Ricardo Ayala

Durante cincuenta y seis minutos, Ricardo Ayala y Carla García muestran en El niño del Cusco el camino autónomo que puede tomar la fe en un escenario de múltiples creencias que se superponen y retroalimentan, y que beben de una misma necesidad de creer en lo sobrenatural y lo mágico–religioso.

Todo a partir de un mito de raíz misteriosa pero de arraigo indiscutible, al que le atribuyen milagros como a cualquier santo oficial. Entonces la narración se da maña para no perder el ritmo ni la sonrisa, con las objeciones de los representantes eclesiásticos y breves dramatizaciones insertadas entre los testimonios que dan forma a la historia del Niño Compadrito.

El niño del Cusco

Lejos de la (aparente) modernidad que invade sus arterias, Cusco alberga también muchas tradiciones y ritos que se niegan a desaparecer. Como el culto hacia una imagen extraña y macabra: El niño compadrito, que es una pequeña calavera vestida con finos ropajes, depositada en una urna y convertida en objeto de devoción al margen de la fe católica.

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