Diamante de sangre (2006)

Diamante de sangreBlood Diamond
Dir. Edward Zwick | 143 min. | EE.UU.

Intérpretes:
Leonardo DiCaprio (Danny Archer)
Djimon Hounsou (Solomon Vandy)
Jennifer Connelly (Maddy Bowen)
Kagiso Kuypers (Dia Vandy)
Arnold Vosloo (Colonel Coetzee)
Antony Coleman (Cordell Brown)

Estreno en Perú: 18 de enero de 2007

El director Zwick se ha hecho de un lugar dentro del mainstream hollywoodense trabajando los motivos de la épica más tradicional pero adaptada a las necesidades actuales. Es un cine cuidadosamente manejado para no desmarcarse del gusto mayoritario aunque más que nunca toque un tema controversial: la violencia en Sierra Leona a causa de la explotación de los diamantes. Problemática de la que se vale el film para entregarse a la acción y también dedicarse a un discurso bienpensante. El resultado es disparejo, efectivo en el primer aspecto pero más que convencional hasta el aburrimiento en el segundo. Una película que se ciñe a las reglas específicas de cara a los premios de la academia.

Blood Diamond

Nos encontramos dentro del contexto de la guerra civil en el castigado país africano donde la demanda exterior por las piedras preciosas ha generado un círculo vicioso de muerte a grandes escalas. Complejas dimensiones las que rodean a este negocio y de las que la cinta intenta dar cuenta con todo el riesgo que ello implica. Ni bien iniciada contemplamos las imágenes del (deliberadamente) bello paisaje africano para dirigirnos rápidamente a las sedes de las grandes organizaciones de derechos humanos esmerándose por dar a conocer el conflicto suscitado en la región del tesoro, pero olvidada de la mano de Dios. Momentos consabidos para descargar ideas llenas de corrección política y comenzar a implantar “el mensaje en la conciencia” al más desprevenido espectador.

Es así que la película define su percepción del asunto a partir de las vivencias de tres personajes, representantes de cada uno de los segmentos involucrados. Salomón Vandy (es un humilde pescador víctima de la violencia a su alrededor, despojado de su familia y arrojado a la necesidad extrema en medio de las balas y machetes, Danny Archer, un ex militar dedicado al tráfico y que intenta sobrellevar más de una culpa; y Maddy Bowen quien en su labor de periodista representa la mirada, desconcertada al menos, del mundo exterior. Los tres confluirán a partir de que el nudo de la historia se asiente con la búsqueda de un valioso diamante rosado del cual Salomón es el único que conoce su ubicación. La película se define entonces con más claridad hacia la aventura y es ahí donde gana.

Blood DiamondEdward Zwick es un director más que interesado en el Hollywood clásico al parecer, películas como Glory, The Siege o The Last Samurai aún en su ingenuidad intentan ser continuadoras de las románticas y vibrantes epopeyas de antaño y de ellas se moja con su innegable eficiencia dentro de la acción a gran escala. La huída de Salomón y Danny en medio de la guerra de calle en calle es una muestra contundente del manejo solvente de su director dentro de la dinámica de las imágenes. Es de agradecer intenciones de este tipo, pero el gran problema radica precisamente cuando debe sostener su discurso fuera de la épica. La película tiende a ser enfática y explicativa cuando deja el combate fuera de cuadro, Zwick es un director meramente mecánico o más bien desganado a la hora de abordar el sustento de todo su despliegue espectacular.

Presenciamos entonces un intento por conocer el otro lado de lo que solo exhiben los diarios: Danny justificándose y cada vez más comprometiéndose con la ardorosa búsqueda de Salomón por su hijo (que otorga la visión de los niños reclutados para la masacre) más que por el trofeo de sus sueños. La dualidad del hombre blanco en el continente negro, la disimulada instigación del conflicto por parte de los empresarios elegantemente vestidos de Londres y la insolvencia de la ayuda humanitaria son varios de los hilos de la gran madeja que la película no puede (en parte por el tamiz de los productores) desenvolver más allá de un acercamiento superficial. Y ese es el objetivo final del filme como artefacto de las apariencias del “buen cine” con el que se vende. Se agradecen los intentos por devolverle su cualidad pérdida al cine bélico pero ello no basta para hacer de esta película una cabal expresión de denuncia, mucha ya no sinceridad sino contundencia es lo que le falta a su discurso que se limita a la pompa y circunstancia de los grandes premios de salas con cumplidores aplausos y trajes de etiqueta como los que terminan rodeando a Salomón.

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9 comentarios

  1. 28 de febrero de 2007 at 0:56 — Responder

    Entretenida película de aventuras, con un claro trasfonso socio-político-económico, aunque, me parece, usado esto último como coartada para lograr una superproducción que rompa las taquillas de todo el mundo.
    Esto está claro que lo logrará, a juzgar por el estado de la sala donde la vi, y en la primera sesión de un sábado, que es cuando menos va la gente al cine: estaba prácticamente llena.
    Esto da fe de que se ha conseguido el objetivo claro: el éxito económico.
    Para logarlo se narra una historia que todavía está de actualidad, pese a que la acción se sitúe en 1999, cuando en Sierra Leona había continuos enfrentamientos de guerra entre distintas facciones y los niños soldados eran utilizados para matar a sus hermanos.
    Como se dice al final, ahora ya no hay guerra en Sierra Leona (me temo que no sea cierto) pero siguen utilizándose los niños soldados. Aspecto este que se manifiesta en la cinta, con escenas duras en verdad.
    Pero, y esto es la mayor pega que se puede decir de la película, dichas escenas y otras de pura acción guerrera, suceden alegremente, sin mayor cohexión, y pareciendo a veces, sobre todo cuando están en liza los dos protagonistas, una suerte de pantallas de video juego, que deben superar para pasar a la siguiente fase. Multitud de tiros y explosiones por todas partes, balas silbando por doquier encima de sus cabezas, personas que, junto a ellas, van cayendo como moscas…y ellos tan campantes, sin rozaduras, muy asustados, sí, pero sanos y salvos. Esto, claro, quita credibilidad a dichas escenas, por muy, que lo están, bien rodadas que estén.
    Y es que, este es el elemento repetitivo del filme, que es excesivo y muy poco verosímil en las escenas de acción, hecho más grave teniendo en cuenta que, en teoría, se nos está contando una historia con claro trasfondo social, que debe ser creíble para ser aceptado por el espectador.
    Pero dejando aparte estos menesteres, este último trabajo de Zwick, que de nuevo tiene todos los mimbres para lograr una gran película, y los desaprovecha en gran medida, es entretenido, y no aburre nunca.
    Es tan espectacular que siempre están pasando cosas, y se adornan con un estupendo empaque técnico: bella fotografía que enriquecen paisajes de ensueño, unas competentes interpretaciones, y un montaje frenético y excelente, que imprimen dramatismo a ciertos intensos momentos. En cuanto a la música, un poco repetitiva y con una sensación de ya oída antes.
    En cuanto a la parte semi-final, esto es, cuando los protagonistas encuentran el diamante, está claro que, en su intento por dotar a Di Caprio de un halo de heroísmo, se alarga demasiado, restándose magnificiencia.
    Lo mejor, para mi gusto, a parte de la simpar belleza del rostro de Jennifer Connolly (¡cuidado que es guapa esta mujer, pardiez!) es la contemplación del bellísimo collar de diamantes que está expuesto en una tienda londinense. Esta escena ejemplifica claramente lo que debería haber sido este ¿fallido? filme. Una denuncia contra la explotación de las pobres y sufridas gentes para conseguir unas preciosas piedras que puedan llevan en su cuerpo las damiselas del Primer Mundo.

  2. 15 de marzo de 2007 at 21:01 — Responder

    esta muy buena mucha acion

  3. Ariel Batres V.
    20 de marzo de 2007 at 3:21 — Responder

    ¿Por qué los críticos -de cine, literatura o de cualquier expresión artística- siempre dan la impresión de tomarnos por unos tontos?

    Cuando Jorge Esponda afirma que “Momentos consabidos para descargar ideas llenas de corrección política y comenzar a implantar ‘el mensaje en la conciencia’ al más desprevenido espectador”, nos está tratando como gente no sólo desprevenida sino desinformada, carente de criterio y de capacidad de análisis para decidir si lo que se muestra en una película es lo políticamente correcto, o bien si existen visos de realidad o de ficción, o mas bien una combinación de ambos.

    Para mi gusto, no siendo experto ni crítico de cine, “Diamante de sangre” es una película de acción bélica, utilizando como telón de fondo la situación vivida en Sierra Leona cuya historia resumida es como sigue:

    “En 1808, Sierra Leona se convirtió en Colonia de la Corona británica, alcanzando la independencia el 27 de abril de 1961. Sir Milton Margai (1895-1964) fue el primer Primer Ministro.
    El país se vio envuelto en una Guerra civil en 1991, cuando el Frente Revolucionario Unido (RUF) de Foday Sankoh se sublevó contra el gobierno (Guerra Civil de Sierra Leona). Causó cientos de miles de muertos y dos millones de refugiados (un tercio de la población), muchos de los cuales aún no han podido regresar al país. Un golpe de estado el 25 de mayo de 1997 depuso al presidente Ahmad Tejan Kabbah, sucediéndole Johnny Paul Koromah (aunque posteriormente Kabbah recuperó el poder en marzo de 1998).
    Se alcanzó el Acuerdo de Paz de Lomé el 7 de julio de 1999 en Lomé, Togo para finalizar con el conflicto causado por los diamantes. Al año siguiente hubo un rebrote de la violencia, que provocó la intervención británica bajo el nombre de Operación Palliser cuyo propósito era evacuar a los civiles británicos y restablecer el orden. Dicha intervención sirvió para poner fin a la guerra civil.”
    TOMADO DE: http://es.wikipedia.org/wiki/Sierra_Leona

    A diferencia de otras películas que describen situaciones históricas, en el caso de “Diamante de sangre” se observa claramente la descripción anterior, apreciándose los miles de refugiados en la frontera con Liberia, así como las acciones del RUF, que no son tan diferentes a las cometidas por el ejército de Idi Amín Dadá en Uganda.

    Según el artículo publicado en Madrid en el año 2000 “Sierra Leona. Diamantes y venganzas”, ver http://www.el-mundo.es/internacional/sierraleona/claves.html, las claves del conflicto se remontan a su origen en 1991, donde la figura principal la adquieren los diamantes. En efecto:

    “El punto de partida se sitúa en 1991. El entonces presidente del país, Joseph Momoh, intervino en la guerra civil que se estaba librando en Liberia, apoyando a una de las partes, las fuerzas regionales del Ecomog. Charles Taylor, líder del principal grupo guerrillero liberiano, decidió vengarse y propició la creación de una guerrilla en la zona oriental de Sierra Leona: el FRU (Frente Revolucionario Unido). Estos rebeldes, liderados por Foday Sankoh, alias Papi, han intentado, desde entonces, hacerse con el poder aterrorizando a la población civil.

    En 1996, tras el régimen de Valentine Strasser, que quitó del Gobierno a Momoh con un golpe de Estado, se celebraron las primeras elecciones libres, en las que ganó el actual, Ahmed Tejan Kabbah. En 1997, éste fue derrocado por un golpe militar, siendo restaurado un año después por el Ecomog.

    Enero de 1999 fue el mes del resurgir de la violencia. Los rebeldes del FRU se dirigieron y llegaron a entrar en Freetown, la capital, dejando tras de sí un reguero de cadáveres, mujeres violadas, y niños sin labios, brazos o piernas. Exigían la puesta en libertad de su líder, Sankoh, quien estaba en prisión desde 1997, acusado de tráfico de armas. Tras una cruenta guerra, se firmó la paz en julio en Lomé (Togo), recibiendo los propios rebeldes puestos en el Gobierno.

    El pasado 1 de mayo, las fuerzas del Ecomog cedieron el testigo de controladores a las de la ONU. Al día siguiente, los rebeldes comenzaron a movilizarse. Las tropas de Naciones Unidas se han visto desbordadas y el FRU se encuentra, en este mismo instante, camino de Freetown.”

    Compárese la descripción periodística anterior con las imágenes y situaciones vistas en la película “Diamante de sangre”: ¿en dónde está la diferencia? Sin ser un panegirista del director y del guionista, estimo que no se apartan de la historia real, claro que adicionando la consabida mezcla de ficción. Empero, por qué pretender -como afirma Jorge Esponda, que aún así “…no basta para hacer de esta película una cabal expresión de denuncia”.

    ¿Por qué exigir algo que ni siquiera sabemos si pasó por la mente del director? Si expresamente éste hubiera declarado que su película era de denuncia, al estilo de “Salvador” por ejemplo, entonces sí cabría la crítica en tal sentido. Como el Sr. Esponda nos considera desprevenidos espectadores, pues muy bien que películas como esta despierten en más de alguno la necesidad de investigar y comprobar si lo que plantea está acorde con la historia, o la ficción pesa más, para emitir opinión. Los sucesos descritos en buena parte ocurrieron, con todo y la crudeza de sangre mostrada, igual que las diez fotografías que se observan en http://www.el-mundo.es/internacional/sierraleona/foto.html. Hay una escena en el bar donde se aprecia que por televisión están dando la noticia acerca del affaire Clinton-Lewinski, el que ocurrió en 1998, mismo que nos sitúa en el contexto señalado en los párrafos transcritos supra.

    Como todo cabe en lo posible, podría ser que el ex soldado mercenario Archer efectivamente haya cambiado su interés inicial -la obtención del diamante rosado- por otro más humano -encontrar al hijo de Solomon (no se escribe como Salomón el sabio de los israelitas)-. Si le devuelve a éste el diamante para que así logre liberar a su familia del campo de refugiados en Liberia, lo hace porque no le queda otra: está por morir, y todavía tiene el arresto de comunicarse con Mandy y despedirse de ella, solicitándole un último favor.

    Como lo anotado en el último párrafo sí es ficción, convengamos en que cada autor -novelista o guionista de cine- puede convertir una finca olvidada en un país llamado “Macondo” (véase Gabriel García Márquez y sus “100 años de soledad”), o bien en “República de Santa Fe” (ver Ramón Del Valle Inclan y su “Tirano Banderas”), quizá dejar el nombre original, Paraguay, e incluso darle otra denominación “Primera República del Sur” (véase Augusto Roa Bastos, “Yo el Supremo”), y, finalmente, no dar un nombre propio sino permitir que el lector se lo imagine, a la manera de “El Señor presidente”, del premio Nobel guatemalteco Miguel Ángel Asturias.

    En conclusión, más que definir si el guión de la película sigue lo políticamente correcto, o atrevernos a elucubrar que el director pretendía darnos una lección de moral pero no lo logró, lo interesante será corroborar la “historia” filmada con la realidad, permitiendo que sea el espectador quien establezca sus conclusiones, sin tratarlo como un tonto.

  4. jesponda
    20 de marzo de 2007 at 22:02 — Responder

    Interesantes acotaciones Ariel.
    Pero a lo que nos referimos invariablemente es que en mayor o menor medida la inmersión profunda o superficial de un film a un determinado contexto histórico tiene validez en la ficción conforme este mismo funcione.
    Damos la medida (al menos como interesandos en el cine)del valor de una película de acuerdo a sus valores de puesta en escena (para usar nuevamente el termino teatral) más allá de su exactitud histórica o nó.
    La visión de Blood diamond específicamente nos remite a la historia misma, en mi opinión debido a la debilidad del conjunto. Una cinta irregular que se sostiene en la potencia de las secuencias bélicas pero que al detenerse y necesitar de una concetración dramática lo suficientemente eficaz para contrapesar la acción, no lo consigue.
    Claro que la inquietud que despierta el tema puede hacernos investigar más sobre el mismo y ello es una consecuencia siempre agradecible y dependiente de la voluntad de cada o cual espectador.
    Por otro lado que
    Es por ello que la atención (inevitablemente) recae en el tratamiento que se otorga al contexto mismo sus precedentes y consecuencias.
    Ahora, ello de tratar a los lectores o espectadores como tontos!! pues para empezar yo soy uno de ellos así que dificilmente lo haría.
    Siempre he considerado que lo mejor es que cada quien vea y saque sus propias conclusiones, sería una practica más que interesante que como espectadores podamos todos otorgar nuestras particuñares impresiones sobre tal o cual expresión. De ahí quien solo en vez de dar sus propias opiniones sobre el punto tratado (en este caso la película) se limite a decir que tal opinión es fallida o incorrecta pues!!
    Aunque es verdad que ciertos criticos (y muchos que no lo son) tiene esa mala costumbre.
    De lo que se trata (y nunca se ha dicho aquí con otras palabras) es de dar posición alrededor de tal o cual expresión o realización y bienvenidas las discrepancias que pueden ser tan o más valiosas.
    Nuevamente te reitero lo interesante de tus acotaciones dentro del apasionante ámbito histórico y me gustaría también conocer tu opinión de los mismos alrededor del film .

  5. Ariel Batres V.
    21 de marzo de 2007 at 10:48 — Responder

    Gracias Jorge Esponda por tus comentarios a mis comentarios, que a decir verdad los acepto humildemente.

    Y eso es lo maravilloso de las discusiones: todos podemos opinar, tengamos o no razón, poseamos o no el suficiente conocimiento sobre un tema, pues al final las dudas se aclaran siempre y cuando no nos creamos poseedores de la verdad.

    En cuanto a las características o calidad fílmica no me atrevo a opinar, pues no poseo la suficiente experiencia que tu sí tienes por estar o desenvolverte en el medio, de tal suerte que mi opinión como simple expectador es que me gustó como cine de acción, y me siento obligado a investigar un poquito en cuanto a la situación que plantea acerca de la guerra civil en Sierra Leona, sobre todo porque en el ámbito latinoamericano no nos es tan conocida la historia inmediata de África en su conjunto.

    Traté de hacer una comparación mental entre la caracterización económica de Sierra Leona con Guatemala, mi país, y las similitudes en algunos casos son sorprendentes, y no es para ponerse feliz que en algunos indicadores estemos mejor, pues la conclusión general es que estamos como estamos por no saber manejar adecuadamente las políticas públicas, y en muchos campos éstas no existen o se han convertido en simples enunciados y buenas intenciones, de las cuales -como bien dice el refrán popular- está lleno el camino al infierno.

    Reitero, gracias por tus comentarios.

  6. Jhordan
    7 de diciembre de 2007 at 19:23 — Responder

    Diviértanse muchachos, pq tanta crítica….

  7. […] “serias”. Aparte de Glory; Legends of the Fall; The Siege; The Last Samurai; o Blood Diamond, ahora tendremos que añadir a la lista a Defiance. Esta producción se encuentra ambientada en […]

  8. […] Zwick, el irregular director de Glory, Leyendas de pasión, El último samurai y Diamante de sangre, abordará la industria farmacéutica en su próximo proyecto, titulado originalmente Pharma y que […]

  9. josefina
    5 de septiembre de 2011 at 9:10 — Responder

    Q muyy buena la peli en la buena para todos .l.

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