El libertino (2004)

The LibertineThe Libertine
Dir. Laurence Dunmore | 114 min. | Reino Unido

Intérpretes:
Johnny Depp (John Wilmot Rochester), Samantha Morton (Lizzy Barry), John Malkovich (Charles II), Rosamund Pike (Elizabeth Malet), Tom Hollander (Etherege), Kelley Rilley (Jane), Jack Davenport (Harris), Richard Coyle (Alcock)

El personaje del título es John Wilmot, el conde de Rochester. Un célebre y escandaloso noble que anduvo alrededor de la corte de Charles II repartiendo toda su anarquista filosofía como una suerte de antecedente del Marqués de Sade, tal vez una versión aún mucho más ligera que la de ese otro famoso “pervertido” a quién le tocó vivir tiempos de cambios rotundos. Rochester es todo un personaje vedette de su tiempo. Se pasea de cama en cama y de palacio en palacio siendo el motivo de odios y burlas a partes iguales. Pero no piensen que por ello se trata de una cinta desenfadada que arriesga por un tono inusual, tal vez más picaresco, a la hora de abordar las andanzas de este antihéroe. El libertino es una película que trabaja desde el comienzo con un sentido de la corrección y el respeto que ya hubiesen querido ver de Rochester, sus contemporáneos.

The Libertine

El personaje del título es John Wilmot, el conde de Rochester. Un célebre y escandaloso noble que anduvo alrededor de la corte de Charles II repartiendo toda su anarquista filosofía como una suerte de antecedente del Marqués de Sade, tal vez una versión aún mucho más ligera que la de ese otro famoso “pervertido” a quién le tocó vivir tiempos de cambios rotundos. Johnny Depp asume en esta película el papel con no poco del aparente sabor despreocupado de su capitán Jack Sparrow buscando remecer a sus contemporáneos con sus poses y su no tan secreta disconformidad. Esta película viene a ser la adaptación de una obra teatral (como lo fuera Quills, sobre el divino Marqués) y eso se deja notar en varios pasajes. El debutante director Laurence Dunmore trata con acierto su interesante historia aunque no salga bien librado de esa influencia original así como de ciertas limitaciones de producción. Aún así es una película disfrutable, un cuadro de época concebido casi alrededor de las actitudes y humores alunados de su protagonista.

Rochester es todo un personaje vedette de su tiempo. Se pasea de cama en cama y de palacio en palacio siendo el motivo de odios y burlas a partes iguales. Entre sus pocos amigos (si es que se da el lujo de tenerlos) se cuenta el mismísimo rey cuya dinastía le debe a su familia favores pasados en durante la era Cromwell. Con todo ello tampoco está exento de caer en desaprobaciones que lo obligan cuando menos al exilio en sus tierras como a niño malcriado. Pero no piensen que por ello se trata de una cinta desenfadada que arriesga por un tono inusual, tal vez más picaresco, a la hora de abordar las andanzas de este antihéroe. El libertino es una película que trabaja desde el comienzo con un sentido de la corrección y el respeto que ya hubiesen querido ver de Rochester, sus contemporáneos. Más bien es un tono de tragedia el que lo circunda, el síndrome de una felicidad nunca alcanzada ni en la más desaforada orgía de lo que fuere y que en la película son mostradas con demasiada discreción (hasta parecer sometidas por los censores del propio noble).

The Libertine 2Rochester es nuevamente admitido en la capital solamente por causa de su, secretamente admirado, talento para la pluma. Las hipócritas cortesías esta dispuesto a tragárselas con tal de volver a respirar el aire sucio y trajinado de la gran ciudad, campo de batalla perfecto para ejercitar sus vicios. La película toda es la crónica de este paseo final y revelador en la que el personaje público considerado trivial, insensible o corrupto nos revela sus contradicciones y hasta su lado sensible. Dunmore opta por no dárselas de original, asumiendo con cautela y seguridad su paso de debutante. Hace una película discreta y totalmente subyugada no solo por la fuente de su plot sino de toda la larga tradición del cine de época especialmente en el que ya figuraron personajes aventureros que rompían las rutinas y ceremonias como profetas de la era moderna y su subversión de jerarquías. A su modo Rochester desearía serlo pero nunca asume una identidad de adalid opositor. Su manera de demostrarlo es sencillamente “hacerse el loco” y posar de bufón. Papel que le queda preciso a Depp quien se convierte en la atracción principal de cada escena, asumiendo la pose british sólo para dar rienda suelta a ese juego de personalidad dividida entre las nubes y el suelo, tratando de vivir su fantasía aunque las circunstancias solo se lo permitan en medio de prostitutas y raterillos (hasta convirtiendo a uno de ellos en su fiel Sancho Panza).

Pero como no bastan las compañías de siempre, nuestro héroe se impondrá a si mismo la ilusión de vivir todo un romance (a su estilo) con la debutante actriz Lizzy Barry (la gran dama del teatro de la época interpretada por Samantha Morton siempre impecable). Son precisamente esos momentos dedicados al romance los menos convincentes y los que delatan las limitaciones del film siempre con tendencia a ponerse verboso y explicativo de los impulsos de sus personajes. Toda aquellas secuencias dedicadas al entrenamiento actoral y sentimental solo redundan en la idea central del personaje adolorido y complejo vestido con los ropajes de la frivolidad. En mejor forma lo tenemos al lado de sus compinches. Por un lado los pillos aduladores que rondan a su alrededor y por otro hasta el mismo rey quién lo compromete a apoyarlo en su afán de obtener los favores y riquezas de la corte de los Luises. Por todos lado se respira esa corrupción que más bien quisiera ahogar a Rochester como su fuese el ultimo ser pío en el mundo que retrata la película (especialmente atractivo ese Londres ambientado en el fango y la podredumbre dignas de las páginas de Patrick Suskind).

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¿Qué le queda a un héroe en una situación similar? Pues asumir pecho por la figura y fama que se ha creado para poder huir hasta de obligaciones que le resulten más escabrosas (¿político acaso?). Escape que la cinta presenta si como la obvia pero eficaz chacota de un show digno de los procaces personajes del Casanova de Fellini. Pero por más que corra, siempre va a perseguirlo el fantasma de los pecadillos pasados y que todas las medicinas del mundo no podrán quitárselo. El Depp de talento se torna más histriónico que nunca en esta última parte del film que tiene cierta contundencia y aunque el epilogo con la creación de la leyenda sea demasiado sentimentaloide no podemos permanecer indiferentes, lo cual no dice poco sobre esta realización que aunque pequeña en resultados y producción se las arregla para entregarnos algunos momentos de buen cine y a pesar de sus tropiezos consideremos que se trata de un debut y enfrentar tales medios y tal reparto (destacando también a John Malkovich y Tom Hollander) no es una tarea sencilla, pero por lo menos entre los personajes de época de esta película con Depp y los que lo rodean en la serie de los piratas, son estos primeros mucho más entrañables y hasta tiernos.

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3 comentarios

  1. cecilia
    26 de diciembre de 2007 at 9:07 — Responder

    Vi la pelicula hace tiempo y me gusto mucho, sobre todo la interpreteacion de Johnny Depp es notable como siempre es camaleonico se adapta tan bien en sus roles que disfruto plenamente sus peliculas.

  2. kathy diaz
    26 de diciembre de 2007 at 14:13 — Responder

    yo vi la pèlicula y la encontre muy buena y la actuacion de johnny fue genial en esta pelicula como en las otras que e visto de el

  3. 26 de diciembre de 2007 at 19:56 — Responder

    aaa lo amoo es el amor de mi vidaa!!
    no la vi la peli todavia pero seguro esta barbara
    siempre actua re bien y ademas su presencia mata.

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