[Crítica] “Exótica”, de Atom Egoyan (1994)

“Exótica” es un nightclub a las afueras de Toronto. Ahí trabaja como DJ Eric, mientras su ex novia Christina baila como stripper Esto despierta los celos en él, sobretodo cuando uno de los clientes, Francis, obtiene atenciones extras de ella. A ellos se le suma Thomas, el dueño de una tienda de animales, quien vive las más peculiares situaciones. Este es un filme contando con diferentes referencias hacia el pasado y el futuro, con temas recurrentes y un aura de misterio que el director Egoyan va revelando con destreza.

En esta película usted encontrará desnudos, espectáculo pornográfico y relaciones homo y heterosexuales, como corresponde a un filme que transcurre en un club de striptease. Sin embargo, al mismo tiempo, no experimentará mayor excitación, ya que pese a los estímulos visuales, los personajes parecen estar con la mente “en otra” y lo que vemos son comportamientos que buscan más bien despertar nuestra curiosidad. De hecho, hasta pasada la mitad de la proyección no entendemos exactamente a qué obedece el extraño comportamiento de los protagonistas, que sugiere algún tipo de perversiones aún no descubiertas. Pero de pronto, hacia el tercio final todo se “destapa”, el relato se vuelve totalmente coherente y lo que parecía una mala película porno se convierte en un tremendo drama humano.

Este tipo de estructura recuerda —salvando distancias y géneros— al de La amenaza de Andrómeda, una película de ciencia ficción de los años 60, en la que dos tercios del filme transcurren en un moroso recuento de datos para despertar o mantener la curiosidad (lo que algunos espectadores pueden considerar excesivo) y, en el tercio final, se desarrolla un suspenso vertiginoso.

Pero, aparte de no ser futurista, Exótica se diferencia de Andrómeda por una estructura narrativa más compleja, en la que el director canadiense de origen armenio Atom Egoyan utiliza, para mantener la curiosidad e interés, un procedimiento opuesto al conocido flashback (o vuelta al pasado): el adelantar gradualmente una situación del futuro (el raramente utilizado flashforward), lo cual añade un elemento más de complicación al hasta entonces tortuoso desarrollo de la trama, pero que juega un rol decisivo en la resolución dramática. Es decir, que no es un procedimiento gratuito. Finalmente, el director se da el lujo de rematar su obra con un flashback, que vendría a ser la pieza inicial que completa una historia más bien tierna y dolorosa.

Una segunda diferencia —y el otro gran aporte de esta película canadiense— es la iluminación llena de claroscuros que acentúan el misterio y el carácter ambivalente de los secretos que ocultan unos personajes casi siempre en el límite (o más allá) del bien y el mal, como ocurre en las películas del policial negro norteamericano. La mayor parte del filme transcurre durante la noche en escenarios urbanos muchas veces sórdidos o que se vuelven opresivos (la tienda de animales, por ejemplo), predominando el tono azul que refuerza la frialdad y distanciamiento de los personajes (y en un dramáticamente justificado contrapunto con el mencionado flashforward, que por oposición transcurre en el campo a plena luz). Todo ello proyectado en una escenografía densa y recargada, que hace honor al título de la película; y una música apropiada que nos recuerda el origen caucásico del director.

Aquí no se agotan las virtudes que Egoyan desarrolla sobre estas líneas maestras, ni tampoco las contribuciones de su enfoque audiovisual (por ejemplo, el voyeurismo, dentro y fuera del filme), las que dejamos al disfrute del espectador.

Exotica
Dir. Atom Egoyan | 103 min. | Canadá

Intérpretes:
Elias Koteas (Eric)
Mia Kirshner (Christina)
Don McKellar (Thomas Pinto)
Bruce Greenwood (Francis Brown)
Arsinée Khanjian (Zoe)
Sarah Polley (Tracey Brown)

Estreno en Perú: 15 de mayo de 2003

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2 comentarios

  1. 5 de marzo de 2007 at 15:58 — Responder

    Inteligentísima y fascinante película, dotada de una sensibilidad nada común. El guión es una proeza emocional, realzada con una sobresaliente dirección, que hace que el espectador vibre con la cinta sin saber, hasta el sorprendente final, qué está viendo exáctamente. Todo se nos va revelando poco a poco, suavemente. Los personajes, gracias al extraordinario poder de sugestión de los colores (azules, preferentemente), así como de los sensuales decorados, nos impactan y arrebatan. Una película, positiva.

  2. […] cine de Egoyan, que ha dado títulos brillantes como Exótica, El dulce porvenir, El viaje de Felicia y Ararat, entre otros, observa con agudeza los efectos de […]

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