José Watanabe Varas: In memoriam

Juan José Beteta dice:

El Perú vive un momento aciago. Uno de sus grandes poetas y escritores, José Watanabe, falleció luego de una larga enfermedad. Y lo más triste que Watanabe nos deja en uno de sus momentos más productivos; ya que desde algunos años publicaba, uno tras otro, libros de la poesía más excelsa y al mismo tiempo cotidiana que se hayan escrito en lengua castellana. Su arte consiste en descubrir en objetos, situaciones y lugares convencionales un espacio y una dimensión mágica; y, en el día a día, el fluir del tiempo y la vida. En cuanto al paisaje, le bastaban unos pocos versos para que el desierto liberteño apareciera ante nosotros con esa nostalgia única del que puede trascender con su arte la fugacidad del momento y capturarla en versos sencillos e inolvidables. Además, este insigne poeta fue libretista de cine y televisión.

Es pertinente también considerar a Watanabe como un escritor regional, cuya obra está sólidamente enraizada en su tierra natal, pero que la proyecta hacia un ámbito universal mediante su escritura muchas veces cristalina. Es triste comprobar, finalmente, que los reconocimientos y homenajes que seguramente continuarán en los próximos días ocurran con motivo de la muerte del poeta. El mayor homenaje debiera ser la difusión en vida de la obra de este y otros escritores que tenemos en el país; y, en particular, a través del sistema educativo, en colegios y universidades.

Antolín Prieto dice en Una banca de parque:

Lo recuerdo en la Plaza de Armas, contándonos de cuando rayaba con tiza las baldosas de esa misma plaza, justo bajo la banca donde nos sentabamos, para resolver ejercicios de ‘mate’ para el examen que tendría más tarde, se acordaba de su época escolar, de su colegio San Juan y su Laredo. A José Watanabe, el poeta, le gustaba la conversación, la noche, la belleza, la sencillez y la humildad.

Lo conocí en un taller de creación de guiones, del cual me llevé su buen recuerdo, sabios consejos, y una imagen que aún no puedo ubicar en mi pequeña filmografía. Imagen, que coincidentemente tiene un ataúd, coincidencia triste ahora que escribo a la sombra de su muerte. Tendría que agradecerle, si no lo hice en aquella oportunidad. Gracias maestro.

La última vez que lo vi, fue visitando su Trujillo, conferenciando sobre su proceso creativo, lleno de cábalas de tintas negras y hojas blancas, de reescrituras perpetuas que lleven por el camino de la repetición a la perfección (o casi), del ejercicio de la sorpresa sobre las cosas más banales: las piedras, los árboles, los heladeros y los crucifijos. Leyendo sus poemas de profundidad y simpleza. Quise hablarle, pero no.

Hoy, el poeta Watanabe ya no está, se fue ayer, en la noche, en silencio, con sencillez, con humildad, como era su estilo. Quizá hoy este con Vallejo, Eielson y Delgado. A nosotros nos queda dar testimonio que “habitó entre nosotros”.

Rodrigo Portales dice:

En los siguientes versos del poemario “El guardián del hielo”, José Watanabe vincula al cine (representado por la figura del portentoso Orson Welles) con la inspiración poética. Aquí un breve homenaje para su ausencia.

Los poetas

Abelardo me ha hecho un honor,
me ha pedido que presente su libro. Ay amigo,
exímeme de larga opinión. Bien sabes
que cuando un poeta honrado lee a otro honrado
sólo se le busca una palabra, una sola, la que hace sonar
a las otras.
“Rosebud”, dijo Kane. Una palabra así
como caída del cielo ¿Còmo hallarla entre las astucias
de la poesía y del mucho ingenio
que banaliza los poemas?
Yo la estoy buscando sin prisa, entre todos
los honrados, y con un resabio de sangre en la boca
como si estuviera masticando
mi propia lengua.

(Foto: Arturo Pérez en La República)

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1 comentario

  1. 27 de abril de 2007 at 13:05 — Responder

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