Grandes anécdotas del cine: la historia de Jerry Harvey

Z ChannelEra un día lluvioso en Florida cuando lo descubrí. Me encontraba cumpliendo de manera religiosa la sana costumbre de recorrer, con estricto orden y atención, la sección completa de estrenos del Blockbuster más cercano a casa. Cuando creí no encontraría nada, un DVD de portada naranja con la imagen de un tipo rodeado por decenas de latas de película me cautivó. Entonces descubrí a Jerry Harvey, uno de esos pequeños grandes héroes que pertenece a aquellos capítulos poco contados o escondidos de la historia del cine.

Cuenta la leyenda verdadera que Harvey, un obseso amante de las películas, despertó una madrugada a su novia mientras maldecía al televisor por la pésima programación que un canal de cable ofrecía. Su novia, más calmada y probablemente con ganas de seguir durmiendo, le dijo que, en lugar de continuar gritando, envíe una carta a la televisora presentando una queja. Al día siguiente Harvey lo hizo y, el día después de eso, recibió una llamada de un representante del canal de cable preguntando quien era él, por qué sabía tanto y como podían hacer para reunirse. Listo. Contratado como programador.

Más o menos así se podría resumir la llegada de Harvey a Z Channel, el canal que, gracias a una ecléctica programación, se convirtió en una estación de culto para cinéfilos nada despreciables como Jim Jarmusch, Quentin Tarantino, Alexander Payne y un larguísimo etcétera.

Sucede que nos encontramos en el año 1975 y, como entenderán, no existía el video (me refiero a no DVD, no VHS, no Betamax), por ende no había ese invento llamado Blockbuster, y nombres como HBO o Cinemax ni siquiera se encontraban en la cabeza de sus creadores (es más, recién se estaba vendiendo el concepto de “televisión por cable”) y para que no hagas trampa: no había internet ni esa enorme filmoteca del centro de Lima que nos vende DVD como si fuera pan caliente. No. El único lugar donde podías ver cine, vaya paradoja, era el cine. Imagínate el número de películas que te podías perder, sobre todo en una época donde el concepto “multisala” no existía.

Pues es en este contexto que Jerry Harvey, programador de Z Channel, empieza a mostrar una mezcla de lo mejor del cine clásico, independiente, europeo y documental que existe y que, por las razones expuestas anteriormente, no se podía ver. Pues qué creen, la gente lo devoró. Era como tener un festival de cine en tu propia casa y, suena inocente ahora, era una buena excusa para que los amigos que no tenían el canal te visiten.

Y lo que les he contado no es nada comparado a la sublime experiencia que resulta visionar Z Channel: A Magnificent Obsession (2004), un documental de Xan Cassavetes (sí, ¡la hija del gran John!) que está repleto de historias, detalles y anécdotas del canal y su programador, como cuando la directiva de lo que sería HBO se reúne con Harvey y le pregunta: “Ustedes, para Z Channel, ¿qué grupos consultores utilizan en lo que respecta a la programación?”, a lo que Harvey responde “ninguno”. Entonces llega la repregunta: “Ok, pero en lo que respecta a asesorías, a escoger el tipo de cintas que irán cada temporada, ¿que recursos utilizan?”. Harvey guarda silencio por unos segundos y culmina: “Ninguno, es decir, ponemos las películas que nos gustan. Tenemos algunas personas en la oficina con las que hablamos, pero básicamente ponemos las películas que nos gustan”. Y punto.

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