Pequeña Miss Sunshine (2006)

Pequeña Miss SunshineLittle Miss Sunshine
Dir. Jonathan Dayton y Valerie Faris | 101 min. | EE.UU.

Intérpretes:
Abigail Breslin (Olive)
Greg Kinnear (Richard)
Paul Dano (Dwayne)
Alan Arkin (Granpa)
Tony Collette (Sheryl)
Steve Carell (Frank)

Estreno en Perú: 29 de marzo de 2007

Las películas sobre familias disfuncionales norteamericanas se convirtieron de un tiempo a esta parte en moneda corriente a tal punto que en esta nueva atracción publicitada por el Oscar, éstas ya se convierten en un gremio fuerte y orgulloso. Singular parodia de la no menos postmoderna y más que consciente mirada a la institución y al cine que se especializó en ella. La familia protagónica es una partida de poco agraciados representantes de esa sociedad que Disney habría rechazado representar, pero la maña del asunto es que resultan lo suficientemente asequibles para conquistar al gran público. Los Hoover (bautizados satíricamente como el paladín del conservadurismo) emprenden un viaje que toma la tradición y se burla de ella. Una más de las road movies que pueblan el imaginario norteamericano para reírse de su heroísmo o candor, pero que también toma algo de cuestionadores -como el siniestro Todd Solondz- para hacer lo mismo. Hacer un retrato del revés de la fortuna no requiere irse a ninguno de los extremos, punto intermedio que es donde casi siempre navega la vida.

Con bastante experiencia y fama en el mundo del videoclip, la pareja Dayton-Faris se lanza a recorrer el camino del cine y su experiencia previa les conmina a calcular bien sus pasos. De ahí que sus objetivos anticipados se hayan realizado casi sin ningún problema. La atención sobre este producto de la Fox Searchlight y su consecutivo éxito se han desenvuelto dentro de ese espacio que los Oscar otorgan para producciones de cierto perfil artístico y de asegurada empatía con el público. Es una película que nos confirma que el título de “película independiente” ya no se encuentra reñida con los mecanismos del mainstream, y desde hace rato. Se entrega un tema y una estructura favorita o reconocible de estos predios y lo hace sin afanes de resultar original ni mucho menos. Lo divertido es que sin ese interés característico de los indie-filmmakers por causar conmoción, consiguen llegar más lejos que muchos de ellos. El oficio y el talento son innegables en este dúo de cineastas a la hora de presentarnos el tantas veces visto viaje hacia el infinito, que es a veces el inicio o el fin de nuestra relación en sociedad, la misma que se convierte aquí en una versión sarcástica del enrumbamiento de la nación.

Como en las más cuestionadoras películas, nos encontramos ante el espectáculo de las relaciones en crisis. Los miembros de esta familia nos son presentados uno a uno como sobrevivientes (quién sabe como) de algún sueño frustrado o postergado. Una partida de queridos losers como se recita una y otra vez durante toda la película y que forman a pesar de ello un todo indesligable apenas por esta condición. La respuesta liberal al derecho del que menos es incrementada como lema en este filme (como para unirse a la moda antiBush que corre tras los resultados de su segunda reelección). Richard, la cabeza de familia, es el único que lucha por convencerse a sí mismo de las frases sobre el éxito (de manual de bolsillo) que pregona sin resultados. A su modo resulta el verdadero freak ante las miradas de su familia, que incluye a una paciente y desorientada esposa, un cuñado y fracasado experto literario (de Proust y sus tiempos perdidos), un padre ex hippie y por lo mismo relegado a sus personales vicios, un hijo renegado hasta el mutismo y una pequeña e inocente niña, el rayo de sol que tal vez (como los Skywalker en tiempos del oscuro imperio) sea la única esperanza. Grupo que representa los alcances de la democracia en su más autentica expresión.

En el papel pintan la más deprimente compañía y el mayor escándalo para la nación progresista y “bienhechora”. Sin embargo, ello no los aleja de la posibilidad de ser los protagonistas de una película más que festiva y risueña. Desde el inicio presenciamos las idas y venidas de los Hoover a través de imágenes soleadas y coloridas, hasta en los momentos más patéticos (a la vista de los triunfadores). Lejanos están aquí los claroscuros de Eastwood (ese especialista del mundo de los reveses). El rayo del sol todavía es capaz de iluminar a los protagonistas y el escape de la oscuridad es el efecto siempre buscado por los directores, a diferencia de otros filmes de esta vertiente que se han visto últimamente como Transamérica, con la cual comparte más que solo la estructura on the road. Truco hasta la amabilidad apta para todos, pero también identidad propia es la que consigue el retrato de esta familia alterada por la misión de llevar a la pequeña Olive hasta la aún más soleada California, deseado albergue de los sueños estadounidenses por excelencia. La secuencia de la comida familiar es cabal representación de esa orientación de la cinta hacia lo irrisorio. Entre fast food y extravagancias al estilo de The Simpsons, los Hoover trepan en su vieja van para hacer del sueño de Olive uno común, para alcanzar ese grado casi monárquico representado por las muecas (también risibles) de una miss hecha divinidad.

Es cierto que el tono es medio y la película no se arriesga a dar un paso más allá de solo su intencional vocación de simpatizar. Varios de los pasajes de este viaje no pasan de ser llevaderos sin más, pero aún en ellos hay curiosos momentos en los que ese planificado afán contestatario se manifiesta dentro de la parodia total. La familia disímil puede empujar el carro solo por sus sentimientos de afecto y dignidad que por los imperativos de la dura competencia, que tanto nutren los programas del éxito y que también son capaces de fracasar. En medio de súbitas revelaciones y obstáculos, los itinerantes compañeros asumen su pase al concurso por la vía alterna. Hay un momento realmente notable que es el del concurso mismo, en él se concentra, ya no tan complacientemente, la burla a ese universo de triunfadores que no resulta otra cosa que un estrafalario show de los que inundan los medios (con ese antológico desfile de muñequitas hechas en el molde de Pamela Anderson). Paseo que al menos le valió a los camaradas para darse con esta última revelación y sentirse nuevamente satisfechos con su condición de freaks que fungen de aguafiestas en la pasarela de lo “bonito”. Dardos que por un momento dejan de estar sazonados con la esencia de lo agradable y que nos dejan pensando en lo que hubiera sido esta, en verdad efectiva, película sin el sabor de las correctas intenciones.

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6 comentarios

  1. 7 de abril de 2007 at 10:33 — Responder

    Dos o tres parrafos serian suficiente para habla de esta pelicula, bastante inocua. De todas formas, para lo que hay en cartelera usualmente…

  2. Iñaki Bilbao
    9 de abril de 2007 at 3:54 — Responder

    Bonita película,y muy positiva,al poner en solfa diversos puntos negros de la cultura yanquee,y no tan yanquee,que tan peligrosos son para el resto de países. El culto a la belleza, a los valores negativos y vacíos del ser humano,se nos presentan aquí en clave de humor.Un humor a veces irreverente y poco correcto,polítacamente hablando, y otras de forma emotiva y muy humana.
    Recomendable cien por cien.

    Travis (Iñaki)

  3. Rosa
    9 de abril de 2007 at 15:10 — Responder

    Me gustó,creo que lo bueno de esta película es que al ser “apta para todos”, permite que cualquier prejuicioso la visualize, ya que, sin demasiada tosquedad, pero con bastante ingenio nos habla de temas como la tolerancia, y el afan enfemizo que existe sobre el éxito y el modelo prefabricado que uno debe seguir en la vida.

  4. Juanjo
    20 de abril de 2007 at 9:16 — Responder

    Que bueno que de vez en cuando salgan comedias ade buena calidad, como dicen todos ese género ya está muy manoseado.
    Evoluciona en carrtera, con disparatados y tragicos sucesos, en que la desigual familia se une como nunca antes lo habian hecho.
    Pues el fin de esta cinta no es que Olive (interpretado por una espectacular Abigail Breslin), gane el tan aspirado concurso se belleza, si no que en ya comentada familia nazca el compañerismo y sosiladirad, en ese aspecto salen ganadores.
    El guión no es muy bueno que digamos, pero se hace atractivo por el carismático reparto.

  5. Luis Ernesto
    29 de agosto de 2007 at 15:52 — Responder

    Es una excelente pelicula!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! debo comenzr diciendo esto el guion es realmente lo mas original q se vio maginense poner a toda una familia empujando su furgoneta y estar comprometiendose entre ellos a seguir adelante empujar cualquier obstaculo para identificarse como familia q de ser un grupillo de fracasados a quererse mas q nunca tras la desastroza presentacion de Olive en el concurso de talentos un ingenio unico mis respetos a los creadores del guio muy buen merecido el oscar tambien muy buen merecido al genial Alan Arkin q se vuelve en el personaje mas gracioso de la cinta gracias a ser un drogadicto anciano y q desgraciadamente muere , debo admitir q me fascino recomendable al cien por ciento y no solo por ser premiada sino q uno se encuentra con una realidad logica el decir “no todo es lo q parece” el cuento de hadas es una severa realidad llena de fracasos pero al lado de una familia se puede encontrar una gran felicidad cursi pero real

  6. […] Y el jefe lo interpreta el veterano Alan Arkin, un actor muy competente (ganador del Oscar 2006 por Little Miss Sunshine), pero que no llega a encajar del todo. ¿Por qué sucede eso? Porque el traslado de una historia […]

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