Dioses

Comienzan a aparecer más críticas del segundo largo de Josué Méndez. José Tsang le baja el pulgar en el Caretas de hoy. Además, encontramos dos reseñas enviadas desde Locarno, luego de la presentación del filme peruano en el festival de esa ciudad. Pueden leer una crítica positiva, en The Hollywood Reporter, y una negativa en Filmblog.ch (en alemán, traducido al inglés).

Reproducimos a continuación la crítica completa de Tsang:

Los Dioses Bajaron del Cerro
No bastó la asesoría de Frears: Dioses del peruano Josué Méndez está lejos de Días de Santiago”

Observar y comprender: un privilegio del cine. En películas como la mexicana Luz Silenciosa o la argentina Los Muertos, los personajes se ocupan de quehaceres cotidianos de su hábitat (bañarse en una laguna, caminar por la selva y cortar ramas) que parecen no decir mucho. Viéndolas, un espectador acostumbrado a Ben Stiller diría que “no pasa nada”. Quizá ahí radica la magia: en esos filmes los dispositivos cinematográficos son sutiles, hay una narración poco evidente pero se detecta una manera de contar que no se apoya en la trampa de que la realidad y sus metáforas hablen por sí solas. Son películas de una sugerencia y ambigüedad inquietantes, como a veces es la vida.

En la película peruana Dioses, el regreso del cineasta Josué Méndez, quien inyectó vigor y furia a la elogiosa Días de Santiago, también se observa. Méndez cambia de estilo y a decir de él, “he buscado un tratamiento más contemplativo, tratando que el espectador se sienta como una suerte de observador objetivo de la ficción”. El filme se ambienta en la clase alta limeña y tiene 4 protagonistas: Diego (Sergio Gjurinovic) está enamorado de su hermana Andrea (Anahí de Cardenas), una ‘juerguera’, y el padre de ambos, Agustín (Edgar Saba), tiene una nueva novia (Maricielo Effio), 20 años menor que él y que pertenece a otro estrato social. La música electrónica menos interesante retumba, hay mucha juventud descerebrada y empleadas que hablan en quechua. Lo que no hay es un manejo cinematográfico que le dé otras connotaciones a ese minitour por alguna playa del sur.

Se valora el riesgo, la búsqueda expresiva y la intención de no repetirse. Pero se sabe que los riesgos implican fracasos. Si películas que observan como Los Muertos o Luz Silenciosa (siendo éstas distintas a Dioses) provocan ambigüedad, sobrecogimiento o reflexión, aquí Méndez se tropieza con la arena, por pararse en un terreno que no domina: las caracterizaciones de los personajes, pese al buen desempeño de los actores, son burdas, simplonas hasta la caricatura. El guión es de una falta de imaginación llamativa para alguien que ha ganado tantos premios: Méndez se limita a generar interés con mezclar clases sociales, con juntar ‘pitucos’ y ‘cholos’, o con diálogos que parecen salidos de un programa cómico sabatino de los 80’s (Agustín le dice a su hijo: “Ya pues, cambia esa cara de huevón”). No se profundiza en el tema del incesto, reducido a torpes toqueteos adolescentes. Y se aprecian largos movimientos de cámara que emulan algún tipo de revelación o epifanía, pero basta con subir al cerro San Cristóbal para ver lo mismo. Estos Dioses bajaron del cielo y prefirieron el aburrido llano de la literalidad.