Volver a Casablanca

Hoy se cumplen 65 años del estreno del clásico de clásicos dirigido por Michael Curtiz en 1942 y que inmortalizó a sus protagonistas, Ingrid Bergman y Humphrey Bogart, en los papeles de Ilse y Rick, como una de las parejas más queridas y populares de la historia del cine. Aparte de su romanticismo, sus célebres réplicas, su inolvidable reparto de secundarios, su música, entre otros detalles, Casablanca posee un guión modélico que se escribió a la par que se iba rodando la película en los estudios de la Warner.

Casablanca

Jugando con esa posibilidad, el escritor chileno Juan Armando Epple, cultor de microcuento al estilo del guatemalteco Augusto Monterroso, especula en este breve relato sobre los posibles desenlaces de una historia que prácticamente se construyó sobre la marcha y que hoy es considerada como un milagro.

Michael Curtiz reunió a los actores y les dijo: la verdad es que no sé cómo va a terminar esto, yo no soy ningún dios. Pero aquí tienen algunas posibilidades:

– El agente alemán descubre el plan de fuga, llega al aeropuerto, hiere de muerte a Laszlo, Rick toma su lugar y logra escapar a Lisboa con Ilse.
– Rick, tú mueres a manos del agente alemán cuando te interpones para proteger el escape de Laszlo e Ilse.
– A último momento, tú resuelves quedarte con Rick, Ilse, ¿no es lo que deseabas?, tu marido comprenderá.
– Louis y Rick se dan cuenta que existe una afinidad especial entre ambos, Rick convence a Ilse que se vaya con Laszlo y Louis se compromete a ocultar el hecho. Mañana se filma esta secuencia, y ustedes deciden.

Rick volvió a Rick’s Cafe. En medio del ruido ostentoso fiestero, los brindis y el humo, trató de imaginar una salida. Luego pensó que todo eso era absurdo: te meten en un guión que no escribiste y al mismo tiempo te obligan a buscarle un final convincente, donde fulguren esas palabras tan gastadas como amor, lealtad, gloria, sacrificio. Despidió a Sam y le pidió al camarero otra botella, también inútil. No era difícil intuir que, una vez más alguien ya está decidiendo por él.

Reconociéndose hermano de todos esos actores de reparto cuyos nombres nunca aparecerán en los créditos, resuelve que si le dieran la oportunidad de detener el tiempo no elegiría alguna escena del pasado o un hipotético final feliz. Elegiría ese momento porque el día obliga a doblegarse a la caducidad de un cheque o de una frase memorable y sólo la noche es joven.

Extraído de Relatos vertiginosos. Antología de cuentos mínimos.
Alfaguara, 2005.

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