defenderse porque fue asesinada, y lo hace convencido de que las consecuencias serán mínimas porque los herederos del régimen corrupto hoy han vuelto al poder. He ahí la cobardía.

Texto publicado originalmente el 18 de junio de 2026, en la página de Facebook Reflektor.

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