WaZ (2007)

WAZ Dir. Tom Shankland | 113 min. | Reino Unido / EEUU

Intérpretes: Stellan Skarsgård (Eddie Argo), Melissa George (Helen Westcott), Ashley Walters (Daniel Leone), Tom Hardy (Pierre Jackson), Paul Kaye (Gelb), John Sharian (Jack Corelli), Selma Blair (Jean Lerner), Barbara Adair (Alice Jackson), Peter Ballance ( Trucker), Sally Hawkins (Elly Carpenter), Lauren Hood (Sharon Williams)

Estreno en España: 29 de febrero de 2008

Esta ópera prima del cineasta británico Tom Shankland impresiona por la inteligencia con la que está concebida y rematada, y más si tenemos en cuenta que es su primer largo. En este caso, la cinta de Shakland imprime una aureola más personal entre el propio psicópata y sus buscadores-cazadores, consecuencia de una grave y violenta circunstancia. Dos son los temas principales que dan pie al análisis después de ver esta película. El amor y hasta cuanto queremos, sería uno. El otro tema el de la tortura. Asunto éste último más que controvertido por su uso político y policial.

WAZ

Amor entre el horror

Toda película que albergue en su interior al menos una idea sugestiva, un trasluz de ingenio o un momento perfecto es merecedora de atención. El cine de terror, con o sin brochazos gore, es un género que está renaciendo de las cenizas de su propia saturación, y está provocando el interés de espectadores, como es mi caso, que lo miraban de refilón. Ahí están éxitos recientes como 1408, Halloween, Saw, o los fenómenos españoles El orfanato o REC que captan un mayor espectro de interesados. También están las que recurren al socorrido asesino en serie, a poder ser con un amplio abanico de veleidades macabras, moviéndose en los podridos callejones de los suburbios urbanos, -de los que algo sabemos gracias a los seriales televisivos-. Si a eso añadimos la ilimitada violencia de las bandas callejeras, el género deviene un mix entre thriller policial, psychothriller, gore noir, o terror urbano, donde no hay más monstruo que el ser humano.

Reconozco que me he acercado al cine sin esperar milagros de San Celuloide con respecto a la película de la que voy a hablar, WaZ. Deseosa de dirigir mi mirada hambrienta a otros metrajes, autores, ideas, tramas, con, al menos, ciertas táctica cinematográficas innovadoras. Pues bien, WaZ me ha sorprendido positivamente. Esta ópera prima del cineasta británico Tom Shankland impresiona por la inteligencia con la que está concebida y rematada. Libre de secuencias farragosas, no podemos, sin embargo, evitar cuestionarnos algún que otro cabo suelto que, por otro lado, no contamina el conjunto.

Shankland no es un cineasta con una gran carrera a sus espaldas, no tiene placa de oro en la puerta de su camerino. A lo sumo acumula dos nominaciones a los BAFTA por dos cortometrajes y un par de premios de festivales británicos. Tampoco sus actores son unas stars con caprichos, aunque sí estupendos secundarios que hemos visto pulular por varias películas y series televisivas.

waz1En las confluencias con el estilo de la estupenda Seven -sin llegar a la redondez ni solidez visual de Fincher– y compartiendo pesadilla en común con la prometedora The Midnight Meat Train de Ryuhei Kitamura, a WaZ no le falta personalidad propia, inteligencia de estilo, ni inspiración temática. Para empezar la idea del guión surge del mundo de la ciencia, la genética para ser exactos.

Con un enfoque antropológico, su idea terrorífica nace a partir de la ecuación algebraica del científico George R. Price, W-Delta-Z (el WaZ del título) con la que intentaba demostrar que no existe el altruismo en los seres vivos, que no somos más que una masa de genes heredados, sin mayor responsabilidad. Genes que no nos condicionan, por naturaleza, a proteger a nuestro mismo grupo ante el ataque externo. Hemos visto desfilar por la gran pantalla todo tipo de psicópatas jugando a ser científicos locos. WaZ se mueve por los mismos raíles. En este caso, la cinta de Shakland imprime una aureola más personal entre el propio psicópata y sus buscadores-cazadores, consecuencia de una grave y violenta circunstancia.

Dos son los temas principales que dan pie al análisis después de ver esta película. Lo que ya es mucho, teniendo en cuenta que la mayoría no pasa del momento de atención prestado en la sala, y a veces ni eso. El amor y hasta cuánto queremos, sería uno. El otro tema, el de la tortura, asunto éste último más que controvertido por su uso político y policial.

Con una fotografía oscura, que le da una atmósfera gris tétrica, y unos primeros planos sobre miradas que han visto demasiada mugre, comienza el despegue de una película policíaca al uso que patina en los terroríficos suburbios neoyorquinos de violentas bandas callejeras, confidentes y policías que no hacen ascos a las drogas. Dos policías, el duro y recio Eddie (el sueco Stellan Skarsgard, ex actor fetiche de Lars von Trier) y la eficaz y valiente Helen (Melissa George) son los encargados de resolver una serie de asesinatos macabros llevados a cabo a los miembros de una de esas bandas. Desorientados en un principio por los métodos empleados, las investigaciones conducen irremediablemente a un hecho del pasado que tiene implicaciones personales en uno de los agentes. Con estimulante originalidad Shakland nos conduce desde la mera investigación de un caso excesivamente violento al miedo y la monstruosidad que puede albergar el ser humano. Sin perder en ningún momento el ritmo, y con una inquieta fotografía resultado de cámara al hombro, no hay sobresaltos del espectador, pero sí encogimientos de estómago.

Piensen por un momento que cantidad de dolor físico serían capaces de soportar para evitar la muerte de un ser querido. ¿Es el hombre por naturaleza altruista con su grupo? Definir el comportamiento humano con una fórmula tiene, sinceramente, un cariz muy abstracto. De hecho el genetista Price acabó como una regadera, perdido entre páginas evangélicas y el desprendimiento de toda posesión material.

WAZ

WaZ fue una apetecible competidora en el pasado Festival de Sitges 2007. Con un final inesperado, la trama evita que el espectador adivine el final, al poco del comienzo del metraje, y dé al traste con la conclusión. Es más, el espectador permanece en la oscuridad hasta el mismo final, lo que no es moco de pago para una cinta considerada menor. El director británico ha evitado la exhibición gratuita de vísceras, que personalmente me producen risa, manteniendo el clímax en una lúgubre lucha sicológica que proporciona a la cinta una identidad propia.

Admitamos que hay algún que otro bajón, especialmente en el desarrollo de la investigación y el poco aprovechamiento actoral del resto de compañeros policías. Así como en el uso de la música, (obra de David Julyen), demasiado recosida con efectos terroríficos, incluso a pleno día.

Alejada del pastiche de las habituales serial killers, y realizada con sobriedad, WaZ es un estimulante plato cinéfilo. Un film noir elegante.

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