“El viento nos llevará”, de Abbas Kiarostami (1999)

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Una camioneta serpentea por un polvoriento camino rumbo a su destino, el plano es panorámico, abierto, sus ocupantes conversan animadamente pero no vemos sus rostros, solo escuchamos sus voces. Un equipo de televisión va en pos de documentar un hecho, son tres personas, conocemos a una, a las otras dos nunca las vemos. Es una constante, la evidente sensación de que falta algo para completar el cuadro pero no es más que una de las claves del cine de Abbas Kiarostami (Teherán, 1940) al ocultar ciertos datos, nos enfrenta a la disyuntiva de armar la parte que falta, la que no vemos, e imaginar lo que sucede.

Estas y otras características hacen de El viento nos llevará, un rico muestrario de las obsesiones e ideas de Kiarostami, lo poco que podemos averiguar del argumento se centra en la llegada de un equipo de televisión a una apartada aldea del Kurdistán. ¿Qué es lo que buscan? Al parecer registrar los rituales funerarios de una mujer pronta a fallecer, el problema es que la anciana se resiste a morir y ello significa una larga espera que los llevará a establecerse en la aldea y convivir con sus habitantes.

El protagonista principal es un ingeniero, un hombre que procede de la civilización y que se ve de pronto enfrentado a los problemas de una villa estancada en un tiempo anterior. Una imagen elocuente: el ingeniero sufre la dificultad de no recibir señal clara en su celular, entonces debe subir repetidamente a la parte alta de la villa, allí conoce a un hombre que cava un hoyo, otra vez, nunca vemos su rostro, pero basta su voz para conocerlo y saber de que se ocupa. Luego vamos conociendo a otros habitantes del pueblo, mujeres, hombres y niños con problemas e inquietudes que hablan tanto de esa región, como podrían hacerlo de nuestras villas andinas o de cualquier rincón apartado del mundo.

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Kiarostami debe el nombre de su película a un poema de Forough Farrokhzad (1935 – 1967) poetisa iraní fallecida tempranamente que fue una voz solitaria pero lúcida en su tiempo, a ella le debemos además un hermoso cortometraje (La casa es negra, 1963) que muestra con dureza pero al mismo tiempo con infinita humanidad la vida de un grupo de enfermos, habitantes terminales de un leprosario, este único trabajo ha instalado a Farrokhzad como precursora de un cine que practican ahora directores iraníes como Mohsen y Samira Makhmalbaf. Kiarostami le dedica una bellísima escena en su película donde el protagonista recita el poema que da título al filme a la tenue luz de una lámpara en las profundidades de una caverna mientras una joven mujer ordeña una vaca.

El viento nos llevará es un canto a la vida, a los usos y costumbres de las gentes, a su forma de relacionarse con el entorno y aferrarse a lo que tienen, es una película que exuda naturalidad y poesía por todas partes, sin embargo hay que decir que es una película (como otras de la cinematografía de Kiarostami) que exige una mirada distinta, que impone su propio ritmo y que por largos tramos difumina la habitual línea entre documental y ficción. En este punto no puedo dejar de citar al maestro iraní cuando dice “En mi mente no hay una distinción entre documental y ficción, como si la hay entre una buena película y una mala” Para quienes caímos rendidos ante la fuerza emotiva de El sabor de las cerezas, este es un feliz reencuentro.

el.viento.nos.llevaraEl viento nos llevará (Bad ma ra khahad bord) – 1999
Irán – Francia
115 min.

Dirección y guion: Abbas Kiarostami
Música: Peyman Yazdanian
Fotografía: Mahmoud Kalari
Elenco: Behzad Dourani, Roushan Karam Elmi, Noghre Asadi, Bahman Ghobadi, Shahpour Ghobadi, Reihan Heidari, Masood Mansouri, Ali Reza Naderi, Frangis Rahsepar, Masoameh Salimi, Farzad Sohrabi, Lida Soltani

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