DNI para el Cinematógrafo de Barranco

El CinematografoMi querido Cinematógrafo está de fiesta. Pensar que han trascurrido ya 18 años desde su primera proyección, es algo que no deja de bañarme de cierta nostalgia. Ese tipo de melancolía que uno logra tomarle a ciertos objetos y lugares que sin preguntas y mucha complicidad, lo acogieron a uno en silencio para llevarlo a otra realidad y así, escaparle por un momento a la vida. Una vida que dejamos tras de uno ni bien se ambula por ese estrecho corredor empapelado de anuncios de pasadas películas en ambos lados hasta el pequeño zaguán que entrega a la sala con sus alineadas butacas, enfrentándonos o invitándonos. El piso crujiente. La puerta posterior velada por una cortina. Su aroma a otra época. Los cinéfilos ansiosos que nos miramos y logramos a veces reconocernos aunque no sepamos ni nuestros nombres siquiera. Las luces menguan su esplendor y la oscuridad nos equipara en seres silentes de discretas reacciones, limitados al reino de nuestra butaca, hipnotizados durante la proyección que alimenta e ilumina nuestros rostros, nuestros ojos que no acaban de asimilar en que realidad quedarse y que famélicos van devorando imágenes y textos e incluso creen ser ellos los que también se embuten el sonido.

Dieciocho años no los cumple cualquier sala. Muchos cines antiguos han cedido al abandono para convertirse en patéticos templos religiosos y galerías o fumaderos. El Cinematógrafo ha sobrevivido a ello y no ha sido fácil. Ha sobrevivido gracias a nosotros. Y nosotros hemos sobrevivido gracias a él. Simbiosis. No sabemos ya quién depende de quién. Lo que sabemos es que tenemos que seguir yendo ahí. A verlo y cuidarlo con nuestra presencia, como se engríe a quien nunca se imaginó que con su sola existencia, pudiera hacernos tan felices por momentos. Mantenerlo con vida porque si él muere, algo en nosotros empezará a languidecer, y tendremos sólo difusas imágenes que jamás volverán a ser verdad, de cuando íbamos a Barranco, a una casa antigua, y nos perdíamos por un estrecho corredor empapelado de afiches y al final, trasponíamos un oscuro umbral y nos sentábamos callados a esperar a que empezara la función.

Óscar Pita-Grandi

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1 comentario

  1. 6 de junio de 2006 at 18:22 — Responder

    Feliz Aniversario y que mejor regalo, que ir a visitarlo constantemente, sentarse en sus butacas y disfrutar lo que el nos ofrece, cine y mas cine…estoy contento de haberlo conocido y de haber conocido a la gente que dia a dia, hace que el Cinematografo siga en pie, en base a buena vibra y amor por el cine…

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