Night of the Living Dead

Night of the Living Dead

Película emblemática del cine de horror Night of the Living Dead dirigida por el entonces novel George A. Romero se convirtió rápidamente en objeto de culto. Y ciertamente es una cinta fundamental por varios motivos.

Realizada con ínfimos recursos, es la película que inaugura todo el subgénero dedicado a esas criaturas irracionales y grupales llamadas zombies que han colonizado con paso lento y torpe pero seguro, un espacio en el imaginario colectivo como si fueran verdadera expresión de un temor muy profundo (o acaso de un espejo deformado).

El escenario a partir de ahí se repetirá hasta el infinito pero nunca con la misma sugestión: una pareja baja a media carretera para toparse con la insólita presencia de estas criaturas, apenas si una casa solitaria en la oscuridad de la noche se convertirá en el único refugio de cuanto desdichado deambule por al zona. Romero ejecuta entonces la aventura más claustrofóbica que se haya visto (The Birds es acaso la mayor referencia). Y el nivel del temor es asumido hasta la más insoportable angustia.

Night of the Living Dead

Así como buen admirador de la tradición narrativa hace su propia versión de un film de Hawks. Los pocos compañeros al azar tendrán que adecuar sus distintos temperamentos ó más bien idiosincrasias. La chica blanca le abre la puerta al negro (en plena convulsa era post Kennedy), ahí están la familia conservadora y la pareja provinciana. Esta nación americana en miniatura tendrá que dejar los gruñidos cual congreso disímil para hacer frente a la amenaza exterior. ¿Acaso los enemigos del este? ¿Acaso reflejo de la gran masa ajena a otros sentimientos más que los primarios por sobrevivir? ¿Invasores dispuestos a irrumpir dentro del gran banquete de la bonanza americana a la que no han sido invitados? Todo eso y más. Queriendo o sin querer la terrorífica noche de Romero se convierte en todo un tratado sociopolítico.

Pero la estética Hawks prima y el cóctel ideológico siempre debe estar controlado por la narración subyugante y dramáticamente concentrada como pocas. El manejo de los espacios reducidos es magistral. La explicación científica lo de menos. La grandeza de este film tan sólo requiere que prestemos nuestro sentidos a las emociones que remueven lo verdaderamente profundo de nuestro espíritu. ¿O acaso no todos nosotros cederíamos también ante el instinto de supervivencia?

Jorge Esponda