Che: Guerrilla (2008)

Che Guerrilla posterDir. Steven Soderbergh | 131 min. | Francia – España – EEUU

Intérpretes: Benicio Del Toro (Ernesto ‘Che’ Guevara), Franka Potente (Tania), Joaquim de Almeida (President René Barrientos), Demián Bichir (Fidel Castro), Rodrigo Santoro (Raul Castro), Norman Santiago (Tuma), Catalina Sandino Moreno (Aleida Guevara), Othello Rensoli (Pombo)

Estreno en España: 27 de febrero de 2009

Esta es la segunda parte del díptico dedicado por el director Steven Soderbergh a la figura del famoso guerrillero argentino cubano Ernesto Che Guevara. Esta cinta es distinta a la anterior –Che: El Argentino–, aunque comparte más elementos de los que se cree con su predecesora; ya que ambas fueron, inicialmente, un solo filme de casi cinco horas de duración, que fue partido en dos por el realizador, a fin de poder adecuarlo a las exigencias de la distribución comercial. De otro lado, en esta película no hay tantas alusiones políticas como en la primera, las que –además– son dichas directamente por el Che en los diálogos (y no en off, como en el otro caso). En tal sentido, no hay un enjuiciamiento global de la estrategia seguida en Bolivia, ya que el fracaso se explica básicamente por violación de códigos de seguridad u errores logísticos, antes que políticos; a este nivel, el Che ensaya más bien una justificación en términos morales, como es característico en su pensamiento.

Guerrilla 01

Esta es la segunda parte del díptico dedicado por el director Steven Soderbergh a la figura del famoso guerrillero argentino cubano Ernesto Che Guevara. Esta cinta es distinta a la anterior –Che: El Argentino–, aunque comparte más elementos de los que se cree con su predecesora; ya que ambas fueron, inicialmente, un solo filme de casi cinco horas de duración, que fue partido en dos por el realizador, a fin de poder adecuarlo a las exigencias de la distribución comercial.

Tienen en común que son actualidades reconstruidas, realizadas con el mismo tratamiento objetivo y distanciado del personaje y de los hechos narrados, la mostración de situaciones de vida cotidiana, y una cierta similitud estructural bipartita; que en la primera película divide los episodios antes y después de las acciones de Santa Clara, mientras que en la segunda lo hace antes y después del cerco impuesto por el presidente boliviano René Barrientos a las huestes del Che. Teniendo las segundas partes mayor énfasis en acciones de lucha, aunque con previsibles y contrapuestos resultados. Además, también son relativamente comparables las locaciones: en ambas cintas hay un mayor peso de la acción en exteriores rurales con respecto a las secuencias que se desarrollan en ámbitos urbanos (La Paz, en Bolivia y la citada ciudad cubana, aparte de NY). Quizás estos elementos expliquen la afirmación de Soderbergh según la cual Che: Guerrilla es como “un espejo” de la primera parte del díptico.

Guerrilla 02

En cuanto a las diferencias, estas son principalmente estructurales. A diferencia del primer filme, que tiene dos líneas paralelas y ocasionales cambios temporales, en esta película sólo hay una línea narrativa. Dado que esta segunda cinta narra la aventura guerrillera del che en Bolivia –es decir, es la crónica de una muerte anunciada–, la acción se desarrolla cronológica y linealmente; basándose en los diarios que escribió el revolucionario sobre esa campaña. Sólo al final hay un breve retorno al Gramma para un enigmático cruce de miradas entre nuestro protagonista y Fidel. De otro lado, en la segunda parte del filme se produce una creciente intensificación de la sensación de acoso al grupo guerrillero; es decir, que mientras en El Argentino la intensificación va por el lado de la acción externa, en Guerrilla se hace más bien una exploración –siempre distanciada– de las reacciones ante el asedio, hasta la captura del Che. De allí que haya un mayor uso de la cámara en mano y la cámara subjetiva en esta cinta, en comparación con la primera.

Otra diferencia importante tiene que ver con la mayor presencia del enemigo. En la primera parte del díptico, Batista aparece sólo en imágenes de documentales de época y, en Santa Clara, los jefes militares de la ciudad aparecen muy puntualmente; en cambio, en el filme que comentamos, hay una mayor presencia (aunque no excesiva ni tan profunda) del presidente Barrientos, como personaje, así como de los oficiales a cargo de la persecución al Che. Asimismo, hay secuencias donde se aprecia a los asesores militares norteamericanos en reuniones con el gobernante boliviano, e incluso de un oficial cubano-americano en acciones.

De otro lado, en esta película no hay tantas alusiones políticas como en la primera, las que –además– son dichas directamente por el Che en los diálogos (y no en off, como en el otro caso). En tal sentido, no hay un enjuiciamiento global de la estrategia seguida en Bolivia, ya que el fracaso se explica básicamente por violación de códigos de seguridad u errores logísticos, antes que políticos; a este nivel, el Che ensaya más bien una justificación en términos morales, como es característico en su pensamiento.

Guerrilla 03

La película no desarrolla las razones de la firme oposición política del Partido Comunista Boliviano (más dura aún que la de su par cubano en la primera cinta) a la estrategia guerrillera. Y tampoco lo hace (aunque sí lo sugiere) con respecto a la discrepancia entre el Che y Fidel. Este es quizás el único punto ambiguo en todo el díptico (y que, dicho sea de paso, paradójicamente conecta ambas cintas). Si bien –en El Argentino– Fidel considera que el Che está “un poco loco” por tener, desde la reunión inicial en México, la intención de expandir la proyectada revolución cubana hacia el resto de Latinoamérica; posteriormente, en Guerrilla, vemos al líder cubano autorizar el envío de recursos para apoyarlo en Bolivia (pero lo hace luego de perorar sobre la preparación del mojito, un trago cubano, en un cóctel diplomático en La Habana). Hay, pues, cierta ambigüedad aquí: ¿era una divergencia de principios entre ambos o era un asunto “táctico”, de ausencia de “condiciones” para la revolución”? Pero, además, ¿mientras el Che sufría las de Caín en Bolivia, Fidel aplacaba su mala conciencia disfrutando los placeres poder en Cuba? Quizás a causa de estos vacíos e insinuación es que Benicio del Toro haya declarado, ante un eventual viaje suyo a Cuba, que “tengo dos posibilidades: o Fidel Castro me envía una caja de puros o me echa del aeropuerto de La Habana para no volver jamás”.

Luego de haber visto ambos filmes, tengo la impresión de que la versión original (con más de cuatro horas y media de duración) era una obra homogénea, estilísticamente uniforme –pese a las diferencias entre una parte y otra– y con una estructura general del tipo “auge y caída”. Aún en su forma de díptico, Steven Soderbergh ha corrido un gran riesgo con esta notable pieza cinematográfica, cuyos presupuestos estéticos y políticos no son del agrado de la Academia de Hollywood, que la ha ignorado olímpicamente. Y que tampoco encaja del todo con el enfoque del propio cine cubano, donde abunda la autocrítica a diversos aspectos de la revolución y ejemplos de tratamientos épicos, trágicos e incluso comedias sobre la revolución en ese país comunista. De hecho, hay datos que no serán del agrado oficial como el del apoyo logístico del régimen cubano al Che (la “exportación del la revolución”), lo que hoy niega el régimen en todos los tonos; aunque se muestre, igualmente, la intervención estadounidense en ambos casos. Asimismo, tampoco encaja en el enfoque oficial la afirmación del ilustre guerrillero –en la primera parte del díptico– según la cual el desembarco del Gramma fue una locura total.

En suma, esta propuesta objetiva y equilibrada, que omite profundizar en aspectos controversiales o especular en asuntos todavía desconocidos, es una rara avis en materia del filmes políticos. No obstante lo anterior, estas cintas ofrecen una visión coherente del personaje, aferrándose en lo posible a sus propios escritos y dejándonos la imagen de un líder consecuente con sus ideas a lo largo de su relativamente corta aunque rica vida política.

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