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Por mi parte, arranqué este nuevo Bafici viendo Blind Pig Who Wants to Fly, una de las pocas películas que me sonaban de la selección, a diferencia del año pasado que el 70% de mis directores predilectos mostraban sus últimas películas. El hecho de que la película provenga de Indonesia ya me seducía debido a mi debilidad sudasiática, añadiéndole el hecho que se trata de un ex talento del exclusivo campus de la Berlinale, y además ganó el FIPRESCI en el pasado Rotterdam.

El extraño estilo que aprecié hace algunos meses en los cortometrajes de Edwin (así de minimalista se hace llamar), se hizo presente en su ópera prima que está en la selección de Competencia Internacional. Esta película brinda una versión personal de la problemática migración china hacia Indonesia, en una historia de amistad entre una chica que come cohetillos y un chino que quiere ser japonés. Edwin hace uso de una narrativa pomposa de tiempos y personajes entretejidos: un dentista indeciso que escucha y canta hasta el verdadero hartazgo I Just Called to Say I Love You de Stevie Wonder, una pareja gay que quiere intentar invertir papeles, un abuelo que se cambió el nombre tres veces, un niño chino que mira hacia abajo cuando camina, una jugadora retirada de badminton que hace empanadas todo el día, y un cerdo amarrado a un palo.

Sin duda, es una película excéntrica y peculiar, pero tal vez sea su mayor fortaleza si le añadimos que es de Indonesia, un país calificado como exótico para el menú cinéfilo por su escasa producción reconocida. Fue una buena idea que se perdió en la exagerada búsqueda de abstracción e irreverencia. De todas formas vale para estar atento a lo nuevo que produzca Edwin, una vez que sepa combinar esa excentricidad y frescura con el ritmo y la intensidad emocional que sí domina su vecino malayo Tsai Ming-Liang.