mark-andrew-twitchellNo se le ocurrió a Michael Haneke. Ni a David Cronenberg, ni a Quentin Tarantino, ni al difunto Stanley Kubrick. Narrar semejante historia, digo, no cometer el hecho… Es el caso más siniestro de la figura “el cine en el cine”. En la ciudad de Edmonton, al sur de Canadá, el cineasta Mark Twitchell, de 29 años, ha sido acusado de urdir un asesinato, es decir, de actuar con premeditación, alevosía y ventaja, para tener a su disposición una muerte verdadera, en busca de realismo extremo para una película que está realizando, y filmarla. Por supuesto, el tipo está detenido.

La víctima es Johnny Brian Altinger, un hombre de 38 años que, el pasado 10 de octubre, acudió a un garaje en busca de una cita, literalmente a ciegas, con una supuesta mujer que lo contactó por Internet, y encontró a un loco cubierto con una máscara, cual Norman Bates, que empezó a golpearlo insistentemente hasta quitarle la vida, mientras lo grababa todo. De acuerdo a las investigaciones preliminares, era Twitchell, fan del horror y la ciencia ficción que tenía la sórdida fijación de explorar el realismo extremo. En realidad, por un lado el crimen parece imitar los truculentos thrillers de adolescentes, y por otro materializa las famosas snuff movies, películas de exacerbada violencia real que supuestamente llegan a registrar muertes, una suerte de mito urbano que, hasta donde se sabe, nunca se ha comprobado (fue el tema de Tesis, la opera prima de Alejandro Amenábar), hasta ahora. Pero además, según la policía, Twitchell decapitó y cortó en trozos al infortunado, se apropió de sus documentos y vació sus cuentas bancarias.

El único dato de este sujeto en IMDB es Star Wars: Secrets of the Rebellion, una recreación de la saga de George Lucas que luce del más bajo nivel -Princesa Leia, Darth Vader y Chewbacca incluidos-, cuya postproducción acaba de concluir, y en la que, además de dirigir y producir, actúa en un rol secundario de rebelde. Un freak total, a quien se le puede ver en algunos pasajes del rodaje de ese filme. La policía aún no ha encontrado el cuerpo de Altinger ni la insólita grabación, pero sí el guión y otros elementos que no parecen dejar dudas del crimen, e incluso hace recordar a los investigadores un episodio similar en el que otro hombre sí se salvó.

(Vía La Tercera, National Post)