tropic-thunder-posterDir. Ben Stiller | 107 min. | EE.UU – Alemania

Intérpretes: Ben Stiller (Tugg Speedman), Robert Downey Jr. (Kirk Lazarus),
Jack Black (Jeff Portnoy), Jay Baruchel (Kevin Sandusky), Brandon T. Jackson (Alpa Chino), Eric Winzenried (Chopper Pilot), Steve Coogan (Damien Cockburn)

Estreno en España: 26 de setiembre de 2008

Comparto la opinión de algunos críticos cinematográficos acerca de que Ben Stiller, actor, director, productor, guionista todo en el mismo paquete, es un tipo realmente interesante. Es un tanque cómico que mamó este mundillo del que (bien) vive, de sus progenitores y creció entre super 8, platós, plaquetas de corten y megáfonos. Nos dejó, después de haber despegado como actor y haber sufrido algún que otro fracaso como realizador, con ojos como platos y cara de poker con Zoolander (2001), zaherimiento de la moda, los modelos y los sexies en Nueva York, Londres o París, convirtiéndose en el rey de la parodia, el desquite y el sarcasmo. Se despachó a gusto. Y ahora, también.

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Genialidad Stilleriana

Comparto la opinión de algunos críticos cinematográficos acerca de que Ben Stiller, actor, director, productor, guionista todo en el mismo paquete, es un tipo realmente interesante. Es un tanque cómico que mamó este mundillo del que (bien) vive, de sus progenitores y creció entre super 8, platós, plaquetas de corten y megáfonos. Nos dejó, después de haber despegado como actor y haber sufrido algún que otro fracaso como realizador, con ojos como platos y cara de poker con Zoolander (2001), zaherimiento de la moda, los modelos y los sexies en Nueva York, Londres o París, convirtiéndose en el rey de la parodia, el desquite y el sarcasmo. Se despachó a gusto. Y ahora, también.

Llega rodeado de amigos, porque más que actores bajo contrato para su película, su guión, su idea, parecen su panda de colegas de toda la vida, más que amigos, hermanos que le adoran y se han apuntado a una juerga descomunal, despampanante, un despiporre sin el mínimo asomo de embarazo o turbación. Llegan colgados de los helicópteros, las lianas de la selva vietnamita, camboyana o laosiana (aunque rodada en Hawai), entre truenos de falsas explosiones, y subfusiles de pega. Llegan riéndose de sí mismos, ridiculizando sus éxitos y sus fracasos, sobre todo éstos últimos, y flagelan a lo sadomaso la fauna salvaje que se mueve alrededor de los lobbies supermegamillonarios del planeta Hollywood. Llegan colgados de Tropic Thunder.

tropic_thunder-02Alpa Chino, Jeff Pornoy, Tugg Speedman, Kirk Lazarus, Tayback, Damien Cockburn, Rick Peck, así como los leen, nombres de recochineo, actores mega-elevados al cubo de la estupidez humana, fotocopias de los famosos y famosillos de cualquier país. La cosa del reír arranca por los nombres, unidos a unos trailers descojonantes como ficha presentación de los actores que van a protagonizar la película de guerra más cara de la historia, patrocinada, subvencionada por un productor de lo más porcino, un Tom Cruise increíble y cojonudo. Actores para los que un novato y felpudo director va a idear una estratagema que revivirá un proyecto que se esta estancando, les dejará solos en pleno trópico asiático frente a los peligros (reales) que se les presenten, filmados por cámaras ocultas entre el follaje. Pero la historia es lo de menos, lo que importa es que estamos ante el making off más desaforado.

Muchos son los nombres que rodean a Stiller en esta locura de risa y petardeo infinito, recochineo, absurdo e inteligente freakismo, salvajada y vacile, sorna y autoparodia, fiesta estrambótica y choteo contra todos y todas, más todos que todas, pues la mujer poco asoma por esta rechifla. Y es que no sale bien parado ni el tierno oso panda.

Puestos a hacer comicidad a lo bestia, ¿por qué no reírse de la fama prefabricada del cinema paradise, las reglas de los poderosos inversores-productores, el lujo arquetípico y la tecnología de la que se alimentan las bestias que rodean esta fanfarria que nos entretiene y nos evade desde la invención de los Lumière? Tropic Thunder está llena de gags bestiales, ironía nada sutil, petardeo excesivo, es un baile del absurdo, a ratos pierde flema, y nos da bajón, pero su impostura, su perversidad permanece estable todo el metraje, sin dar respiro al espectador. Ben Stiller, Jack Black, Robert Downey Jr, Tom Cruise, Nick Nolte, Tobey Maguire, Steve Coogan, Jon Voight, Brandon T. Jackson, o Matthew McConaughey, una pizca desvaído, que sustituyó al simpático Owen Wilson, han sido invitados a esta fiesta, aportando su carisma al divertimento incorrecto y por ello sublime. Se mueven deprisa, speedicos, sin pausas para que el espectador recapitule. No le da tiempo. Es la apología-sarcasmo a Rambos, Apocalipsis now, Platoon, chaquetas metálicas o Salvamentos del soldado Ryan, y todas las que se les ocurra, lector. El aroma de perversidad se extiende al método, al entramado, la tela de araña del negocio, al black face vodevilesco de antaño, faltón y discriminatorio, los directores marionetas, los técnicos enganchados con su propia adrenalina, los productores desequilibradamente avariciosos, sus felpudos ayudantes, a los cambios físicos a que se someten actores para el personaje popular, la homosexualidad enmascarada entre bodrios de chochitos y culitos bailongos (atención al trailer de Alpa Chino), o a los que apuntan al Oscar con personajes tarados. Contra todo, él mismo en primera fila, arremete Stiller en este pastiche disfrutable y festivo.

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Y no podía faltar una banda sonora vibrante, que le da el toque ambiental de época, Rolling Stones, Crystal Method, Edwin Starr, o Buffalo Springfield.

Pero no solo en la realización de Tropic Thunder, ha demostrado Ben Stiller audacia, también en su campaña de marketing, ideada con tal perfidia por el trío principal, Stiller, Black y Downey Jr. (cada vez más actor), que han superado lo insuperable, los resultados de taquilla del Batman más ambiguo. Ben Stiller se lo merece, todo sea dicho. Puestos a meterse en el barro, el actor hijo de cómicos lo ha hecho con cierto aroma de perversidad. Políticamente incorrecto dirán los medios conservadores, claro.

Yeah, yeah, yeah.
Y no pierdan los créditos finales con un Tom Cruise de chirigota.