Con esta, su quinta película, el director austriaco Michael Haneke ha logrado posicionarse como uno de los cineastas más importantes de la actualidad, logrando el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes, tanto para el filme como para sus protagonistas, la notable actriz francesa Isabelle Huppert, y su contraparte Benoît Magimel.

La película tiene como tema central la dolorosa incapacidad de una mujer para tener relaciones normales, sobre todo en el ámbito sexual. Rehuyendo el morbo implícito en el argumento, basado en una novela de Elfriede Jellinek –posteriormente galardonada con el Premio Nobel de Literatura–, Haneke escoge un tratamiento frío y distante, casi de documental científico, para mostrar situaciones que para algunos espectadores pueden resultar insoportables. Casi toda la película transcurre en ambientes cerrados, algunos sofocantes aunque la mayoría tienden al blanco, ya sea para sugerir este “laboratorio” humano y social, como para enfatizar la pureza de los sentimientos que se exhiben. Asimismo, las contadas ocasiones que se filma en exteriores resultan significativas, sobre todo la toma final del filme, una característico plano abierto. Se trata de una obra elogiada por la sinceridad sin concesiones, de la que se desprende una crítica devastadora a la deshumanización que afecta la vida social europea.

En efecto, el contrapunto estilístico lo constituyen los exquisitos fragmentos musicales de obras poco conocidas, principalmente de Franz Schubert, que se intercalan en las clases de piano de esta profesora del ilustre Conservatorio de Viena. A través de algunas citas de las canciones de este compositor podemos entender los sentimientos que la protagonista no alcanza a verbalizar. Pero, además, hay aquí un segundo nivel de provocación al conectar la melancolía a veces enfermiza del romanticismo adolescente schubertiano, con el desaforado voyeurismo sadomasoquista de la protagonista. En el plano simbólico, Haneke sugiere que por debajo de los íconos culturales austriacos y europeos subyace una realidad de soledad, vacío existencial, crueldad, violencia latente y relaciones de poder autodestructivas. Gracias a la pureza de expresión alcanzada por este director, su enfoque se proyecta hacia un plano humano general.

El cine es una forma de escapar de la realidad cotidiana para refugiarnos en un entretenimiento muchas veces merecido; sin embargo, también hay filmes que, como el que comentamos, nos muestran facetas de la vida que existen y no quisiéramos reconocer. La profesora de piano nos lo hace sentir de una manera directa y descarnada; y, por si fuera poco, con el aporte de unas actuaciones soberbias. Altamente recomendable.

La Pianiste

La pianiste
Dir. Michael Haneke | 131 min. | Austria – Francia – Alemania – Polonia

Guión: Michael Haneke, basada en la novela de Elfriede Jellinek.
Música: Schubert, Brahms, Schoenberg, Schumann, J.S.Bach.

Intérpretes:
Isabelle Huppert (Erika Kohut), Benoît Magimel (Walter Klemmer), Annie Girardot (La madre), Anna Sigalevitch, Susanne Lothar, Udo Samel, Cornelia Köndgen.

La pianiste

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