CicatricesDir. Paco del Toro | 105 min. | México

Intérpretes:
Rodrigo Abed (Julián)
Nora Salinas (Clara)
Leonor Bonilla (Thelma)
Joana Brito (Sagrario)

Estreno en Perú: 14 de setiembre de 2006

Un matrimonio de buen vivir y aparente orden, pero que se irá desbarrancando poco a poco en los abismos de la violencia y la absoluta destrucción, es el centro de atención de esta producción mexicana de insólito estreno y que tiene como fin convertirse en toda una reclama por la cada vez mayor ausencia de los valores en el hogar. El melodrama en esta ocasión surge como vía hacia la sensibilización del público pero de la manera más manipuladora que pueda verse. Película de alguna manera “artefacto” destinada a fomentar las rotundas e indiscutibles doctrinas de los cultos evangélicos que por intermedio de un realizador cabecilla nos dictan cátedra de sus conservadores y muchas veces dudosos conceptos acerca de los problemas y las soluciones de estos dentro del núcleo de la sociedad.

Cicatrices

Lo que presenciáremos desde el inicio será un rotundo y caricaturesco melodrama. Vehículo mañosamente asumido para enganchar al espectador (locales y semejantes) consumidores de la tradición del género arraigado más que nunca gracias a las telenovelas y demás. Clara y Julián son los protagonistas-ejemplo de esta historia. Una pareja rápidamente desgastada por responsabilidad del marido prepotente y egoísta que es capaz de poner a prueba a cada momento la paciencia de la abnegada y guapa (como lo manda la tradición del culebrón) mujer. Así desde el inicio esta película apela al más detestable recurso del género y se convierte en un vehículo para el más descarado panfleto.

Sin adivinar demasiado se podrán imaginar que la cosa que empieza de boquillas no se quedará ahí, arrastrando con su tremendismo y violencia al universo curioso e inocente del pequeño de la pareja. Mediocridad absoluta digna de videos educativos pero que nos depara todavía la sazón del mamotreto gracias a su orientación. Contradiciendo su aparente y llamativa vocación “realista” la película se convierte en una fantasía insoportable que casi como desafortunado experimento nos entrega los más increíbles momentos de consejo de salvación en pleno conflicto. La pobre y nula línea argumental es enriquecida por el ridículo y el efectismo hasta más no poder. Casi castigando al propio divino, cada agresión verbal es sometida a los ruidos más irritantes, cada golpe agita a la cámara más que al propio agredido. La caída en los abismos (o más bien vía crucis) es más bien la que pasamos nosotros a cada minuto de ver este insultante espectáculo.

Inquieta sobre manera que los autoproclamados “moralistas” hagan uso de toda una gama de truculencia y artificialidad en pos de convencer al espectador aprisionado de sus ideas reaccionarias que no andan muy lejos del más efectista y discriminador Mel Gibson. La idea de una ficción que se arma a partir de una difícil historia de incomprensión y declive emocional posee una larga línea que en sus mayores logros han sabido revelarnos la fragilidad del ser humano, la comprensión hacia el abismo de nuestras debilidades. Camino en la cuerda floja a riesgo de caer en el tremendismo y la superficialidad del escándalo que en manos de un realizador talentoso y verdaderamente sensible, ya han entregado innumerables muestras de un arte auténtico y vital.

Cicatrices es todo lo contrario, es un mero artefacto de escándalo y tremendismo dispuesto a convencernos a toda costa de la necesidad de seguir al rebaño de los grandes e iluminados pastores. Ideas o no válidas pero machacadas en este bombo peor que la propaganda de alguna dictadura de por aquí y allá, de antes y ahora. En plena guerra la pareja no dejará de -por supuesto- recibir cátedra por parte de algunos iluminados practicantes de la doctrina, en algunos de los momentos más bochornosos e incoherentes que hayamos visto en el género de las lágrimas. Son ellos los que nos hablan (casi con vasito o rosa en mano) sobre la posibilidad de perdonar los golpes, la muerte y todo el dolor. Que la línea ya impuesta por los patriarcas no puede romperse por cualquier técnica que haya inventado el hombre a través de los siglos. Idea inquietante y digna de algun talento realmente sensible a las flaquezas del ser humano, distinto a Paco del Toro, realizador también de otro antológico bodrio titulado Punto y aparte.

Lo que con mucha vergüenza ajena hemos espectado es apenas un cúmulo de lecciones baratas y obvias para terminar con la risible contradicción de que tras una imposible reconciliación vía la entrada de la fe, se nos presenten como una denuncia ante el maltrato femenino. ¿Bondad absoluta pero que no queda mal con la idea del hombre y jefe del hogar? Más bien diría falsedad absoluta que hace de esta de por sí horrenda película, un artefacto deleznable y celebratorio a la mayor falta de respeto que se puede tener a la inteligencia y especialmente a la sensibilidad del público. Uno de los peores estrenos del año.

Jorge Esponda