En un mundo libre (2007)

It’s a free worldIt’s a Free World…
Dir. Ken Loach | 96 min. | Gran Bretaña – Italia – Alemania – España

Intérpretes: Kierston Wareing (Angie), Juliet Ellis (Rose), Leslaw Zurek (Karol), Joe Siffleet (Jamie), Colin Caughlin (Geoff), Maggie Russell (Cathy), Raymond Mearns (Andy), Davoud Rastagou (Mahmoud), Mahin Aminnia (Esposa de Mahmoud), Frank Gilhooley (Derek), David Doyle (Tony)

Estreno en España: 22 de febrero de 2008

Aún nos resistimos, estamos faltos de costumbre, es demasiado nuevo para nosotros. Aún no miramos o no queremos mirar donde paran todas esas estadísticas de inmigrantes que entran por mar, aire, y tierra en nuestros países libres. Pero ahí está Ken Loach, regalándonos un cine que es también un espejo donde mirarnos, y con el que enfadarnos, ante el que tomar conciencia. En un mundo libre, dos mundos se ven las caras, el mundo fordista representado por el padre de Angie, un hombre que no comprende la perdida de valores actual, las nuevas prácticas laborales, y menos aún todo ello en su hija -tan emprededora como trabajadora-, del que su nieto, Jaime, asume las consecuencias, incluso más graves de lo que el abuelo pueda intuir.

It’s a free world

El tercer mundo frente a tu ventana

¿Cuánto más vale la vida de un norteamericano, danés, inglés, alemán, francés, español versus ese polaco, ucraniano, rumano, iraní, paquistaní, marroquí, subsahariano, chileno, cubano…? ¿Cuánto más la vida de sus hijos? ¿Cien veces más, noventa, ochenta, cuarenta, treinta?. Depende de la nacionalidad reza más de un cartel en la frente de los altos funcionarios de embajadas.

Aún nos resistimos, estamos faltos de costumbre, es demasiado nuevo para nosotros. Aún no miramos o no queremos mirar donde paran todas esas estadísticas de inmigrantes que entran por mar, aire, y tierra en nuestros países libres. Pero ahí está Ken Loach, y deseamos, queremos que siga estando, que siga siendo a pesar de críticos bien pagados y fotogramados a los que tan bien les va la vida y tan encantados están de conocerse. Opiniones libres, por supuesto, menos importantes de lo que ellas se pretenden. Estamos, pues, En un mundo libre, ¿no?.

Ha bajado de nuevo de los cielos nuestro santito, Ken Loach, para que reaccionemos como espectadores, qué también podemos ser, comprometidos. Porque el cine no es solo magia que nos narcotiza de la realidad, y nos transporta, nos encandila, nos enamora su protagonista, nos evade por unos minutos del discurrir diario.

Recién salimos de la evasión de los grandes nominados. De acuerdo, son hermosas películas, técnicamente impecables, sorprendentes en su magnitud artística, algunas incluso encierran reflexiones muy cuerdas. Pero el cine es también un espejo donde mirarnos, y con el que enfadarnos, ante el que tomar conciencia. Ken Loach siempre nos ha colocado ante nosotros mismos con su cine. Cineasta tan incómodo para algunos. Cineasta de las ideologías. ¿Qué lobby acuñaría convenientemente eso de que la izquierda no se adapta a los tiempos, a estos tiempos de nuevos esclavos y beneficio extremo? ¡Qué invento este de la globalización! que surge para resolver la necesidad de nueva mercancía porque aquel trabajador fabril, limpiador, parado o albañil de Riff-Raff, Lloviendo piedras, Mi nombre es Joe o Pan y rosas, maldita la gracia, se ha jubilado ya.

It’s a free worldPrecisamente dos mundos se ven las caras en la última cinta de Loach, En un mundo libre (It´s a free world…), la del mundo fordista representado por el padre de Angie, un hombre que no comprende la perdida de valores actual, las nuevas prácticas laborales, y menos aún todo ello en su hija, del que su nieto, Jaime (Joe Siffleet), asume las consecuencias, incluso más graves de lo que el abuelo pueda intuir.

Angie, (una arcillosa y moldeable debutante, Kierston Wareing), es una mujer lista, espabilada diríamos, con gran capacidad de trabajo y que sufre en carnes propias la precariedad laboral, común a todos los países que conforman esa hipócrita constitución europea. Es esta faceta de la cinta la que muestra una parte característica de los trabajos de Loach, la que nos reconocemos en el personaje. Pero dura poco. Luego viene la extrañeza. Ese mundo nuevo, dentro del nuestro, de emigrantes. Tercer mundo que todos sabemos que existe, pero se quiere guardar en la habitación secreta de nuestro país libre. Habitación en la que se mueven a sus anchas los mercaderes de mano de obra con la convivencia de las autoridades, que si acaso se molestan solo en advertir, como descubren asombradas las dos socias de la agencia del arco iris de la esperanza. Una esperanza, real o ficticia, a la que se accede previo pago.

It’s a free worldAndamos entre películas de ambición, y En un mundo libre habla de ella, naturalmente. La codicia que hace invisible los escrúpulos, aunque alguna vez nos queramos curar en salud con un apadrinamiento en África, o con una cuota (la más barata, por favor) a la ONG de turno. Ambición bien nutrida con lo que la tierra nos da, ya sea oro, oro negro, o el oro mestizo de los nuevos tiempos, la inmigración y el miedo. ¿Dónde está el límite? Desde luego el personaje de Angie no se lo pone, en todo caso se lo imponen los mismos a los que explota. Es por ello que la carrera de Angie cambiará de dirección hacia los más débiles, las mujeres, quizá los niños, ¿por qué no?, cuando lo requiera el nuevo 4×4, o el apartamento con vistas al Tamesis, al Sena o al Mediterráneo. Loach expone los hechos. No da soluciones, solo expone, eso es lo que hay, lo quieran ver o no.

También expone mucho más. ¿El siglo de las mujeres?, un sin sentido si acabamos utilizando las mismas armas; el espectáculo de la violencia en el que se mueve la infancia contemporánea; los desequilibrios que genera una sociedad tan inestable, y sobre todo habla Loach de la falta de remordimientos. Sí, ya sé, les suena antiguo.

Angie y su compañera de piso Rose (Julliet Ellis), hartas de la precariedad laboral en la que se mueven deciden montar una empresa de trabajo temporal para inmigrantes llevándola de forma completamente ilegal, sin permisos y sin pago de impuestos. Poco a poco irán trasladándose ambas hacia un terreno más pantanoso, hasta cubrirse de barro, o más exactamente, de mierda.

It’s a free world

Despreciar este maravilloso trabajo por el maniqueísmo que solo existe en la mente de algunos críticos, nos mantiene en nuestra parcela acotada con la ilusión de una sociedad ultramoderna y tecnológicamente avanzada. Al fin y al cabo son críticos hijos de su amo, esclavos de su prosa rimbombante. Ken Loach produce escozor. Resulta incómodo, nos revuelve las tripas. Por lo que mejor convertirlo en una antigualla desfasada. Más ya ven, el festival de Venecia y el de cine europeo celebrado en Sevilla han reconocido aún su vigencia, con el premio Osella de oro al mejor guión y el premio Signis en el primero y el Giraldillo de oro en el segundo.

A veces pienso que no nos merecemos a todos los Loach que se toman la molestia, y sí nos merecemos a esos reseñitas de duplex en la Gran Manzana.

Perdonen ustedes mi escaso talento, pues no tiene amo ni buen talante.

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2 comentarios

  1. 6 de abril de 2008 at 3:49 — Responder

    Vi esta pelicula la semana pasada, muy interesante! Definitivamente para debatir luego… lo que hizo fue bueno o malo? Y porque??? La sociedad corrompe al hombre, o el hombre a la sociedad??

  2. […] Association y British Video Association. Y otros autores destacados que participan son el gran Ken Loach, Jim Sheridan, Peter Morgan, Stephen Daldry, y el veterano y descontinuado Alan Parker, entre un […]

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