Elias Koteas

Así como Entre hermanos, Déjame entrar (Let Me In), segundo largometraje de Matt Reeves, es un remake expeditivo, un producto elaborado por la maquinaria hollywoodense a partir de un molde fresco de procedencia nórdica, en este caso la notable película sueca de Tomas Alfredson que se estrenó en el Perú el 2010. Como ya se ha indicado, es el método que emplea la industria USA para sacarle provecho en su país a una propuesta que les atraiga de alguna manera.

Lanzada apenas dos años después del original, diferencia que se reduce a doce meses en nuestra cartelera, la obra es fiel al espíritu de aquél, aunque no llega a alcanzar el nivel de erotismo adolescente y dolorosa poesía que fluía entre las jornadas vampíricas de la inquietante Eli (Lina Leandersson). En esta ocasión, la muchacha es Abby (Chloe Moretz, la pequeña actriz de Kick–Ass), de facciones más angelicales y menos andróginas que su colega sueca, quien interactúa con Owen (Kodi Smit–McPhee, el exigido hijo de Viggo Mortensen en El último camino), a su vez igualmente más candoroso que Oskar (Kåre Hedebrant).

El demonio bajo la piel

Adaptada ya en 1976 por Burt Kennedy como «El asesino dentro de mi», Michael Winterbottom se aplica más que Kennedy en visualizar la escritura malsana de Jim Thompson, y lo hace francamente bien, a base de buenos interpretes, a los que Casey Affleck/Lou Ford da una réplica superior; una buena ambientación de época; una fotografía y luminosidad en colores tierra que dan un carácter de asfixia y ansia enfermiza, donde todos tienen cosas que ocultar y pervertidos pasados propios de una sociedad puritana como lo era la Norteamérica de 1950.

Winterbottom sabe jugar con varios puntos inquietantes, repartidos a lo largo del metraje, que mantienen al espectador esperando una vuelta de tuerca entre el marasmo de mecanismos dramáticos de poder y corrupción, donde no falta el cacique del pueblo, Central City, que se alimenta del petróleo, y una oficina del sheriff de gatillo fácil.

Los amantes (Two Lovers, 2008), de James Gray, uno de los mejores estrenos en lo que va del 2010, es un drama concentrado, tenso, que empieza con un intento recurrente de suicidio en un río y transita durante el relato entero por una línea autodestructiva y redentora.

A primera vista, parece una narración lineal y clásica, nunca deja el presente y carece de flashbacks. Sin embargo, los diálogos y la composición de los personajes están atravesados por referencias y sensaciones fantasmales, que remiten a un amplio pasado tan desequilibrado como el pasaje actual de la vida de Leonard Kraditor.

La película coloca a Leonard en el centro de un establishment parental y cultural provisto de rituales judíos y buenas intenciones que buscan encauzar su futuro, incluido el traspaso del negocio de tintorería a un comerciante cuya joven hija, Sandra Cohen, entabla una tímida relación con él.

Se ha lanzado el tráiler de Two Lovers, cuarto largometraje de James Gray, de quien todavía se puede ver en los cines peruanos Dueños de la noche, seguramente ya en …

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