«La muerte de Robin Hood» (2026): redención de un forajido


La de Robin Hood es una leyenda que se pierde en la noche de los tiempos. La primera mención de este personaje, del que queda la duda si fue real, histórico, o una fabulación ficticia, data del siglo XII, aproximadamente en 1324, aunque hay registros que lo ubican más atrás aún. Se ha escrito y difundido mucho sobre este caballero británico que, convertido en bandolero, robaba a los ricos para repartir el botín entre los pobres, y que se escondía en el bosque de Sherwood.

La mayoría de sus aventuras, recogidas en adaptaciones cinematográficas y televisivas durante todo el siglo XX y parte de la presente centuria, nos presentan a un Robin de Locksley, que adoptó el pseudónimo de “Hood” (por la capucha que parecía tener el pájaro conocido como petirrojo, o por la traducción literal del parónimo «wood» que es “leño de madera”, algo común en los bosques). En su edad adulta, Robin fue fiel al rey Ricardo Corazón de León mientras el monarca estaba en las Cruzadas, y enfrentaba al hermano de este, Juan Sin Tierra, por sus tropelías y por el favor de una noble llamada Lady Marian Gilewater.

En el cine, se ha apreciado a este icónico personaje, con los rostros de Douglas Fairbanks y Errol Flynn, hasta los de Kevin Costner y Russell Crowe, pasando por Richard Greene, Cary Elwes, hasta Sean Connery. En esta película, la última aventura del carismático arquero, quien se adueña del rol es Hugh Jackman (X-Men, Los miserables, Australia).

La muerte de Robin Hood es una adaptación libre de una balada escrita en el siglo XVII, con guion y dirección del estadounidense Michael Sarnoski (Pig, Un lugar en silencio: día uno). La trama nos presenta a un Robin anciano ya, rumiando en parajes desolados sus múltiples crímenes, y escapando de gente que quiere vengarse de él, hasta que es encontrado por su viejo compañero Little John, que lo recluta para liberar a su esposa e hija, secuestradas por una gavilla de delincuentes.

Gravemente herido, es encargado por su compañero al cuidado de una abadesa, Sister Brigid, en un monasterio alejado a donde llega poco después Margaret, la pequeña hija de Little John, asesinado por sus perseguidores.

En tono oscuro y melancólico se nos muestra un Robin Hood alejado del tradicional estereotipo del héroe. Aquí es un hombre amargado, en los últimos meses de su vida, consciente de que ha causado muerte y dolor por su propensión a la violencia, y que busca redimirse alcanzando una muerte tranquila y honorable. 

Las actuaciones son contenidas la mayor parte del tiempo, excepto cuando aparece el leproso aficionado a la filosofía, o en las escenas iniciales de violencia. Solo en la parte final hay espacio para lo emotivo, cuando Robin Hood le cuenta a la pequeña Margaret cómo conoció a su padre (narrando una escena clásica de las múltiples adaptaciones del personaje, incluso en la cinta animada de Disney) y otra que es fiel a la balada original en parte, cuando instruye que el lugar donde caiga su última flecha, será el sitio donde desea ser enterrado.

Hugh Jackman transmite todos los matices del antihéroe en busca de redención. Jodie Comer (El último duelo) interpreta con soltura el rol de la monja al cuidado de Robin Hood, y Bill Skarsgård (Nosferatu) da vida a Little John. Los acompañan Noah Jupe, Murray Bartlett y Faith Delaney (Hamnet).

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