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Dir. Daniel Lind Lagerlöf | 105 min. | Suecia

Intérpretes:
Jonas Karlsson (Tobias Carling)
Livia Millhagen (Carola Christiansson)
Ingvar Hirdwall (Karl Henrik)
Kajsa Ernst (Sonja)

Estreno en Perú: 9 de marzo del 2006

El cine sueco más reciente parece sintonizar muy bien con el estilo propio del cine norteamericano. Prueba de ello es esta simpática realización que se desenvuelve dentro de la comedia costumbrista, muy suya, pero con los aires de algún producto de la gran maquinaria.

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Tobias (Jonas Karlsson) es un joven pastor cuyo primera asignación será hacerse cargo de una iglesia en las zonas más deprimidas (si es que cabe comparación con las de algún otro punto de aquí y allá) de Estocolmo. Entusiasta como todo principiante no tardará en darse cuenta de la labor nada sencilla en la que se ha metido. Mayor muestra de la dispersión espiritual será la ausencia total de feligreses. Situación a la que no se resignará tanto como a la de no volver a su protector hogar dispuesto a recibirlo de nuevo como a hijo pródigo.

La jerárquica Suecia y la realidad de ciertas zonas pobladas de inmigrantes y obreros en contraste a la acomodada clase media para arriba pudo generar un retrato social a los cuales tienden algunas otras cintas de esta cinematografía en los últimos años, pero nada de eso. La historia opta por el camino de la comedia romántica abierta y de llegada. Es en sus afanes de repartir la palabra que el bonachón Tobías encontrará el amor en los brazos y la apariencia freak de Carola (Livia Millhagen) una chica minusválida y con tantas ansias de vivir y actuar con él (pero a su particular modo).

Es a partir de este momento que la cinta se desvía a caminos mas convencionales pero que fuera de su ligereza hasta el final, posee un particular encanto. Así como en la tradición de las historias sentimentales se sucederán toda una serie de encuentros y desencuentros. El director Lind Lagerlöf aún sostiene cierto acercamiento a la radiografía social en esta parte con la peculiar pareja sufriendo las angustias de chiquillos ante la mirada de los otros y acostumbrados a estirar la mano (ya sea de la familia o el estado que vendría a ser lo mismo). Reprendidos como niños, se verán forzados a replantearse la posibilidad de una relación ante sus respectivas realidades.

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La película tampoco quiere desviar demasiado la atención hacia ello para concéntranos más bien en los vaivenes sentimentales de sus simpáticos protagonistas, que ya para ese momento tienen el absoluto compromiso del espectador. Y esa es la mayor virtud de la cinta, mantener la atención del espectador (en los primeros minutos aparentaba ser un soponcio pero la sensación acaba rápidamente) y dedicarse a entregar una historia de situaciones aderezada con su particular cultura.

Aunque habría que citar que la parte final ya cae en las trilladas resoluciones (como las secuencias de boda) que, bueno, en fin deben dejar el buen sabor de boca a todos los públicos. Pero eso no nos quita la impresión de entretenimiento puro que disfrutamos al encenderse las luces. Si de romance se trata es mucho más recomendable esta película por su sabor distinto al de otro ambientado en New York o L.A.

Jorge Esponda