The Lord of the Rings: The Return of the King
Dir. Peter Jackson | 201 min. | EE. UU. – Nueva Zelanda – Alemania
Intérpretes:
Elijah Wood (Frodo), Ian McKellen (Gandalf), Viggo Mortensen (Aragorn), Sean Astin (Sam), John Rhys-Davies (Gimli), Billy Boyd (Pippin), Dominic Monaghan (Merry), Orlando Bloom (Legolas), Miranda Otto (Eowyn), Karl Urban (Eomer), Bernard Hill (Theoden), David Wenham (Faramir), Liv Tyler (Arwen), Andy Serkis (Gollum/Sméagol), Thomas Robins (Deagol), John Noble (Denethor)
Estreno en Perú: 18 de diciembre de 2003

La larga travesía llega a su fin, las piezas ocupan su lugar en el tablero y no hay marcha atrás, el destino de la Tierra Media depende de la suerte de dos pequeños hobbits que partieron hace mucho tiempo de sus verdes prados y se hallan ahora en las agrestes tierras de Mordor.


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Esta es tal vez la película más épica de la trilogía, basta señalar la carga de caballería de los valerosos Rohirrim que más allá de toda esperanza acometen contra el inmenso ejército orco que asedia Gondor. La batalla de los campos de Pelennor es sin duda una maravilla de la tecnología digital, pero eso no quita la emoción de sentir el fragor de la batalla y la pericia y valentía de los muchos guerreros que combaten en ella, las actuaciones de Bernard Hill como el rey Theoden y Miranda Otto como Eowyn son sobresalientes. Lo mismo puede decirse de John Noble que compone un Denethor derrotado y aferrado a su corona, sin medir el daño que causa a su pueblo y a su propio hijo.

En este momento de la dilatada trilogía (que pudimos ver de corrido en una increíble maratón de 11 horas) los acontecimientos se hallan en un punto álgido, el tiempo de las decisiones previas llega a su fin pues las piezas del enorme tablero ocupan su lugar, el clima de tensión y desesperanza ante el avance de las tropas enemigas se siente en cada escena y a cada momento el panorama parece empeorar, toda la suerte de la Tierra Media depende ahora de la suerte de dos pequeños hobbits que partieron hace mucho tiempo de sus verdes prados y se hallan ahora en las agrestes tierras de Mordor.

Si al principio de la historia Frodo no era más que un despreocupado hobbit, aquí es casi un espectro agobiado por la carga que supone el anillo. El poder que emana el instrumento maligno por fin lo alcanza y lo lleva a tomar decisiones equivocadas, por ello Sam debe redoblar sus esfuerzos y sumar el coraje necesario para completar con éxito la misión, todo esto con un Gollum al acecho de la oportunidad para hacerse con la preciosa gema. En este triángulo se encuentra el nudo de la cuestión moral planteada por J. R. R. Tolkien: cómo dos seres corrientes enfrentan un camino sin retorno ni esperanza por cumplir con una misión superior, armados de valor y de la creencia en un fin superior, es claro que hay una fuerte influencia religiosa y mesiánica en el relato, que viene de las convicciones que animaban a su autor.

La tercera parte de la trilogía marca también el punto de inflexión en el destino de Aragorn, por fin debe tomar la decisión de convertirse en el conductor que la raza de los hombres necesita, para ello debe pasar por la prueba de valor que implica el adentrarse en insondables y oscuros pasajes y liderar a su pueblo en el enfrentamiento contra el enemigo más siniestro: Sauron. En esta decisiva jornada lo acompañan los inseparables amigos: Gimli el enano y Légolas el elfo.

La lucha final en las puertas del Infierno que es Mordor y la desesperada marcha de los dos hobbits no da espacio para el menor respiro, en las ígneas fauces del Monte del Destino se decidirá la suerte de este mundo, y otra vez serán los pequeños medianos los que jugarán el rol más decisivo, la lucha final por la tenencia del anillo es una trepidante secuencia lograda magníficamente.

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La experiencia nefasta de Tolkien como soldado en la primera guerra mundial lo llevó a crear un mundo lleno de peligros y en constante cambio, su avanzado conocimiento de culturas antiguas y de filología, sirvió para poblar este mundo de razas valientes y guerreras y enemigos ocultos y poderosos. La Tierra Media a punto de llegar a su cuarta edad tiene en la guerra del anillo la última oportunidad para deshacerse del mal, pues los seres extraordinarios que habitaron sus confines están por desaparecer, los magos y los elfos se marchan para siempre y la raza de los hombres de Númenor mengua sin pausa.

Este Retorno del Rey es el canto del cisne de la Tierra Media, por ello es inevitable sentir una inmensa tristeza cuando vemos a Frodo, Bilbo, Gandalf y los elfos zarpar de los Puertos Grises hacia la eternidad, hacia Valinor.

La epopeya fílmica de Peter Jackson rinde honores a la obra del genial profesor y a pesar de sus altibajos se mantiene a la altura de la obra original, quizás alguien acometa en un futuro la tarea de reinterpretar el texto nuevamente, hasta entonces las imágenes de los queridos personajes de la trilogía tendrán la cara de los actores que interpretaron las tres películas. Sólo esperamos que Jackson decida emprender la realización fílmica de El Hobbit y por que no El Silmarillion, que es la obra mas compleja y apasionante de J. R. R. Tolkien.

Luis Ramos